Vivir sin temor: Día 15

Fe por encima del temor

por el Rev. Gaylon McDowell

La vida es un misterio. La vida está siempre cambiando y, no importa cuánto la gente trate de que las cosas permanezcan iguales, el cambio ocurre. Para algunas personas, la imprevisibilidad de la vida es problemática. El ego humano, funcionando partiendo del temor a lo desconocido, trata de controlar las situaciones, las personas, la política, la religión y todo lo que puede dominar para mantener el dominio y sentirse seguro. Algunas personas buscan seguridad en medio de la constante evolución. El reto es que, no importa cuánto tratemos de preservar nuestro modo de vida, éste cambiará.

La conciencia humana teme aquello que no puede controlar. Todo lo que es distinto a la norma suscita temor porque reta la preservación del status quo. El miedo, entonces, comienza a dictar lo que hacemos. Mas no podemos permitir que pensamientos basados en el temor, la incertidumbre y la ignorancia rijan nuestras decisiones. Hemos de trascender el punto de vista humano del ego y conectarnos con un nivel de conciencia mayor, para ver la bondad de Dios más allá de los hechos y percepciones limitadas.

Charles Fillmore escribió que la fe es “el poder perceptor de la mente vinculado con el poder para dar forma a la sustancia”. La fe es nuestra habilidad de ver las posibilidades de la vida. La fe percibe ideas donde el temor percibe desconfianza. La fe ve oportunidades donde el temor ve obstáculos. La fe ve potencial donde el temor ve problemas. La fe ve abundancia donde el temor ve carencia y limitación. La fe permite que trabajemos con la sustancia omnipresente de Dios (posibilidades infinitas) para que demos forma al bien que podemos comprender y utilizar en nuestras vidas.

Si queremos estar al mando de nuestra vida, tenemos que practicar nuestra fe. Debemos decir sí a nuestro bien viéndolo espiritualmente, manteniéndolo en nuestra mente y trayéndolo a manifestación.

La fe nos permite ser pensadores independientes. Cuando tenemos fe en Dios en nosotros, nuestra manera de pensar no es determinada por paradigmas limitados, sino por un contexto de amor, completitud y prosperidad.

Jesús enseñó que la fe obra junto con la palabra hablada. En el evangelio de Marcos 11:22-24, Jesús nos mostró cómo utilizar el poder de la fe. Él nos enseñó a hablar palabras de fe a las “montañas” en nuestras vidas. Primero, hemos de poner nuestras mentes en el Espíritu que trasciende la apariencia viendo el bien de Dios con fe, luego debemos hablarles a nuestros aparentes problemas y decirles que se disuelvan en la nada. ¡Confía en Dios y vive en tu poder!