por Dorothy Bridges
<< Regresa a la
página principal Unity.
Durante mi último año de estudios universitarios,
tomé un curso sobre filosofía y religión
que abrió mi mente y corazón a todas las
religiones. Por primera vez en mi vida, comprendí que
mi Dios era el Dios de todas las personas y que hay una
conexión espiritual con toda vida.
Mi
fortaleza
y comprensión
pasaron
por una prueba
en momentos
de una gran
crisis.
Mi esposo
Lloyd y yo
perdimos
un hijo que
murió de
repente
en la cuna.
Era un
niñito
perfectamente
saludable
sin señal
de enfermedad.
Abrumados
por el dolor,
tratamos
de encontrar
algo que
pudiera
darle sentido
a lo que
había
sucedido,
pero no
encontramos
nada.
Tratando de ayudarnos, muchos amigos nos dieron libros
para leer. Nada me conmovió verdaderamente hasta
que leí lo que escribió el rabí Mordecai
Kaplan sobre el sufrimiento. Su definición de
Dios, como lo único que nos une a todos, me dio
el consuelo que tanto necesitaba. Esto me llevó de
nuevo al camino de la espiritualidad.
La revista Daily Word (la versión original en
inglés de donde se traduce La Palabra Diaria),
por supuesto, siempre parece tener algo exactamente apropiado
que decir cuando más lo necesitamos. Durante años,
esa pequeña revista ha sido una guía, a
veces una cuerda salvavidas, y siempre una inspiración
para Lloyd, para mí y para nuestros hijos.
Los primeros años
Los primeros años no fueron fáciles. Lloyd
era un actor a menudo desempleado, con unos ingresos
inseguros y escasos. Todas las mañanas leíamos
Daily Word. Para nuestra sorpresa, con frecuencia los
mensajes parecían ser escritos especialmente para
nosotros, y en momentos de angustia nos aliviaban.
Con el tiempo, la carrera de Lloyd prosperó y
comenzamos a levantar una familia. Como muchos actores,
Lloyd tenía que estar lejos del hogar filmando
en lugares distantes, y yo necesitaba toda la fortaleza
que pudiera acumular para enfrentar mi soledad, asumir
sola la responsabilidad de los hijos y mantener vivo
el fuego del hogar. Daily Word siempre venía a
rescatarme. Leía algunas páginas una y
otra vez.
Durante muchos años, la familia Bridges comenzaba
su rutina diaria tomando juntos el desayuno.
Sin importar lo agitado o apresurado de las circunstancias,
Lloyd o yo leíamos Daily Word en voz alta. ¿Escuchaban
nuestros tres hijos?
La mayor parte del tiempo, no lo creo. Beau terminaba
su tarea escolar, Jeff trataba de comer y leer los muñequitos
a la vez, y Lucinda daba de comer al perro por debajo
de la mesa. Sin embargo, de alguna manera el mensaje
llegó a ellos. Nos dimos cuenta de eso mucho después
de que crecieron y dejaron el hogar.
Mantener esa conexión espiritual
Beau
se alistó en la Reserva de Guardacostas
y salió para el campamento, un lugar de estricta
disciplina. Durante las primeras semanas no se nos permitió ningún
contacto con él, a menos que fuera una emergencia.
Finalmente pudo llamarnos y pareció deprimido. “¿Qué podemos
mandarte?”, le pregunté. “Te haré tus
galletas favoritas y Papá tiene algunas revistas
para ti.”
“Sólo hay una cosa que necesito o deseo”,
dijo Beau seriamente. “Mándenme Daily Word
tan pronto como puedan, porque no creo que podré llegar
al final de esta experiencia sin ella”.
Le obsequiamos a Jeff una subscripción tan pronto
se fue por su cuenta. Todavía ahora, años
más tarde, nos llama y dice: “¿Leyeron
Daily Word hoy? ¿No? Hay un gran pensamiento,
déjenme leérselo”.
Nuestra hija Lucinda también tiene su propia
subscripción y refleja la sabiduría que
adquiere de ella. Esto se ve en su hogar, donde es una
amorosa esposa y madre, en su comunicación con
nosotros y sus hermanos y en su valiosa amistad con otras
personas.
Aun cuando eran muy jóvenes, nuestros hijos comentaban
o hacían preguntas sobre lo que habían
escuchado al leerles Daily Word. Algunas eran difíciles
de contestar, pero de vez en cuando sí podíamos
hacerlo.
“Exactamente, ¿quién es Dios?”,
preguntó uno de los mayores. “¿Y
cómo sabes que Dios existe realmente?”
“Si
la palabra ‘Dios’ te
molesta
tanto”,
le repliqué, “piensa
en otra
como ‘Bueno’”.
Eso
le
satisfizo.
La importancia del amor
Como nuestra
familia es grande y unida, amigos y hasta extraños nos preguntan qué hicimos para
que resultara de esa manera. Por supuesto, lo primero
que señalamos es la importancia del amor, y luego
admitimos que también hace falta suerte, porque
no queremos presumir. Sinceramente, nos consideramos
personas muy dichosas.
Sabemos por experiencia que una base espiritual o religiosa
es esencial para un buen matrimonio y para establecer
un ambiente saludable para los hijos.
Con la hermosa adición de once nietos, nuestra
familia llena completamente la sala cada vez que nos
reunimos, lo que hacemos tan a menudo como sea posible.
Antes de las comidas se dice una bendición y,
si es una ocasión especial o una festividad, algunos
de los nietos leen en alta voz Daily Word. La revista
va de mano en mano, cada niño lee un párrafo
y después se lee la cita bíblica.
Al igual que nuestros hijos lo hicieron, a Lloyd y a mí nos
agrada pensar que los nietos también escuchan. |