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“Los mejores momentos de la vida son esos despertares deliciosos de los poderes más elevados, y la retirada reverente de la naturaleza ante su Dios.” —Ralph Waldo Emerson.

ApRende mÁs acerca de los retiros de Unity

Una placa de valor
por Barbara C. Raven

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Antes de operarme en julio del 2001, un sonograma rutinario reveló que yo padecía de algo muy serio. Unos exámenes adicionales confirmaron que yo tenía linfoma folicular,  cáncer del sistema linfático.

Comencé a recibir quimioterapia. Para el otoño de ese año, el dolor que sentía era terrible. La quimioterapia había causado llagas en mi boca y mi lengua, al punto que mi lengua se despedazaba. No pude comer normalmente por un período de cinco a seis meses.

La lectura de La Palabra Diaria y las enseñanzas de Unity me ayudaron durante ese tiempo y aún continúan ayudándome. De acuerdo con los doctores, este tipo de cáncer es muy tenaz y sólo puede ser controlado con quimioterapia si se diagnostica a tiempo.

Mi trabajo como asistente del reverendo Paul Tenaglia en la Iglesia de Unity en Nueva York también me bendijo en ese momento y me llevó a sentir esperanza la cual obtuve de una fuente poco común durante un retiro de Unity.

En julio del 2002, asistí al retiro usual en nuestro hermoso centro de conferencias Trinity Center en West Cornwall, Connecticut. Ya había pasado por los peores momentos, todavía con el cáncer y recibiendo quimioterapia, pero ya no en una condición tan devastadora. La noche anterior al último día del retiro, los asistentes guardaron silencio. Comenzamos justo antes de la cena y no rompimos el silencio antes de la mañana siguiente, después de haber regresado de lo que llamamos “una caminata en silencio con Dios”. Después del desayuno, terminamos nuestro silencio, y todos los que desearon compartieron sus experiencias.

Durante mi caminata con Dios, vi lo que sólo puedo describir como un árbol milagroso: un gigantesco árbol con una grieta que había sido causada por un rayo durante una tormenta. Casi pude sentir el dolor que este árbol debió haber sufrido, pero al levantar la vista, me sorprendí por lo que vi ¡El tope del árbol estaba cubierto de saludables hojas verdes!

A pesar de las cicatrices aparentes del tronco, éste era un árbol en buen estado que cubría sus heridas con nueva vida y crecimiento. Este árbol era una metáfora viviente de lo que yo estaba viviendo. Al pararme frente al árbol, éste me relató su propia curación y prácticamente me dejó sin aliento. Sintiéndome consolada e inspirada, respiré profundamente y caminé hacia una pared empedrada. De inmediato comencé a escribir palabras en mi libreta que parecían fluir de mi corazón a mi mano y de mi mano a mi pluma.

Cuando compartíamos los mensajes que Dios nos había dado en nuestra caminata, leí “Placa de valor”, el poema que yo había escrito recientemente como respuesta a mi experiencia con el árbol. Luego, David Friedman, un compositor de Broadway, que me había estado ayudando con la música para el retiro, dijo: “Barbara, tu poema me conmovió tanto, que quiero una copia para ponerle música”.

En el primer aniversario del 11 de septiembre, tuvimos un servicio que fue dedicado al valor y la determinación. Brit Hall, el director musical, me dijo: “Creo recordar que el poema que leíste en nuestro retiro está relacionado con el tema de este servicio. ¿Podrías leerlo este domingo?”

“Por supuesto que sí”, fue mi respuesta.

Ese domingo leí mi poema…
(traducción libre al español)

Un árbol se erige, muy alto y orgulloso
luciendo su evidente herida como un
            talismán de vida.
Una herida como grieta en su tronco
llega a sus raíces
pero está rodeada por el poder del tronco
que la cubrió para que el árbol fuera una
            totalidad digna
y así la cicatriz aunada al árbol es:
            una placa de valor.
La placa dice: “No temas, mira cuán lejos
            he llegado, cuán alto he crecido;
mis hojas continúan abriéndose
en el sol matinal y en la niebla
            del crepúsculo.
Nada puede detenerme
puedo vencer toda tragedia, sin importar
            su tamaño;
he caminado por el valle de las sombras
y regresé triunfante a la Fuente de todo.
Querida hermana, puedes hacerlo,
            espera.
Estás haciendo lo mismo, ya que somos
            uno con Dios”.
Después de esta exclamación,
            no hace falta decir nada más.

Luego de leer el poema me senté en la fila del frente. David anunció que le había puesto música a mi poema y comenzó a acompañar a Spiritus, el grupo coral de la iglesia, según ellos cantaban “Placa de valor”. Eso me conmovió mucho y comencé a llorar.

El poema comenzó a popularizarse desde ese momento. David se lo leyó a Patricia Neal, una galardonada actriz, a quien le gustó mucho. Habiéndose recuperado de tres ataques de apoplejía, ella dijo: “Este poema debe estar en todo centro para ataques cerebrales en el mundo” y se ofreció para grabar el poema. Luego David le mostró el poema a alguien que había sobrevivido cáncer, y ésta persona dijo: “El mensaje de este poema debe estar en un libro”. El grupo Spiritus grababa su primer CD en esos días e incluyó “Placa de valor”.

Creo que el mensaje verdadero de mi poema es que sin importar lo que tengamos que enfrentar, el poder y la presencia de Dios en nosotros nos ayudarán a vencerlo. En los momentos más oscuros, podemos sentirnos abandonados, pero nunca lo estamos. Dios siempre está presente, y al mostrarnos receptivos a Dios, experimentamos esa sagrada presencia.

No siempre tuve eso presente durante mi tratamiento, pero lo sentía profundamente. Hubo un momento en que le pregunté a una persona muy espiritual que escribió un libro sobre curación lo siguiente: “¿Cuando sientes dolor, cómo lo vences?” Ella dijo: “En ese momento, oro por otras personas”.

Comencé a aplicar eso en mi vida. Si me despertaba a medianoche porque me dolía la boca, oraba por quienes podrían estar sufriendo en ese momento. Orar por otros aliviaba mi intenso dolor y me hacía recordar que todos llevamos una placa de valor.

Barbara Raven es la directora de atención pastoral y asistente administrativa en la Iglesia Unity de Nueva York. Recibió tres años de entrenamiento en educación pastoral en el prestigioso instituto HealthCare Chaplaincy, Inc. La reverenda Raven ha estudiado la Verdad de Unity por casi 28 años y se ha dedicado a una vida de servicio en su ministerio. Hay más información sobre su libro en www.unitynyc.org.
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“Si sólo escucháramos, la naturaleza nos habla en términos osados acerca del poder, la inmensidad, la creatividad, la majestad y el amor de Dios, y acerca de nuestra relación personal con nuestro Creador.”—Oblates

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