Una vida de oración
por Capitán Mike Harasimowicz
Reimpreso de La Palabra Diaria de junio del 2001
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página principal Curación.
Allyson y yo nos conocimos después de graduarnos en la universidad. ¡Desde ese mismo momento, supe que ella sería mi compañera de por vida!
Nos casamos justo después de que yo entré en la Fuerza Aérea. Seis años después, vivíamos en un apartamento de una sola habitación en Las Vegas con Joshua, nuestro niño, mientras yo estudiaba en Nellis, una base de la Fuerza Aérea en Nevada.
Una vez que terminé mis clases, recibí órdenes de servir en la base Whiteman en Misuri. Allyson y yo estábamos muy entusiasmados de mudarnos a Misuri y de poder tener tiempo para disfrutar de nuestro hijo de ocho meses. En el viaje de Nevada a Misuri, nos enfermamos del estómago, y Joshua vomitaba.
Preocupados por una posible deshidratación, llevamos a Joshua a un doctor una vez que llegamos a Misuri. El doctor descubrió que su hígado estaba algo agrandado. Nos aliviamos al saber que las pruebas de hepatitis resultaron negativas. El doctor quiso examinar a Joshua de nuevo en dos semanas, pero nos alentó a disfrutar de la Navidad que se avecinaba.
Algunos de mis familiares y de los de Allyson aún no habían conocido a Joshua, y pensamos que la Navidad sería una buena oportunidad para que lo conocieran. Tuvimos un magnífico encuentro, pero Joshua aún no se sentía bien. Cuando lo llevamos para el nuevo examen, el doctor se sorprendió al ver que su hígado había aumentado de tamaño. Él nos mandó a un oncólogo en Kansas City, quien nos dijo que Joshua tenía un tumor muy grande en el hígado, un cáncer poco común conocido como hepatoblastoma.
Momentos de oración
Regresamos a nuestro hogar para el fin de semana y pasamos momentos juntos y en oración. Oración tras oración, aumenta mos nuestra fe de que Dios sanaba a Joshua. Llamamos a familiares y amigos para que oraran por Joshua. Dios ha traído a nuestras vidas gente maravillosa, y, en ese momento, la necesitábamos más que nunca. En muy corto tiempo ya existía una cadena de oración para Joshua que se extendía de las Américas a Europa, Asia y más allá. Recibimos mucho aliento por medio de llamadas telefónicas y correo electrónico tanto de conocidos como desconocidos.
Cinco días después de haber sido diagnosticado, Joshua estaba en un hospital de Kansas City recibiendo quimioterapia. Las enfermeras, empleados y familias con niños nos brindaron apoyo cálido y compasivo.
La misma semana del diagnóstico de Joshua, nos enteramos de que Allyson es-taba en estado. Reconocimos que éste era un regalo de esperanza y vida de Dios para nosotros, para que siguiéramos adelante. Estábamos pasando por mucho muy rápidamente pero no nos desanimábamos para no fallarle a Joshua.
Mi hermano inmediatamente se encargó de crear un ambiente de alegría y curación en el cuarto de Joshua en el hospital. Pusimos citas bíblicas en las paredes. Cada vez que Joshua estaba en el hospital decorábamos su cuarto con palabras de alegría y curación. Una de nuestras citas bíblicas preferidas era: “El corazón alegre es una buena medicina” (Pr. 17:22).
No puedo decir que siempre fue fácil, sobre todo cuando sometieron a Joshua a cirugía invasiva, la cual le causó mucha molestia. Aun así, él era un faro de luz, y las enfermeras y todos los que se le acercaban lo amaban.
Después de cuatro sesiones de quimioterapia en Kansas City, los cirujanos tenían que decidir si sacarle el tumor del hígado o ponerlo en la lista de espera para un transplante. Nuestro seguro médico no autorizó el transplante de hígado en el hospital de Kansas City, lo cual nos devastó, ya que no sólo teníamos que batallar con el cáncer sino también con el sistema de seguros para atención médica.
El plan de Dios
El plan de Dios para la curación de Joshua comenzó a revelarse cuando se presentó una alternativa no disponible en Kansas City, eliminando así el obstáculo para un posible transplante. Nuestro seguro médico cubriría el costo de un transplante en la Universidad de Nebraska en Omaha, la cual tiene una gran experiencia en transplantes exitosos, entre ellos transplantes parciales de hígado de donantes vivos. Los doctores en Omaha decidieron administrarle otra dosis de quimioterapia antes de la cirugía y probar mi compatibilidad para donar parte de mi hígado a Joshua. Resulté ser un donante perfecto. El darle parte de mi hígado a Joshua haría que el suyo funcionara completamente y el mío no sufriría.
De todos modos los doctores decidieron que la cirugía para extirpar el tumor sería el siguiente paso. Sin embargo, tres horas después de comenzar el procedimiento ellos encontraron que había células potencialmente cancerosas que se habían regado, y por lo tanto, habría que sacar el hígado.
Un transplante parecía ser la única esperanza de Joshua. Dos días después, Joshua y yo nos encontrábamos en la sala de operación. Ya Dios había obrado en nuestros cuerpos: durante la última fase del examen que me hicieron previo al transplante, los médicos descubrieron que yo tenía una arteria adicional que alimentaba el hígado, la cual ellos podían usar para Joshua.
Aunque Allyson tenía más de siete meses de embarazo, ella esperó y oró por nueve horas mientras Joshua y yo estábamos en cirugía. La operación salió bien y él co-menzó a progresar. No perdió el cabello durante la quimioterapia, pero después del transplante se quedó calvo. Para mostrarle que el tener cabello no era tan importante, me afeité la cabeza.
Cinco días después de que regresamos a casa, Allyson dio a luz a nuestro otro hijo Samuel. No dudamos de que fue nuestra fe la que nos sostuvo a través de esos momentos. Oramos muchísimo, cada día, cada segundo. Obtuvimos fortaleza de Josué 1:9: “No temas ni desmayes, porque Jehová, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas”.
El tener familiares fervorosos a nuestro alrededor y la Fuerza Aérea alrededor del mundo orando por nosotros, nos hizo recordar que la gente en verdad se preocupa por otros. Mucha gente amaba a Joshua y oraba por él, y él ha dejado huella en las vidas de muchos. Joshua continúa siendo una fuente de amor e inspiración para todos nosotros.
Allyson y yo estamos agradecidos ya que sabemos de corazón que fue la gracia de Dios lo que hizo que Joshua sea hoy en día un niño de tres años, saludable y activo.
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