Pray with Silent UnityBooks, magazines, & multimedia!Unity Retreats and Education ProgramsHelp our Ministry growDiscover more about Unity.Make contact with UnityOnline Store



Email this page to a friend!
IMPRIMIR
Suscríbete gratuitamente a nuestro boletín virtual

"La vida es crecimiento, desarrollo y cambio, los cuales nos dan el incentivo de explorar nuevas dimensiones de vida."
-Rosemary Fillmore Rhea

ApRende mÁs acerca de los retiros de Unity

Mi viaje espiritual
por Michael Learned

Reimpreso de  La Palabra Diaria de diciembre del 2002

<< Regresa a la página principal Libertad.

Cuando me ofrecieron el papel de Olivia en Los Walton, un programa de televisión que se transmitía en los años 70, había llegado a un punto muy bajo en mi vida. Mi vida era contraria a las escenas idílicas representadas por Olivia y su familia. El camino que me había traído hasta este punto comenzó con una niñez que fue encantadora unas veces y confusa otras.

Yo era la mayor de seis hermanas en una familia que se mudó muchas veces durante mis años de crecimiento porque mi padre trabajaba para el gobierno. Nuestros viajes, me expusieron a diferentes culturas, idiomas y creencias.

Mis padres eran personas carismáticas e interesantes cuyo papel como padres fue un reto para ellos. Nos enseñaron a tener buenos modales, pero no nos dejaron ser lo suficiente niños durante nuestra infancia.

Hacíamos una reverencia cuando conocíamos a alguien y nos poníamos de pie cuando un adulto entraba y salía de una habitación. Esto se convirtió en una rutina algo cómica cada vez que mis padres tenían una discusión. Cuando mi mamá se enojaba y salía corriendo de la habitación, mis hermanas y yo nos poníamos de pie. Cuando nos estábamos sentando de nuevo, mi papá salía del cuarto buscando a mamá, y todas nos poníamos de pie una vez más.

Cuando yo tenía doce años, nos mudamos a Austria. Después de sólo seis meses mis padres me enviaron a un internado en Inglaterra. Habiendo ganado el premio de drama durante mi primer año, estudié drama los tres años que estuve allí.

Me encontraba en Estados Unidos al llegar a la escuela secundaria, y había estado en tantos colegios diferentes que perdí interés en los estudios, pero no en los muchachos. A los dieciséis años participé en un festival de Shakespeare en Connecticut, donde conocí a Peter, otro aspirante a actor y me enamoré de él. Inmediatamente, mis padres me mandaron de vuelta a Inglaterra, pero cuando regresé a Estados Unidos un año después, Peter y yo nos casamos.

A la edad de veinticuatro años, tenía tres hijos y trataba de ser la perfecta esposa y madre de los años 50. Una vez Peter llegó a casa temprano y me sorprendió. Estaba tan disgustada conmigo misma que comencé a llorar porque no había tenido tiempo de limpiar la casa, bañarme, arreglar a los niños y tener la cena lista.

Nuestra generación no hablaba acerca  de sentimientos o problemas. Peter y yo teníamos problemas, y a la larga nos divorciamos. Para cuando mis hijos eran adolescentes, yo tenía treinta y dos años y había perdido mi identidad.

Una mirada más de cerca

En San Francisco, actué en una obra llamada Vidas privadas. Fue un gran éxito y la íbamos a llevar en una gira, pero como madre soltera, sabía que no ganaba lo suficiente. Mi agente me había dicho que los productores de Los Walton estaban buscando a alguien para reemplazar a Patricia Neil. Yo no quería trabajar en televisión, creía que no era la persona apropiada para el papel, y me horrorizaba el ambiente de Hollywood. Pero tenía tres hijos que mantener, así que durante un receso de dos semanas, fui a Los Angeles para una prueba. Me alojé en un hotel pequeño, con una botella de licor para fortalecerme y una muñeca Raggedy Ann para consolarme.

Durante la prueba me sentí como si estuviera en una niebla. Sentía tanto dolor emocional. Pero aun así, obtuve el papel. Creo que Dios me estaba cuidando y guiándome.

Formar parte del elenco de Los Walton me ayudó financieramente, pero bebía demasiado y sabía que tenía que examinar mi vida. Cuando lo hice, descubrí mi codependencia. Había pasado la vida tratando de complacer a otras personas o tratando de manipularlas para que hicieran lo que yo quería. Cualquier ilusión que tenía acerca de mí misma se había destrozado.

Decidí dejar de beber, y allí fue cuando comencé un viaje espiritual increíble. Me fui a una remota cabaña de mi ex esposo en la costa de California. Allí enfrenté por primera vez en mi vida el miedo de estar sola.

Durante mi estadía de diez días allí, caminé por la playa observando las olas romper sobre la playa. En silencio observaba las manadas de alces y venados. Un día brumoso, acostada en la playa, me sentí descansada y en paz. Al deslizar los dedos sobre la arena, me sorprendieron los pedacitos mínimos y de diferentes colores que formaban la arena.

Pensé en lo parecido de la humanidad con la arena. Nosotros como individuos, somos células minúsculas que formamos el todo. Cada una tiene un papel que llevar a cabo y un viaje espiritual que terminar. Y al hacerlo, contribuimos a la salud e integridad de la humanidad.

Ese día en la playa, superé el miedo y la preocupación gracias a un momento de meditación. Alcancé la paz que tan desesperadamente había necesitado y que había tratado de lograr por medio del alcohol. No sé si medité un segundo, un minuto o una hora, pero me llené de un sentimiento increíble de dicha.

Descubrimiento
 
Mi viaje ha sido tanto maravilloso como doloroso. A veces me sentía como si estuviera en el fondo de un pozo resbaladizo, tratando de salir. En ocasiones sentía que salía del pozo, pero caía de nuevo.

Me casé por segunda vez y de nuevo, surgieron problemas. Pero para esta oportunidad había aprendido que no podía ayudar a mi esposo a menos que él quisiera ayudarse a sí mismo. Soy una gran creyente en la oración, y cuando oré para que Dios eliminara el reto en nuestro matrimonio, mi segundo matrimonio se disolvió. Aunque no abogo por el divorcio, no creo que hubiera podido salir de ese pozo de miedo y confusión conservando ese matrimonio.

Mi viaje me había ayudado a crecer como ser humano. Estaba dispuesta a sufrir más dolor para librarme del dolor. La incomodidad puede ser una motivación para crecer. He cambiado, pero todavía trato de ayudar a personas que desean ser ayudadas. Simplemente no “ayudo en exceso”.

No he bebido licor por más de 25 años. Conocí a un hombre maravilloso quien me ama y acepta como soy, aun con los defectos de mi carácter. John y yo hemos estado casados por 14 años. Mis tres hijos ya son adultos y están casados, y tengo cinco nietos. Ahora soy una persona feliz y equilibrada.
 
Mi vida es tan maravillosa hoy en día que ha sobrepasado cualquier cosa que hubiera podido imaginar. Todavía continúo orando, pidiendo a Dios que me requerde que no trate con indiferencia ninguna bendición en mi vida.

Michael Learned ha recibido cuatro premios Emmy por mejor actriz y ha aparecido en numerosos programas de televisión, películas y producciones teatrales. Ella y su esposo John Doherty residen en California
<< Regresa a la página principal Libertad.

"Todo debe cambiarse a algo nuevo, a algo extraño."
-Henry Wadsworth Longfellow

VER LOS CDS
VER LOS CASETES