Un día a la vez

En 1997, sufrí un ataque de nervios. Me divorcié y perdí la custodia de mi hija, también tuve que vender mi casa. Me diagnosticaron depresión severa y ansiedad. Sentía que había tocado fondo en mi vida. Unos amigos me regalaron una suscripción a La Palabra Diaria.
 
Me brindaba tanto consuelo que comenzaba el día leyendo su mensaje. Me ayudó a iniciar mi proceso de curación. Con el tiempo, pude recuperarme completamente y publicar un libro para ayudar a las personas que sufren de depresión y ansiedad. La Palabra Diaria todavía es parte de mi vida. Gracias por ayudarme.

—Jeff, Nueva York
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