La obra de Dios revelada
por el reverendo Bob Barth
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principal de espiritualidad en el trabajo
Por muchos años, el tema de mi jornada espiritual giró sobre la pregunta "¿por qué?" Cuando yo era niño, no me preocupaba mucho que Rick, mi hermano menor, fuera diferente al resto de nosotros. Por cierto, él era uno de los niños más amorosos, maravillosos y considerados con el que uno podía estar, y pasamos momentos agradables juntos.
Al crecer, comencé a preguntarme el porqué Rick nació con síndrome de Down. Pregunté a algunos conocidos de la iglesia de Unity a la cual mi familia y yo asistíamos, pero las respuestas no me satisficieron: es una deuda kármica que él tiene que pagar o una lección que tiene que aprender. No acepté esas razones, me parecieron muy ne-gativas y no veraces para alguien como Rick, alguien que estaba lleno de tal alegría y amor.
Continué preguntándome por qué. Luego en 1971 vine a Unity Village , donde mi papá asistía a la escuela ministerial. Max, un amigo nuestro por muchos años, estaba siendo ordenado, y mis padres y yo fuimos a cenar con él. Disfrutábamos de la cena y volviéndome hacia Max le dije: Max, ahora que eres un ministro ordenado quizás puedas ayudarme a resolver un asunto con el cual he luchado durante mi vida adulta. ¿Por qué Rick nació con síndrome de Down? Le dije que no me satisfacía la respuesta de la deuda kármica o de la lección.
Max dijo: "Bob, esas no son las respuestas. Su condición le permite a Rick ser libre. Él no acepta la presión que la sociedad nos impone. Él puede amar incondicionalmente".
Un rayo de comprensión
Esa respuesta fue como un rayo de comprensión en mí, y comencé a ver a la gente y las situaciones de un modo más positivo. Obtuve mucha más comprensión cuando a mi esposa le diagnosticaron fibromialgia, una condición muy dolorosa que ha sido catalogada como : "Proviene de tu cabeza, no tiene nada de real".
Ella me preguntó: "¿Qué hice para atraer esto hacia mí? ¿Fue porque mantuve pensamientos negativos o hice algo que no debí hacer?" Discutimos eso por largas horas al igual que el porqué no tenía que sentirse culpable de ello.
La respuesta de Rick me satisfizo, pero entonces ¿por qué pasaban mi esposa y otras personas por retos tan dolorosos? Mi curiosidad me hizo recordar algo que había leído cuando seguía los pasos de mi padre como estudiante ministerial de Unity.
En sus escritos, Charles Fillmore, cofundador de Unity, dijo que Unity era un regreso al cristianismo del primer siglo. Él quiso decir que las enseñanzas de Unity están basadas en las enseñanzas de Jesucristo, las cuales están contenidas en los cuatro evangelios de la Biblia. En Unity también usamos el resto del Nuevo y el Antiguo testamento.
Charles Fillmore dijo que aunque había tenido maestros que lo ayudaron en su camino espiritual, cuando necesitaba inspiración y discernimiento, él iba directamente a la fuente, a Dios en oración.
Yendo a la fuente
Yo también decidí ir a la fuente en búsqueda de comprensión. Me concentraba en la oración y esperaba una revelación. Y lo que se revelaba para mí era buscar en los Evangelios lo que Jesús dijo. Volví a leer el relato en el cual Jesús y Sus discípulos caminaban cuando vieron un hombre que había nacido ciego. Sus discípulos le preguntaron: "Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?" (Juan 9:2)
Los discípulos le preguntaban lo mismo que yo preguntaba, "¿por qué?" Ellos buscaban lo negativo, buscaban alguien a quien culpar por la condición de este hombre. Jesús respondió: "No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él" (Juan 9:3).
La respuesta de Jesús fue la respuesta más acertada para mí. Para mi esposa, eso significaba que lo que te sucede no tiene importancia, sino que lo que verdaderamente importa es cómo lo enfrentas y resuelves. La bendición de mi esposa fue manejar el reto con fe. La bendición de Rick es manifestar las obras de Dios por medio de ese amor que él es y que expresa.
Como ministro, puedo relacionar la verdad de las obras de Dios que se están revelando por medio de la gente y las circunstancias en sus vidas. Cuando la gente me pregunta: "¿Por qué estoy pasando por este dolor y crisis?", les respondo: "No sé el porqué, pero una de dos cosas va a suceder. Vas a ser bendecido o vas a bendecir a alguien. Y ambas cosas pueden suceder al mismo tiempo". Sabiendo esto, todos podemos dejar de culparnos por lo que nos está pasando y seguir adelante.
Poder y bendiciones
Vi el poder de esto recientemente cuando una de mis amigas falleció. Hacía ocho meses le habían hecho un examen físico y la habían declarado completamente sana . Cuatro meses después, se sentía cansada en todo momento y volvió a ver a su doctor. Tenía cáncer por todo su cuerpo, y no hubo nada que se pudiera hacer por ella. Por supuesto, tanto su familia como sus amigos preguntaban por qué una persona tan amorosa y caritativa pasaba por eso.
No tuve que responder esa pregunta. Sabía que habría una bendición para ella al igual que para otros. Justo antes de morir, ella se sintió muy en paz con su comprensión de Dios y de todo el proceso de la muerte. Ella nos demostró que no había nada que temer. Mi esposa y yo la vimos el día antes de fallecer y pudimos decirle adiós. Ése fue un momento muy sagrado para nosotros.
Bendecir y ser bendecido
Cualquier reto que enfrentemos, bien sea de salud, relaciones personales o prosperidad, puede ser superado. Podemos hacerlo cuando no nos sentimos culpables o no preguntamos: "¿Por qué me pasó esto"? ¿Por qué estoy sufriendo? ¿Qué hice en mi vida para atraer eso hacia mí?" Al liberarnos de los sentimientos de culpa y de la necesidad de conseguir a alguien a quien culpar, comenzamos a avanzar. Nos preguntamos cómo podemos convertir esta situación en una bendición, cómo podemos bendecir a otros. Al actuar basados en ese cómo, llegamos a comprender más a Dios y mantenemos una relación con Dios mucho más profunda.
Durante mis años como ministro, he observado que la gente sana cuando ora por otros. Es lo más increíble. El orar por otros aparta la atención que ponemos en nosotros mismos, y al afirmar curación para otros, somos sanados también.
Cuando Rick nació, los doctores dijeron a mis padres que tenían que recluirlo en un centro de rehabilitación. Eso es lo que se acostumbraba en esos días. También dijeron que él no viviría más de doce años. Rick está ahora en sus cincuenta. Trabaja en un centro comercial en Bremerton y disfruta con gozo su vida, una vida que ya no cuestiono: sé que la vida de Rick es una en la cual las obras de Dios se revelan. |