Aférrate a la Fe

por Marchel Alverson

 

No recuerdo a mi abuela, pero su muerte ha ensombrecido mi vida adulta hasta donde recuerdo. A los 43 años, Odessa Abner, mi abuela paterna, fue diagnosticada con cáncer de mama. Un año más tarde, el 17 de enero de 1974, ella falleció en compañía de mi padre.

Yo tenía tres años.

Ahora, avancemos rápido hasta mis 20 años. Estoy sentada en la oficina de mi doctor con un montón de papeles de historial clínico en mis piernas, una lista de casillas para marcar acerca de un sinnúmero de enfermedades y un bolígrafo de tinta que se agota rápidamente. No tenía idea de que la información que presenté referente a mi abuela Odessa levantaría algunas banderas rojas intangibles. Después del examen, ya no era más una mujer joven—me convertí en un factor de riesgo caminando. No un factor de riesgo en el sentido convencional de la palabra, sino uno que vive con indicaciones y avisos mensuales de hacerse autoexámenes de mama y mamografías anuales a partir de los 30 años de edad.

Esos exámenes anuales me atemorizaban cada año —sentía miedo a lo desconocido. Temía que el destino de mi abuela se convertiría en el mío. Vivía en una cuenta regresiva constante.

En el año 2009, una buena amiga, fue la primera en pronunciar las palabras: “Tengo cáncer de mama”. Estábamos sentadas en el parque viendo a nuestros niños jugar, cuando Brenda Fisher pronunció esas palabras como que si estuviera anunciando: “Parece que lloverá hoy”.  Luego nos abrazamos y nos dimos un día para llorar.

Brenda tenía 37 años, una luchadora con una alegría impenetrable que sólo puedo describir como celestial. Ella mantuvo su rostro alegre durante sus días en un hospital de Kansas City; falleció a los 39 años. Yo estaba a su lado. Lloré. Me pregunté cómo una persona tan hermosa y llena de espíritu podía morir tan joven.

La alegría incesante de Brenda a pesar de su enfermedad mitigó de alguna forma mis temores, me hizo sentir que yo iba a poder lidiar con cualquier reto. Dios es mi fuente de fortaleza, como lo fue para Brenda y me gustaría creer que el Espíritu también dio fortaleza a mi abuela en su momento de necesidad.

Mayor en Espíritu

Para febrero del 2013, las mamografías se habían vuelto tan comunes que las consideraba una molestia anual—una sensación similar a tener una pequeña herida en un dedo. Pero todo eso cambió cuando recibí lo que supuse sería una llamada de rutina de la enfermera diciéndome que todo estaba normal. En cambio, dijo: “La prueba muestra una anormalidad. Necesitamos que regrese para una segunda mamografía y ultrasonido. ¿Le parece bien la próxima semana?”

La oración me encontró de rodillas diariamente después de esa llamada. Meditaba cada día. Pero el miedo se hacía cada vez más intenso en mí, todos podían verlo en mi rostro.

La noche anterior a mi segunda serie de pruebas, estreché a mis hijos y les aseguré que todo iba a estar bien. Mamá va a estar bien. Y, así fue —por pocas horas. El técnico de ultrasonido me dijo que todo estaba bien, que volviera en seis meses para una revisión. Salté de la mesa alabando a Dios. ¡Qué gran bendición había recibido!

Esa misma tarde, el médico me llamó por teléfono. “Tenemos que programar una biopsia tan pronto como sea posible. Usted tiene una masa”.

“Pero”, dije, “eso no puede ser posible. No encontraron nada durante la ecografía. ¿Por qué necesito una biopsia?”

Mi doctor me explicó que si bien la ecografía no había detectado nada, las comparaciones de la mamografía mostraron un pequeño crecimiento en mi seno derecho. Pensé en Brenda, pero sobre todo, pensé en Odessa. Yo estaba cerca de la edad que ella tenía cuando murió.

Una semana después de la biopsia fue más que una agonía. Caminé en una niebla. Cada día que pasaba me echaba en cara el creer que mi suerte ya no era mía. Fue entonces cuando comencé leer Lecciones acerca de la Verdad de H. Emilie Cady. Me aferré a su capítulo de la negación, en particular la tercer y cuarta negación:

El dolor, la enfermedad, la pobreza, la vejez y la muerte no pueden vencerme porque no son reales.

No hay nada que yo deba temer en todo el universo, pues mayor es El que está en mí que el que está en el mundo.

Dije la cuarta negación todas las mañanas frente al espejo— “No hay nada que yo deba temer en todo el universo, pues mayor es El que está en mí que el que está en el mundo”. Aquellos momentos, cuando mis miedos y ansiedades se cernían sobre mí, yo recitaba las palabras en silencio, una y otra vez.

Rechacé todas las apariencias negativas. Negué el poder de mi temor. ¡Afirmé esta negación como mi verdad! Al hacerlo, estuve más en armonía con mi naturaleza espiritual y mi mayor bien. Declaré que Dios es mi fuente de fortaleza. Que nada puede eclipsar el amor de Dios por mí. Mi verdadero ser rechazó el miedo al cáncer. Percibí que el gozo es mi naturaleza.

Me gustaría decir que la práctica de negaciones y afirmaciones, y promover la salud y la plenitud, me hicieron sentir pura felicidad y que no hubo lágrimas. Eso, sin embargo, sería falso. Pero me dieron consuelo. En ocasiones, el consuelo es todo lo que tienes —y es suficiente.

A medida que mis oraciones se intensificaron, mi círculo de oración creció con amigos, familiares y compañeros de trabajo que se unieron a mi intención de un resultado negativo.

Yo estaba en casa cuando el médico me llamó para decirla que la masa resultó benigna. ¡Grité! ¡Bailé! ¡Caí de rodillas en gratitud a Dios!

Aunque estoy consciente de que habrá más chequeos y pruebas, ahora elijo vivir mi vida como un testimonio a la memoria de Brenda. Ya no soy yo un factor de riesgo andando. Soy Dios en acción. Sé que independientemente de las circunstancias, ando por un terreno bueno y bendito. Experimentó sólo alegría. Ese es mi derecho de nacimiento, porque “mayor es El que está en mí”. El miedo no tiene poder sobre mi diario caminar.

Continúo practicando las negaciones y las afirmaciones. Me ofrecen apoyo en tiempos caóticos —cuando siento que mi destino lo dictan las circunstancias externas. Ahora como más saludablemente y hago ejercicios. Controlo las cosas que puedo. Vivo en el ahora —sintiendo paz y saludablemente.

La afirmación de junio para Los Momentos Sagrados Cada Día es: “Irradio salud, armonía y bienestar”. Unity fomenta las muchas herramientas espirituales mencionadas anteriormente, tales como meditación, afirmaciones, negaciones y la oración. Si tú o un ser querido están experimentando un problema de salud, Silent Unity está disponible para orar con ustedes en su momento de necesidad. El número de teléfono es 816-969-2020. También puedes pedir oración en línea . Las peticiones de oración son puestas en la Vigilia de oración de Silent Unity por 30 días.