Con alegría en mi corazón, digo: "¡Gracias, Dios!"
Si dejo que mi naturaleza humana controle mis pensamientos, puedo ser demasiado específico en mis peticiones a Dios, pidiendo que los acontecimientos y resultados sucedan de la manera en que yo desearía que sucedieran.
Pero cuando dejo que mi naturaleza espiritual me inspire, reflexiono sobre cómo Dios trabaja en mi vida y me bendice.
La vida es una cita divina. Dios tiene un plan para mí, y ese plan se manifiesta cada día. Sólo tengo que mirar a mi alrededor para recordar todas las bendiciones que ya he recibido.
Doy gracias a Dios por todas mis bendiciones. El amor es una bendición mutua: mi familia y mis amigos me aman, y yo los amo. La belleza es otra bendición, y la veo mostrándose como maravillas naturales. Qué gozo es poder decir: "Gracias, Dios".
"Maravillosas son tus obras."--Salmo 139:14 |