Al perdonar, avanzo hacia días más
brillantes y tiempos mejores.
Doy gracias por lo que gano y por lo que dejo ir cuando
me perdono y perdono a otros. Expresando perdón,
consigo paz mental y expreso más armonía
en mis relaciones con los demás. Dejo ir la
ira y las ofensas. ¡Qué bien me siento
ya que he abierto el camino para que el amor fluya
de mí hacia otros!
El perdón se traduce en una práctica
diaria de evitar juicios severos y resentimientos y
de ofrecer amor y aceptación. Al perdonar, sigo
adelante hacia días mejores y más felices.
Dejando los errores y los malos entendidos en el pasado —donde
pertenecen— me libero para vivir en un ambiente
renovado de armonía y amor.
“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas
veces perdonaré a mi hermano que peque contra
mí? ¿Hasta siete?’ Jesús
le dijo: ‘No te digo hasta siete, sino aun hasta
setenta veces siete’.”—Mateo 18:21-22
|