Uno con Dios, disfruto de una vida equilibrada.
Un versículo muy conocido de las Escrituras habla de que todo tiene su hora: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.
Existe un equilibrio profundo en el universo que se origina en Dios, y confío en que Dios provee equilibrio no sólo en el universo sino también en mi vida.
Al permanecer en equilibrio por medio de la oración diaria, se produce un acuerdo entre la mente y el corazón, entre las experiencias externas y las revelaciones espirituales.
Con este equilibrio, traigo serenidad espiritual a todo lo que hago. Encuentro maneras de desarrollar simetría en la vida diaria. Compenso los momentos ocupados con los de descanso. Ingiero comidas saludables. Duermo lo suficiente para apoyar las horas que estoy despierto.
“Yo os enviaré las lluvias a su tiempo, y la tierra y el árbol del campo darán su fruto.”—Levítico 26:4 |