Hoy mantengo pensamientos de curación para mí y para mis seres queridos.
En vez de concentrarme en los síntomas o apariencias de un reto de salud mío o de un ser querido, dirijo mi atención a Dios. Al orar, me veo y veo a otros expresando salud perfecta.
Puede que haya oportunidades en que no puedo encontrar alivio al dolor o la incomodidad que siento o que veo en otra persona. En estos momentos reconozco que a pesar de lo que parece suceder eternamente, Dios provee salud ahora.
Cuando tengo pensamientos de curación, no es sólo mi poder lo que produce la curación, es la presencia de la vida de Dios en mí y en la persona por quien oro.
Doy gracias a Dios por el trabajo asombroso que lleva a cabo mi cuerpo cada día, y mantengo este mismo sentimiento de gratitud para otros también.
“Sáname, Jehová, y quedaré sano; sálvame, y seré salvo.”—Jeremías 17:14 |