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Nuestros viajes, nuestros relatos
por Iyanla Vanzant
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principal de Prosperidad.
Mi madre falleció cuando yo tenía dos años y durante los cuatro años siguientes fui criada por Rissie Harris, mi abuela paterna. Mi abuela era india norteamericana, y me enseñó que la presencia que Dios está en todo y en todos. Opinaba que cada uno de nosotros tiene una responsabilidad con Dios en todo lo que hacemos.
Aunque mantenía sus tradiciones de india norteamericana, mi abuela también acogía enseñanzas cristianas fundamentalistas. Mucho después en mi vida me di cuenta de que ella me había enseñado principios espirituales.
La oración siempre ha sido una parte importante de mi vida. Mi abuela oraba incansablemente en la pequeña iglesia pentecostal a la cual asistía. Mantenía una visión espiritual elevada y constante durante los servicios y vigilias de oración. Algunas veces íbamos a la iglesia los viernes por la tarde, comenzábamos a orar a la medianoche y continuábamos orando hasta las seis de la tarde del domingo.
Sin embargo, me rebelé al igual que todo adolescente. Mostré rebeldía contra las enseñanzas fundamentalistas, las cuales me parecían muy estrictas y limitativas. A los dieciséis años ya yo era madre, y a los diecinueve años me encontré en un matrimonio en el cual sufría abuso físico. No fue hasta que tuve cerca de treinta años que comprendí que mi vida podía ser diferente. Tenía tres niños, pero me decidí a completar mi educación y comenzar una nueva vida para nosotros. |
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El viaje comienza
Este nuevo viaje comenzó lentamente, pero aun así yo tenía una base fuerte de enseñanzas espirituales y oración sobre la cual edificar una nueva vida. Lo único que yo tenía que hacer era volver a definir esta base y utilizarla de un modo lógico en mi vida.
Hubo dos asuntos que me detuvieron por un tiempo: estaba disgustada con Dios y Le tenía miedo. Estaba enojada porque mi madre había muerto, mi padre se encontraba ausente y mi familia era pobre. También sentía miedo, miedo de que Dios me castigaría por las cosas que yo había hecho.
Pero a lo largo de mi viaje, dejé ir ese miedo. Comencé a comprender que Dios me ama incondicionalmente y que yo podía relacionarme personalmente con Dios.
Llegué a comprender todo esto cuando leí el libro The Dynamic Laws of Prayer (Las leyes dinámicas de la oración), escrito por Catherine Ponder. Este libro me presentó de nuevo los principios espirituales poniendo de relieve cómo obran en la vida diaria. También leía mi Palabra diaria.
Utilizaba principios espirituales y oraba para poder completar mi carrera en leyes. Después de graduarme y ejercer la profesión de abogado, aprendí una gran lección: el poder no está en lo que haces sino en lo que eres. Luego decidí que la profesión de abogado no era para mí. Dije: "¡Dios, qué es lo que quieres de mí, porque evidentemente esto no lo es!" La respuesta llegó en la forma de oportunidades para compartir mi viaje espiritual con otros.
Comencé a enseñar a mujeres que dependían de asistencia pública. Compartí principios espirituales con ellas hablándoles sobre la fe y sobre confiar en Dios, el Dios en ellas. Les hablaba sobre el poder que reside en decir la verdad y la fortaleza que se deriva de amarse a uno mismo y amar a otras personas, no debido a las recompensas que ello produce sino porque es algo que amas y que te hace sentir bien.
Fue importante para mí creer en esto también, porque no ganaba lo suficiente para mantenerme y mantener a mis niños. Todas mis deudas estaban vencidas. Una mañana al bajar las escaleras en mi casa, oraba y preguntaba a Dios: "Quizás esto es lo que Tú quieres que haga, pero ¿cómo puedo hacerlo si no puedo ganar un sueldo para vivir?"
Se oía el radio desde la sala y en el preciso momento en que pisaba el último escalón, oí a Barry White, un cantante popular, decir: "Tienes que tener fe. Tienes que hacerlo sin cargo alguno. Tienes que aceptar los altibajos, pero si tienes fe y habilidad, lo vas a lograr". |
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Sigue tratando
Supe en ese momento que el mensaje de Dios era que continuara haciendo lo que hacía. Dije a los cobradores: "Bien, corten el teléfono, corten la luz". A la larga, me sacaron de mi hogar y mi hija menor y yo nos fuimos a vivir con una amiga. Mi hija mayor recibió una beca universitaria de cuatro años y mi hijo mayor se había alistado en la Marina. Mis amigas y yo juntábamos dinero para comprar comida. No fue fácil vivir así, pero pienso que cuando los retos nos gruñen, debemos ver si tienen colmillos o no, no sólo huir de ellos. En ciertas ocasiones, tenemos que estar dispuestos a ser mordidos.
Luego, los asuntos comenzaron a arreglarse. La organización para la cual trabajaba como maestra me ofreció un trabajo a tiempo completo. Escribí un manual de trabajo para las clases, de la compilación de lo que mi abuela me había enseñado y de lo que había aprendido sobre mi conexión con Dios. Esa compilación llegó a ser mi primer libro: Tapping the Power Within (Utilizando el poder interno).
Luego, con el estímulo de un amigo, comencé a escribir y narrar mensajes de un minuto en la radio, sólo para que la gente comenzara el día con una nota positiva. Los guiones llegaron a ser otro libro: Acts of Faith (Actos de fe). Cuando este libro fue publicado me di cuenta de que el escribir y contar mi historia era lo que Dios quería que yo hiciera.
Dios siempre dice sí a nuestras oraciones. Debemos, sin embargo, estar conscientes de la razón por la que oramos. En vista de que todo pensamiento, toda palabra y toda acción es una oración, queremos estar conscientes de todo lo que pensamos, decimos y hacemos, porque Dios siempre dirá que sí .
Mi trabajo ahora es regocijarme. Mi vida es un regocijo. Yo soy regocijo. Eso no quiere decir que nunca tendré retos o que no tengo nada que aprender. Esto quiere decir que estoy aprendiendo y creciendo y regocijándome porque tengo fe y confío en Dios sin reservas. Mi fe y confianza en Dios han hecho de mi vida una experiencia gozosa, y la vida no puede ser mejor que esto.
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Iyanla Vanzant es ministra ordenada, maestra espiritual reconocida internacionalmente y autora de libros de gran venta. Como Directora Ejecutiva de Inner Visions Worldwide, Spiritual Life Maintenance Center en Maryland, presenta talleres y da más de 100 conferencia anualmente. Iyanla también dirige un ministerio de correspondencia con prisiones que tiene más de 1,500 miembros. Vive cerca de Anápolis, Maryland con su esposo Adeyemi.
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