No soy yo, sino el Cristo en mí quien hace la obra.
“Al contemplar las montañas me pregunto:
¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda vendrá del Señor,
creador del cielo y de la tierra.”
Personas alrededor del mundo se unen a nosotros ahora a medida que elevamos nuestros pensamientos al Dios morador —nuestra fuente de ayuda siempre presente. Al unirnos corazón a corazón en oración sagrada, centramos nuestra atención en la presencia de Dios y disipamos cualquier inquietud o preocupación.
Dios es la fuente de nuestra serenidad.
Sentimos paz.
Qué momento tan valioso es éste —un momento para elevar nuestro espíritu y nuestros corazones al Dios morador y sentir más plena-mente esta presencia divina.
Centrados en la presencia de Dios, descansamos nuestros cuerpos, respiramos profundamente y soltamos cualquier pensamiento nega-tivo. Con cada respiración, sentimos la presencia de Dios que nos rodea y envuelve. Nos visualizamos descansando en el aire puro y claro de la cima de una montaña y respiramos sentimientos de paz.
Dios es la fuente de paz infinita, e inmersos en esta presencia divina, irradiamos serenidad y equilibrio. Al descansar en este momento sagrado, profundizamos nuestra conciencia de Dios y la paz que sobrepasa todo entendimiento…
mientras oramos…
Transformamos ideas en acciones al
expresar la luz interna de Dios.
En la quietud de esta experiencia sa-grada en la cima de la montaña, elevamos nuestros pensamientos y los enfocamos en la fuente ver-dadera de sabiduría e inspiración —Dios. Desde esta perspectiva elevada, miramos más allá de cualquier reto para ver la luz que nos guía a nuestro bien.
Dios es la luz que aclara nuestro camino y guía tiernamente nuestros pasos. Esta luz nos inspira a tomar decisiones correctas y confiamos en que ella nos revela ideas que abran el camino hacia experiencias significativas que transformen nuestras vidas.
Seguros en esta luz, aguardamos dirección divina y discernimiento ahora…
en el silencio…
Somos centros radiantes del amor sanador de Dios, disfrutamos de salud mental y corporal.
La paz y la luz de Dios son la clave para nuestro bienestar y junto con el amor divino, estas cualidades maravillosas sostienen nuestras mentes y nuestros cuerpos.
En la quietud de estos momentos sa-grados, elevamos nuestros corazones y nuestras mentes a una nueva visión de perfección para nuestros cuerpos templos. Visualizamos cada célula y tejido vivos con la fortaleza y vitalidad del amor divino que nos renueva constantemente en todo sen-tido.
Ahora haciendo una pausa para reflexionar sobre esta actividad maravillosa, damos gracias a Dios por la renovación que siempre tiene lugar. En esta conciencia, oramos…
en el silencio…
Con completa receptividad, damos la bienvenida a las bendiciones ilimitadas de Dios.
En unidad con la paz, la luz y el amor de Dios, abrimos ahora los corazones y las mentes a la idea de abundancia divina en nosotros y a nuestro alrededor. Ricas bendiciones provienen de una conciencia siempre en expansión de esta idea divina, y a medida que aquietamos nuestros pensamientos, nos volvemos más receptivos a maneras de pensar y actuar que proporcionan un mayor significado y provisión a nuestras vidas.
En estos momentos callados, permitimos que las bendiciones de Dios nos inspiren y nos muestren el camino para vivir abundantemente. Al hacer una pausa para reconocer la presencia todo proveedora de Dios, descansamos, nos preparamos para recibir nuevas compren-siones y permitimos que las ideas creativas fluyan libremente hacia nosotros…
en estos momentos callados…
Somos una familia mundial que
vive en perfecta armonía.
Gracias a nuestras oraciones y a nuestra unidad con Dios, tenemos la capacidad de vincularnos con todos los corazones humanos —aun en los rincones más remotos del globo. Conscientes de que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en Dios, honramos el vín-culo divino que compartimos y envolvemos a nuestra familia mundial en oraciones de amor y paz.
Al elevar nuestros corazones y pensamientos ahora al Dios morador, afirmamos paz, comprensión y compasión para las personas en to-das partes al descansar&
y orar…
Con nueva inspiración continuamos con nuestro día con los ojos dirigidos hacia nuestra verdadera fuente de ayuda —Dios. La concien-cia de paz, luz y amor divinos en nosotros se profundiza ahora al concluir este tiempo especial y afirmar la “Oración de protección”:
La luz de Dios nos rodea;
el amor de Dios nos envuelve;
el poder de Dios nos protege;
la presencia de Dios vela por nosotros.
¡Dondequiera que estamos,
está Dios!
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