Una nota de la editora

Cuando el corazón se abre al romperse, Expresar compasión y empatía , ¿cuánto dolor puede resistir el corazón?


Apreciable Amigo:

Tuve una sensación de desfallecimiento hace varias semanas cuando mi gato de 11 años se veía letárgico y rechazaba su comida. (No se preocupen. Él ya está bien).

Esto sucedió un sábado por la tarde y ya las oficinas veterinarias estaban cerradas. El domingo se veía peor y decidí que no quería esperar más para que lo examinaran. Cuando estaba preparándome para salir de mi casa, vi un alerta de noticias de última hora que anunciaba un accidente de helicóptero en el sur de California.

Nueve personas fallecieron, incluyendo la leyenda de baloncesto Kobe Bryant y su pequeña hija. Otras siete personas (menos famosas, mas no menos importantes) también murieron en el accidente.

Afrontar el infortunio de la enfermedad de mi mascota, más el dolor colectivo por la pérdida repentina de vidas en California compitieron por mi atención toda la tarde. Experimenté oleadas severas de angustia, preocupación e impotencia. No podía sosegarme lo suficiente para orar o concentrarme y visualizar un resultado positivo ni decir afirmaciones con convicción.

Pensaba en los seres queridos de las víctimas quienes estaban pasando por una tragedia inconmensurable. Pensé en la familia de Kobe Bryant, especialmente en su esposa, ahora su viuda, que tenía que enfrentar la devastadora realidad de una vida sin su esposo y sin una de sus cuatro hijas. Pensé en las hermanas sobrevivientes y en cómo el trayecto de su infancia feliz se había descarrilado para siempre.

Cuando la vida duele

Las semanas después de ese domingo, mis pensamientos acerca de cómo afrontar los aspectos devastadores de la vida cambiaron. Determiné no castigarme por mi incapacidad temporal de usar herramientas y prácticas espirituales con precisión y resolución. En vez de ello, voy a permitir que el dolor se apodere de mí, me derribe, ¡y me rompa el corazón!

La vida puede ser difícil y dolorosa, sin importar cuánta conciencia espiritual tratemos de conferirle. Juzgarnos por no sentirnos alegres y optimistas agrava el dolor y nos aleja de los ritmos de la vida. Fluir con la corriente de la vida, con sus altos y bajos, nos proporciona flotabilidad para andar incluso en las aguas más turbulentas.

Oremos para avivar nuestra voluntad de permitir que nuestros corazones se abran al romperse y crezcan en empatía y compasión; para que nuestras alegrías y nuestras penas, nuestros gozos y nuestros dolores nos unan. Creo que no hay un esfuerzo más espiritual que este.

Bendiciones,

Teresa Burton

Rev. Teresa Burton

Editora Encargada de Daily Word

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