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Por Kathy Nelson
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principal de curación.
Cuando contesté el teléfono una mañana
de octubre de 1989, no esperaba oír noticias
que impactaran tan drásticamente las vidas de
mis familiares: “Mamá, las niñas
tuvieron un accidente”. La voz de mi hija Lori
se quebró, y luego hubo un silencio.
“¿Están bien Jennifer y Julie?” Con todo mi corazón,
quería creer que mis nietas estaban bien.
Recobrando la voz, Lori continuó: “Jennifer tiene la pelvis fracturada,
y el médico dice que va a vivir. Pero, mamá, el caso de Julie es
diferente”.
Lori comenzó a llorar pero continuó: “Parece que Julie no
va a sobrevivir, tiene la cabeza tan lastimada que los médicos en el centro
de trauma ni siquiera saben qué hacer por ella. Mamá, me dijeron
que nunca habían tenido una paciente con una lesión en la cabeza
tan severa”. |
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Entregando Julie a Dios
Jennifer y Julie habían ido de paseo en la parte de atrás de una
camioneta con un amigo de dieciséis años que las llevaba por las
colinas alrededor de su vecindario. Al llegar a una velocidad de 60 millas por
hora, perdió el control y se estrelló de frente contra una palmera.
Jennifer, de trece años, fue lanzada de la camioneta. Julie, de once,
fue lanzada hacia adelante con tal fuerza que le hizo una abolladura del tamaño
de su cabeza a la cabina. En tres ocasiones no mostró signos vitales,
una en camino al hospital y dos en el hospital.
Yo pensé que estaba preparada para lo que vería cuando mi esposo
David y yo llegáramos al hospital, pero no lo estaba. La cara de Julie
estaba tan aplanada que semejaba un plato; con excepción de los ojos,
tan hinchados que los mantuvo cerrados por tres semanas, no tenía rasgos
faciales.
Como Julie estaba en una condición tan delicada, los médicos no
podían examinarla a fondo. Nos advirtieron: “Trataremos de mantenerla
estabilizada, y luego esperaremos”. Esperamos, orando que viviera.
Al tercer día, David, otros amigos de la iglesia y yo, estábamos
en la sala de espera del hospital. David, que es una persona callada y retraída,
preguntó si el resto de nosotros queríamos tomarnos de la mano
con él en oración. Una vez que el círculo de amigos se tomó de
la mano, David dijo una bella oración: “Dios, mantenemos una visión
de Julie íntegra, saludable y completa, bien sea contigo o con nosotros.
Te la entregamos, Dios, porque Tú sabes más que nosotros”.
En ese momento, sentí una oleada de energía que parecía
pasar de una de mis manos a mi cuerpo y luego salía por la otra. Estaba
segura de que las personas en el círculo habían sentido algo. Mi
amiga Phyllis me abrazó y me dijo: “Kathy, Julie va a estar bien”.
Yo le respondí: “Sí, lo sé”.
Después de once días, Julie todavía no mostraba señales
de mejoría. Aun así, Lori mantenía una vigilia en su cabecera.
Una enfermera, que trabajaba por primera vez en la unidad pediátrica de
cuidados intensivos, estaba examinando a Julie cuando se volteó hacia
Lori y le preguntó: “¿Sabe su hija hablar por señas?”
“No que yo sepa”, contestó Lori.
La enfermera continuó revisando el tubo por el cual Julie respiraba y
las conexiones intravenosas. “Sí,” dijo, “estoy segura
de que está tratando de comunicarse con nosotros por señas. Vi
que su dedo se movía”. Colocó una pluma en la mano de Julie
y deslizó una libreta debajo de ella.
Despacio, la niña de once años comenzó a escribir un mensaje
para su mamá: “¡Estoy aquí! ¿Cómo está Jenny?” |
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La niña milagro
Julie continuó mejorando día a día. Comenzó a respirar
por sí misma y respondía cuando la gente entraba en su habitación.
Dos semanas después del accidente, estaba lo suficientemente bien como
para ser sometida a cirugía reconstructiva. Un equipo de seis médicos
trabajó trece horas y media reconstruyéndole la cara. Se guiaban
por fotografías de ella a medida que trabajaban, y una vez que la hinchazón
bajó, el resultado fue una niña hermosa.
Cuando uno de los médicos salió a hablar con nosotros después
de la cirugía, Lori le dio un gran abrazo y le dijo: “Gracias por
salvarme a mi niña”; él levantó sus manos y dijo: “Yo
fui solamente el instrumento. Dios realizó la curación”.
El personal del hospital llamaba a Julie su niña milagro. Nunca habían
visto a nadie recuperarse tan completamente después de tener una lesión
tan severa en la cabeza. Sus cirujanos escribieron varios artículos médicos
porque la cirugía y la recuperación de Julie marcaron con hito.
Sin embargo, esperaban que la recuperación de Julie tomara por lo menos
dos años. A los tres meses, ya estaba de vuelta en la escuela. Su visión
era perfecta. Era alumna sobresaliente antes del accidente y alumna distinguida
después que regresó a la escuela. La única razón
por la cual pasó de sobresaliente a distinguida fue porque no pudo entregar
muchas tareas.
Nos preguntamos si Julie percibía algo desde el momento del accidente
hasta que salió del coma, y esto fue lo que nuestra niña de once
años nos dijo:
“Recuerdo haber estado en la ambulancia, y un hombre de pelo rojizo con
una camisa verde me auxiliaba. En el hospital, oía hablar a la gente y
veía gente en la sala de emergencia. Me parecía que me veía
a mí misma desde arriba. Vi mi cara y no podía creer lo mal que
se veía. No podía comprender por qué todo el mundo estaba
tan perturbado, porque yo sabía que iba a estar bien y quería que
todo el mundo supiera que estaba bien.
“Entonces toda la habitación se puso brillante y resplandeciente
y oí una voz. Pero la oí con el corazón, no con los oídos.
Me dijo: ‘¿Quieres irte o quedarte?’
“Pensé en ello y respondí: ‘En realidad me gusta donde
estoy, y necesito quedarme y ayudar a mi mamá. Además, ¿quién
va a cuidar a mi gato?’”
Julie escuchó con el corazón, y le ha enseñado a mucha gente
cómo hacerlo. Ahora tiene veintiún años, asiste a la universidad
y trabaja en una guardería de niños. Julie todavía escucha
con el corazón, y va en camino de marcar pauta en el mundo.
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Kathy Nelson es ministra ordenada de Unity, y actualmente
sirve en Christ Unity Church en Charlotte, Carolina del
Norte. Se graduó en Drury College y en la Universidad
de California. Ella y su esposo David tienen tres hijos
y siete nietos. Escuchar con el corazón se publicó inicialmente
en La Palabra Diaria.
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