Alimentando nuestra alma
por Thomas Moore
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principal de Gratitud.
Vivimos en una era mecánica donde mu-chas personas tratan sus cuerpos como si fueran máquinas, y su vida emocional como producto de ellas. Como soy psicoterapeuta, muchas personas han venido a mí como si fuera un mecánico, y me han pedido que arregle algo que anda mal en ellas o en sus relaciones. Esta actitud de "arrégleme esto", es un enfoque mecánico de la vida.
El enfoque que expresa nuestra humanidad, es aquel que nos exhorta a tener compasión y empatía con las otras personas.
Esa empatía y esa compasión, moldean nuestras vidas, y entonces llegamos a ser personas que saben cómo vivir con otras, no como máquinas, sino como humanos amorosos y considerados, en una familia, en un matrimonio y en una comunidad.
Tengo amigos que ejemplifican esta clase de dedicación. Dos que vienen a mi mente son los devotos padres de un niño con una enfermedad crónica quienes cambiaron su estilo de vida, encontrando empleos y una rutina diaria que les permitiera estar con su hijo y cuidarlo.
Una conciencia de oración
Muchos de nosotros tal vez nos encontremos en situaciones donde miembros de la familia -niños o adultos- por una razón u otra, moldeen nuestra vida. A pesar de lo difícil que pueda ser el reto, puede llevarnos a tomar decisiones y a reflexionar sobre lo que es importante, de modo que no andemos inconscientemente por la vida. Aunque es dolorosa y difícil y no debe romantizarse, una vida basada en el cuidado de otra persona hace surgir en un individuo o en una familia su carácter humano.
La oración nos ayuda a establecer y mantener conexiones íntimas con otros. Al orar, hacemos contacto con Dios y nos conectamos unos con otros en un nivel profundamente espiritual. Alimentamos nuestras almas y ayudamos a nutrir las almas de otros.
Las tradiciones, costumbres e ideas de nuestras religiones individuales, nutren nuestra alma; pero, es importante que las experiencias espirituales también nos den algo que alimente nuestro corazón, nuestra imaginación y nuestra vida. La religión, entonces, no permanece meramente en el nivel de las ideas; se vuelve una espiritualidad que llega a las profundidades del alma.
Hay muchas maneras de ver el alma. Sigo la tradición de escritores antiguos que dividían nuestra experiencia en tres partes: el espíritu, el alma y el cuerpo. El alma está en el centro de esa experiencia y tiene que ver con los sentimientos, pensamientos, reflexiones y recuerdos más profundos. Estas son las cosas que brotan desde lo más profundo de nuestro ser y, por tanto, son un tesoro para nosotros. Nos sentimos inspirados y bien fundados.
Conexión del alma
El alma está íntimamente relacionada con nuestras vidas individuales. Por ejemplo, los recuerdos de cierta música de la infancia son experiencias del alma porque tienen que ver con familia, lugares o acontecimientos particulares. Esas experiencias mantienen el alma viva, y nos mantienen conectados con nuestro pasado, el uno con el otro y con familias y lugares especiales.
Para sentir la inmortalidad del alma, primero tenemos que verla como una parte de nuestras experiencias diarias. El alma buscará su camino tanto a través de las alegrías como de los sufrimientos. No recomiendo buscar el sufrimiento, de ninguna manera, pero la vida nos presenta unos retos extraordinarios, que pueden ser de naturaleza física, mental, emocional, financiera o de relaciones. La meta en la vida no es estar en algún nivel donde ya no haya ningún reto, sino más bien poder vivir a través de esas dificultades y contar con nuestros familiares, nuestros amigos y los unos con los otros.
Este, creo yo, es el camino del alma: el sendero que tomamos para alcanzar la satisfacción espiritual. Alcanzamos una conciencia espiritual a medida que nos movemos a través del sufrimiento, no pasándolo por alto o tratando de evadirlo.
Esto, por supuesto, es una proposición muy fácil de hacer pero difícil de vivir. Sin embargo, todos nosotros, de una manera u otra, tenemos que bregar con dificultades y retos. En cierto sentido, esas dificultades son nuestra gracia. Son el medio para llegar a ser individuos que tienen el carácter, la sabiduría y la sensibilidad necesarias para vivir en armonía con otros.
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