La gratitud es la respuesta del corazón ante las infinitas bendiciones de la vida. Al vivir en una conciencia de aprecio, experimentamos y expresamos las riquezas de la vida.

Te invitamos a unirte a nosotros en una jornada de gratitud de 30 días. Declara con convicción la siguiente afirmación y visítanos diariamente para encontrar mensajes edificantes.

Mi gratitud se expresa como paz, amor y gozo. ¡Soy agradecido y bendecido maravillosamente!

Gratitud sencilla

por Paul John Roach

Yo creo que sólo necesitamos una cosa para vivir con gratitud: permitir que el momento presente se desarrolle tal y como es. Todo lo que necesitamos para abrir nuevos mundos de posibilidades es el simple deseo de observar y escuchar. Cuando logramos esa visión amplia, damos gracias gozosamente.

Mi primera experiencia con este cambio de conciencia ocurrió cuando yo tenía siete años de edad. Mi hermana acababa de morir y mi familia estaba muy triste. Recuerdo que yo caminaba con mi papá a través de un bosque por las laderas de una montaña que visitábamos a menudo en salidas familiares.

Fue a fines del verano, y mi padre recogía avellanas de los arbustos y me las daba de comer. Su tierno gesto de amor me transportó a un lugar de luz y seguridad sin tiempo. Experimenté un gran sentido de bienestar, el cual ha permanecido conmigo desde entonces. Esto me llevó al sendero espiritual y, con el tiempo, al ministerio. ¿Qué sucedió ese día de verano? Yo estaba plenamente presente, sin expectativas, en ese momento y atento a las acciones de mi padre. Un cambio en mi conciencia me permitió apreciar el amor y el bienestar que se manifestaban en mi entorno.

Al mirar atrás, entiendo que experimenté el momento con más intensidad debido al dolor que sentía por la muerte de mi hermana. Al parecer, todo conspira para ayudarnos a comprender la frágil magnificencia de nuestras vidas. También me he sentido inspirado por quienes aprecian cada momento, sin importar cuál sea la experiencia. Al inicio de mi sendero espiritual consciente, conocí a un hombre que superó una condición de cáncer en estado avanzado dando gracias por todo. Cuando el motor del auto encendía, él decía: “¡Gracias, Dios!” Al salir el sol, “¡Gracias, Dios!” Aun al enfrentar un reto, su respuesta seguía siendo: “¡Gracias, Dios!”

Yo no tenía el hábito de apreciar todo tan profundamente, así que su perspectiva de la vida me sorprendió y cautivó mi atención. Comencé a comprender que los pensamientos que guardamos en nuestras mentes y las palabras que pronunciamos, verdaderamente tienen el poder de cambiar nuestras vidas.

Superar el cáncer es algo impresionante, pero lo que más me asombró fue la alegría que expresaba este ser humano. ¡Yo también quería un poco de esa felicidad!

Como dice el refrán: “Más vale tarde que nunca”. Quizás no hayamos estado completamente presentes para el universo, pero el universo siempre ha estado plenamente presente para nosotros. En el momento en que miramos a nuestro alrededor con curiosidad, interés y naturalidad, en el instante en que nos conectamos con nosotros mismos y escuchamos sin juzgar, nos abrimos a perspectivas más amplias.

A veces nos perdemos estos momentos; los pasamos por alto en nuestro camino hacia aquello que consideramos más significativo. Para poder captarlos, hemos de sosegarnos, estar atentos y sentir aprecio por lo que está presente en el momento. Éste es el esplendor oculto del universo de Dios: si podemos sólo ser por unos minutos, ricas recompensas espirituales nos aguardan.

¿Recuerdas algún evento aparentemente ordinario que tomó mayor relevancia porque estabas completamente presente? ¿Acaso suscitó un sentimiento de gratitud en tu interior? Las palabras inmortales de Pablo en 1 de Tesalonicenses 5:16, nos recuerdan: “Estén siempre gozosos”. Eso significa permanecer agradecidos sin importar las circunstancias. Si vivimos según esa norma, seremos transformados. Empieza hoy. Observa las nubes y los cambios de la luz a medida que el día avanza. Mira a los ojos de un amigo mientras comen o conversan. Mantente dispuesto a percibir cosas nuevas mientras vas de compras o estás en medio del tráfico.

Recibir y compartir un gesto amable o un acto de cortesía pueden, sin duda, conmoverte y guiarte hacia tu naturaleza legítima y verdadera de generosidad, gratitud y alegría. Sí, sólo se necesita una cosa, y ¡está disponible para ti en este momento!

Oraciones que quizás desees hacer


Gracias, Dios, por Tu santuario siempre presente de amor, gozo y paz en mi corazón. Mi única necesidad es sentir Tu dulce presencia en mi vida. Confío —verdaderamente confío— que estoy a Tu cuidado y que todo está bien. Gracias, Dios.


Gracias, Dios, por tu verdad viviente a medida que me habla de maneras inequívocas. Aquieto mi cuerpo. Aquieto mi mente. Descanso completamente. Me entrego a Ti, Dios. Lléname de Tu presencia a medida que escucho en el silencio.


Presencia divina en mí, estoy dispuesto a dejar ir cualquier sentimiento de dolor, ira y resentimiento. Ayúdame a conocer el perdón verdadero y ver a cada persona como parte de Ti. Que mis palabras y acciones sólo sirvan para glorificarte. Que sanen, consuelen y armonicen mi vida y las vidas de las personas a mi alrededor. Gracias, Dios.


Gran Espíritu de este universo, qué gloriosos son Tus medios. Mi mente humana no puede captar plenamente la magnitud de todo lo que eres, sin embargo sé que te pertenezco. Gracias por la seguridad de Tu presencia guiadora —dondequiera que esté, en lo que sea que haga.


Gracias, Dios, por la conciencia creciente de quien soy. Me has creado para expresarte, hago el compromiso hoy de estar en Tus manos en Tu voz en Tu corazón. Vive Tu vida por medio de mí de manera plena y completa.


¡Las células de mi cuerpo gritan de gozo a medida que resucitan a una nueva vida! Gracias, Dios, por Tu poderosa presencia sanadora a medida que llega a cada átomo de mi cuerpo, produciendo salud radiante.


Elijo en este día servirte, Dios —permitir que Tu amor irradie a todas las personas y que sea una inspiración para ayudar a elevar a otros. Mi única oración es conocerte. Consciente de Tu presencia sagrada en mí, soy una bendición para todos.


Dulce Espíritu, he oído Tu llamado. Siento que me atraes a una comprensión más cercana de Tu presencia en mi vida. Ansío conocerte más. Deseo amarte más y servirte más. Estoy dispuesto a que te hagas cargo de mi vida. Muéstrame Tu camino, Dios, porque estoy listo.

Levántate, hijo mío

por Skip Broussard

Si te dijera que Dios me habló podrías pensar que estoy loco. La mayoría lo pensaría. Pero, sabes, la guía de Dios llega de muchas maneras. Hace tiempo pasé por un divorcio terriblemente difícil. No solamente estaba perdiendo a la mujer con quien había estado casado por 12 años, sino también a mi hija de tres años. Me sentía devastado. Una de las peores noches me arrodillé pidiéndole a Dios que me liberara del dolor. Escuché con claridad en mi cabeza una voz masculina y serena que me dijo: “Levántate, hijo mío”.

Me levanté del suelo, me sacudí el polvo y me senté a pensar en lo que acababa de ocurrir. ¿Había sido ésa la voz de Dios? Y si no, ¿entonces de quién era? Estaba seguro de que no la había imaginado. Concluí que Dios no me quería de rodillas, pero también sabía que había algo más en aquel mensaje.

Con el pasar de los años, aquellas tres palabritas permanecieron conmigo, y yo continué buscándoles un sentido más profundo. “Levántate, hijo mío”. Decidí que “levántate” significaba que orara de una manera más positiva, y desde una conciencia más elevada: Levantarme de la desesperación. Levantarme de la percepción de estar separado de Dios. Elevar mi entendimiento de que Dios me creó para vivir con alegría y no con pesares y desesperanzas. Mi tarea más importante es buscar el reino de Dios primero.

Un día manejaba sin rumbo fijo por la ciudad, absorto en la oración y en la introspección. Cuando paré en una luz roja en un vecindario bastante peligroso, noté que había un terreno baldío lleno de maleza y desperdicios. Allí vi cómo el viento agitaba un letrero descolorido que colgaba de un cartel publicitario erosionado por el tiempo. Entrecerré los ojos para poder ver y leí: “Ora. Funciona”.

Cuando cambió el semáforo, tuve que estacionarme por un momento. Estaba impresionado con lo que había visto. Sentí como si aquel mensaje hubiese estado ahí para mí. No era una coincidencia. El letrero no era fácil de leer, y si la luz hubiese estado verde, yo hubiese seguido de largo. Vi que había una gestión ministerial tras aquel mensaje deteriorado, y le agradecí a Dios y a quien fuera que lo puso allí. También oré por quienes lo hubiesen leído y me sentí conectado con la gente conmovida por el letrero.

Creo que los mensajes de Dios nos guían gentilmente a través de nuestra jornada y despiertan en nosotros aquello que necesita despertar. Pongo esos mensajes en notas adhesivas en la pantalla de mi computadora. Sus significados cambian sutilmente con el ir y devenir de mi jornada. Se hacen más claros y relevantes cada día.

¿Alguna vez has recibido un mensaje de Dios? ¿Dudaste de su procedencia? ¿Lo descartaste, y a pesar de ello te perseguía? Yo creo que Dios nos envía mensajes. Queda de nosotros convertirnos, como lo sugirió una vez La Palabra Diaria, en detectives espirituales, siempre alertas a las claves y comunicados de Dios. No cuestiones si el mensaje es para ti. Claro que lo es. De otra manera, no lo hubieses notado. ¡Levántate, amigo mío!

Lecciones de canto

por Anne Stadler

Temprano en la mañana,
vi que las aves
cantaban alegres
según procedían
con sus ocupaciones del día.
Ellas se despertaron alegres,
mas yo amanecí preocupada.
Un contraste de actitudes—
Un recordatorio gentil
de estar consciente
y agradecida por
mis muchas bendiciones.
Mantén a las aves
en mi ventana, Señor.
Me encantaría aprender
a darle la bienvenida
a cada mañana
con una canción.

¡Gracias a Dios!

Cuando sentimos gratitud por las bendiciones que tenemos, nuestro aprecio atrae mayor bien hacia nosotros. La gratitud es un magneto que nos atrae amigos, amor, paz, salud y bien material.

Existen muchas maneras con las cuales podemos demostrar nuestro agradecimiento a Dios y a nuestros congéneres. En nuestras oraciones podemos dar gracias por la respuesta aun antes de que ésta se haga aparente, como lo hizo Jesús ante la tumba de Lázaro.

Podemos tomar tiempo para enumerar las cosas maravillosas que Dios ha hecho por nosotros y exclamar un “¡Bendito seas, Dios! En nuestros contactos personales podemos recordar ser corteses y amables, y decir “Gracias” y “Dios te bendice”, para transmitir comprensión y compasión, sonreír y compartir nuestras “buenas nuevas”. También podemos evitar todo pensamiento y toda palabra que pudiera estropear el encanto de las relaciones personales.

La verdadera gratitud es una cualidad espiritual que es edificada en el alma con la práctica diaria, y su recompensa es infinitamente rica y satisfactoria.

Dar gracias por todo

por Rev. Paulette Pipe

“Deja que apague el radio para escucharte mejor”, me dijo mi madre según desaparecía de la línea telefónica.

La siguiente voz que escuché fue la de mi papá, y me sorprendió. Yo creía que él estaba todavía en el hospital recuperándose del ataque cardíaco que había sufrido. Yo había llamado a mi mamá para saber cómo seguía mi papá; mas ella utilizó la oportunidad para sorprenderme.

“¡Oh, papá, ya estás en casa! Me contenta tanto oír tu voz. ¿Cómo te sientes?” Él respondió: “Me encuentro bien por el momento”.

Luego de haber vivido en el Reino Unido por casi 25 años, mis padres habían regresado a su isla hogar en el Caribe. Unos años atrás, yo les había presentado La Palabra Diaria, la cual ellos recibían con gozo. Como parte de su devoción diaria, mi mamá la leía en voz alta y luego ambos estudiaban el verso bíblico del mensaje con más profundidad. Aunque estábamos viviendo en distintas partes del mundo, comenzar el día con el mismo mensaje edificante nos hacía sentir unidos.

Se me había olvidado cómo, en una ocasión previa, mi papá y yo habíamos hablado acerca de los temas en La Palabra Diaria. Así que cuando él me dijo: “Yo hice lo que tú me dijiste”, me confundió por un momento. “¿Qué fue lo que te dije?”, pregunté.

Él me recordó que habíamos hablado acerca del poder de la gratitud y de dar gracias. Yo había compartido que el ser agradecido y dar gracias son prácticas transformadoras que pueden sanar cualquier situación y, sin importar lo que suceda o cuán retador pueda ser, siempre podemos encontrar algo por lo cual dar gracias en todo momento. Y, al hacerlo, apartamos nuestra atención de aquello que “no está funcionando bien”.

Esas palabras, las cuales fueron compartidas inocentemente días antes, resonaron con mi padre y estuvieron en su mente cuando estaba siendo transportado al hospital con un ataque al corazón.

El único hospital en San Vicente y las Granadinas se encuentra en la capital, Kingstown, a doce millas de distancia de la casa de mis padres, y accesible sólo a través de una carretera estrecha y peligrosa que corre a lo largo de la isla.

El haber esperado que una ambulancia viniera de la capital hubiera resultado en una muerte segura para mi papá. La única manera de salvarle la vida era que mi hermano menor, Leroy, lo llevara en el carro.

Por estar llena de huecos y desfiladeros que dan al mar, la carretera es muy incómoda para manejar normalmente, ¡ni se diga de manejar rápidamente y con estrés! 

Según Leroy manejaba por los huecos y maniobraba por los desfiladeros y curvas, mi padre sufría de un dolor agonizante. Empapado de sudor, casi sin poder respirar, mi papá se agarraba el pecho y, con cada punzada, susurraba una y otra vez: “¡Gracias, Jesús!”

Estando ya en la camilla del hospital, junto a mi madre ansiosa y sin saber si iba a sobrevivir, mi papá envió mensajes de amor a sus hijos y, con cada oleada de dolor agonizante que se extendía por todo su cuerpo, él continuó repitiendo: “¡Gracias, Jesús! ¡Gracias, Jesús!” Cuando mi papá terminó de contarme cómo él había literalmente tomado mi palabra, me sorprendí. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Le dije: “Eso no era lo que yo tenía en mente cuando te dije que dieras gracias por todo”. Sin embargo, estoy convencida de que su acción de dar gracias le salvó la vida.

Mi padre vivió seis años más, y me siento muy agradecida por todos los recuerdos que dejó en mí. Aun cuando su vida estaba guindando de un hilo, él dio gracias.

Celebra tus bendiciones

por Ruth Ann Lonardelli

 “¡La gratitud es la mayor virtud!” decía Cicerón. Los pensadores contemporáneos parecen estar de acuerdo. La gratitud es “la base de la interacción en muchas otras culturas”, dice Robert Emmons, un erudito destacado en el movimiento de la psicología positiva. “La gratitud”, dice la antropóloga cultural, Ángeles Arrien, “crea un campo de resonancia”. O sea, crea energía que afirma vida y acción. Entonces, la gratitud es algo activo. Es algo que hacemos.

Cuando estaba en mis 20, pasé por un período de depresión profunda. En ese entonces, estar agradecida me parecía como un cliché y un ejercicio mental simplista que ni remotamente subsanaba mi dolor. Sentía resentimiento cuando la gente me decía que contara mis bendiciones. Pero de algún modo, por medio de la gracia, fui capaz acceder a la gratitud con suficiente sentimiento para romper la superficie de mi estado depresivo.

Comencé notando cosas pequeñas: la belleza del color rojo ardiente del arce al otro lado de mi ventana, el sonido de las gotas de lluvia después de un verano largo y seco, un pájaro volando de una rama a otra.

Empecé por apreciar esos momentos, y ellos fueron como migas de pan que guiaron mi camino de regreso a la luz. Otro resultado inesperado fue que comencé a apreciarme. Éste fue un cambio mayor para alguien quien estaba profundamente deprimida. Ni siquiera me di cuenta de ello en ese entonces, mas al sentir aprecio por algo también sentía que podía apreciar un aspecto de mí. Ése es el poder de la gratitud. Aun una cantidad pequeña de ella puede mejorar nuestra experiencia

La gratitud es un sentimiento. Puede ser fomentado por el reconocimiento consciente, y también puede ser espontáneo. Tiene energía, a veces sutil y suave, y a veces electrizante. Mientras más busquemos y esperemos que estos sentimientos surjan, más los experimentaremos como expresión de la gracia. La gratitud reta nuestro estado defensivo, filtrándose a través de las aberturas de nuestra armadura, como una de esas flores delicadas, pero tenaces, que crecen en la grieta del pavimento. Al dejar de preocuparnos, somos sorprendidos por un regalo de la naturaleza o un acto de bondad, y recordamos que existe vida más allá de nuestras paredes. La gratitud puede ser realmente una gracia salvadora.

“La oración es la contemplación de los hechos de la vida desde el punto de vista más elevado”, dijo Emerson. “Es el soliloquio de un alma que siente reconocimiento y júbilo”. Esta conciencia es la esencia de la gratitud, una celebración plena que nos eleva, nos transforma y nos llena de energía.

Cuenta tus bendiciones

Cuando niños, muchos de nosotros aprendimos a cantar un himno de la escuela dominical que decía:

"Cuenta tus bendiciones.
Nómbralas una a una;
cuenta tus muchas bendiciones,
mira lo que Dios ha hecho".

Éste es un consejo excelente. Despertar por la mañana y quedarnos acostados tranquilos por un rato, simplemente sintiendo agradecimiento por las cosas maravillosas que podemos recordar, prepara nuestras mentes y nuestros corazones para el nuevo día. O tomar tiempo después de acostarnos para recordar las bendiciones que el día nos ha traído. Hacer una pausa en cualquier momento y decir: “Gracias, Padre”, por alguna bendición específica, sustenta y fortalece el alma.

Un espíritu de alabanza y acción de gracias es algo vital e indispensable para nuestras vidas diarias. No importa quiénes seamos, dónde estemos, la hora o la ocasión, siempre tenemos algo por lo cual estar agradecidos.

Con corazones perceptivos, podemos ver que Dios nos otorga mucho más bien del que necesitamos para nuestra existencia. La mera necesidad de abrigo es enriquecida con calidez y comodidad. El alimento que nutre nuestros cuerpos, también deleita nuestros paladares, a veces, es servido bellamente y, a menudo, es enriquecido con una conversación interesante en familia.

La luz, el aire y el agua pueden ser una necesidad, pero ¿y la canción que canta una noche de verano? La lluvia apaga la sed de la tierra y produce cosechas abundantes, pero ¿y los colores y fragancias de las flores que también son alimentadas por el agua? Éstas son adiciones encantadoras de la vida que derraman belleza y nos maravillan.

Mira tus necesidades y ve lo simples que son comparadas con tus bendiciones. Toma tiempo para enumerar todas las cosas buenas que tienes. Descubrirás que existe muchísima más belleza y muchísimo más bien en la vida que simplemente satisfacer propósitos prácticos. La mano generosa de Dios esparce regalos abundantes sobre el mundo entero, en cada vida, tocando con gracia y generosidad cada alma receptiva.

Las palabras que utilices en tu oración de acción de gracias no son importantes. Lo que es importante es que reconozcas tus bendiciones y sientas gozo y gratitud. Al tomar cada vez más conciencia del amor, la bondad y la beneficencia de Dios, te invadirá un sentido de gratitud tan edificante y abrumador, que las palabras y los sentimientos se unirán en un resplandor cálido de alegría y euforia. Descubrirás que el agradecimiento te saca de la depresión y la duda, y remonta tu alma a las alturas del gozo y la seguridad espirituales.

El bien en tu vida se expande proporcionalmente a medida que aprecias tus bendiciones y das gracias por ellas. La alabanza y la acción de gracias te harán más consciente del bien a tu alrededor, y tus pensamientos y oraciones se expandirán para incluir a otros. Sentirás la armonía divina con los demás a medida que alabas mentalmente el bien que ves en ellos;  porque nuestros espíritus siempre responden a lo que es bueno y verdadero en las personas y circunstancias.

Contar tus bendiciones te recompensa de maneras infinitas. Cuando comienzas a reconocer tu bien y das gracias por él, lo encontrarás en lugares inesperados. Al abrir tu corazón y tu mente a Dios, el bien vendrá a ti en cada experiencia y de cada persona. 

¿Cuál es tu titular?

por Shawna Todd

Imagina una foto tuya en la portada de una revista. Adentro, hay un artículo detallado de cuatro páginas acerca de ti, con fotografías. ¿Cuál sería el titular?: “¿Una mujer joven atribulada ante tantas responsabilidades?” “¿Padre no viene a otra reunión familiar?” ¿Qué dice el titular acerca de ti?

Imaginar que nuestras vidas están a la luz pública nos ofrece discernimientos poderosos acerca de aquello en nuestras vidas que nos hace sentir bien y lo que deseamos cambiar inmediatamente. Por medio de la visualización e imaginación surgen nuevas posibilidades. Orar y meditar guían nuestros pasos para hacer surgir un nuevo titular. Junto al Espíritu divino podemos cocrear nuevos titulares.

¿Cuál será tu titular en tres meses? ¿Seis meses? ¿Un año? Tal vez sea: “Una mujer pasa su día completamente serena” o “Un hombre creativamente pasa más tiempo con sus familiares y amigos”.

Para comenzar a cocrear tu futuro, primero imagina la vida de tus sueños. Manténte 100 por ciento en el momento —visualízala, siéntela y créela. Puede ser algo como: “Kati recibe su licenciatura y consigue el trabajo de sus sueños”.

Lee las palabras del reporte y acéptalas como reales. Suscita cómo te sentirías al recibir tu licenciatura y comenzar un nuevo trabajo. Haz una imagen mental de cuando recibes tu diploma, en tu fiesta de graduación o en tu escritorio en el nuevo trabajo. Luego, haz preguntas. Acude a tu interior y dialoga con Dios. Pregúntale: Dios, ¿cómo hago para crear esta nueva realidad? ¿Cómo puedo prepararme para llegar a vivir la historia de este nuevo titular? ¿Cuáles son los pasos que he de dar? Finalmente, siente agradecimiento por poder vivir la vida anunciada en el titular. Con Dios, podrás crear la vida de tus sueños. 

Una meditación de gratitud de parte de Unity

 

 

Lleva una vida noble

por Rev. Joan Gattuso

Cuando  haces un inventario de aquello por lo cual sientes agradecimiento, tu fe aumenta.

Durante la temporada festiva, es sagrado y noble buscar maneras de ser una bendición para los demás, reconocer las maneras grandes y sutiles como otros han enriquecido nuestras vidas. Tener una actitud de gratitud siempre nos atraerá cada vez más aquello por lo cual podemos sentir aprecio.
Piensa por poner tu relación con Dios de primero en tu lista. Sin mi relación con Dios y las leyes espirituales, yo hubiera perdido mi camino y mi fe hace mucho tiempo.

Recientemente visité a una prima lejana quien estaba en las últimas etapas de esclerosis lateral amiotrófica o ELA (también conocida como la enfermedad de Lou Gehrig). Ella y su familia sienten mucho amor unos por otros y están agradecidos por cada día que pueden pasar juntos. Durante mi visita, los ojos de mi prima todavía brillaban cuando reía, aunque ya no podía moverse ni hablar. Como seres espirituales no debemos sentir lástima por otros seres en esas circunstancias, mas necesitamos demostrarles compasión y compartir nuestra gentileza con ellos. La lástima nos separa del sufrimiento de los demás, mientras que la compasión abre nuestros corazones y nos vincula a esa persona.

Cuando practicamos la gratitud, aprendemos a dar gracias por todo. Aun durante esos acontecimientos en nuestras vidas que parecen ser desagradables revelarán una bendición oculta para nosotros—si la buscamos.

Miremos, por medio del lente de la gratitud, a todas las personas en nuestras vidas y celebremos los gozos obvios a medida que también descubrimos los ocultos. No existe mejor manera de pasar nuestro tiempo en silencio que reflexionar acerca de las razones que tenemos para estar verdaderamente agradecidos.

Mi corazón se expande con gratitud cuando medito en aquello por lo que siento agradecimiento en mi vida. Mi esposo David es el primero que viene a mi mente. Estaré por siempre agradecida por su llegada hace 23 años. Continúa siendo un gozo disfrutar de esta relación personal, en la cual compartimos nuestro viaje espiritual, intereses y estilo de vida.

La siguiente y maravillosa bendición es ser la única hija de padres quienes me amaron, me motivaron y me dieron ánimo. La profundidad de mi gratitud no conoce límites para con ellos.

Mi mente ahora va hacia mis amigos y maestros espirituales, quienes apoyaron mi despertar espiritual. Siento agradecimiento por maestros más recientes que avivaron la llama de la escritora en mí —desde otros autores hasta mi agente literario y los editores e impresores. Mi agente literario es una persona quien expresa una actitud de gratitud y quien, sin decir una palabra, me ha enseñado lo que es ser una persona amable.

Cuando presionamos el botón de “pausa” y reflexionamos acerca de todas las personas que han bendecido nuestro viaje, muchas vienen a la mente. Para mí, mis compañeros de mi clase ministerial y mis amados congregantes, quienes llenan mi corazón.

He aquí unas técnicas para profundizar tu conciencia de gratitud:

  • Siempre mantén a Dios al frente de tu mente y, primero y más importante, da gracias a Dios siempre.
  • Haz una lista de tus seres queridos y envíales una bendición durante tu momento de meditación.
  • Envía una nota de gratitud a cada persona en tu lista.
  • Llama o visita a las personas por quienes sientes profundo aprecio y comparte con ellas tu gratitud. Como lo dice una canción: “Baña con a amor a las personas que amas/Exprésales tus sentimientos”. ¡Qué diferencia más grande harás en sus vidas y en la tuya!

Un cambio importante en la conciencia mundial se produciría si enviáramos tal amor y pensamientos de gratitud a nuestro hogar, lugar de trabajo, iglesia, comunidad, estado y el mundo. Colectivamente tenemos el poder para cambiar la conciencia y transformar al mundo mediante la expresión de nuestro amor y gratitud.

No esperes para dar gracias

por Martha Smock

Al evaluar tu vida, ¿deseas que sea diferente o mejor?

Cuando estableces el hábito de dar gracias, das un gran paso para tener la vida que deseas.

No des gracias solamente cuando tus oraciones sean contestadas. No des gracias sólo cuando las cosas sean perfectas. Da gracias ahora mismo, ante las circunstancias actuales, ante las condiciones que estás enfrentando en este momento. Da gracias por la vida; da gracias por el día ante ti. Da gracias por las oportunidades de aprender y crecer.

Tu actitud de gratitud te levanta por encima de cualquier depresión, por encima de cualquier sentimiento de soledad.

Da gracias a Dios y acoge la vida con un espíritu agradecido.

Afirma de corazón: Aquí estoy, Señor. Abro mi corazón a Ti. Te ofrezco mi vida. Vengo a Ti con gozo y agradecimiento. Guíame, bendíceme, dirígeme con Tu luz.

Actitud de gratitud I

por Rev. Kelly Isola

He escuchado muchas veces la frase: “Demos gracias a Dios en todo”. Mas debo confesar que a veces me he preguntado en silencio: “¿En serio?, ¿en todo?” Yo no sé si le ha pasado a alguien más; pero yo he conocido personas y pasado por ciertas experiencias donde el dar las gracias o ser agradecido no entró en mi radar.

Es durante estas ocasiones que acepto la invitación de volver a tener un corazón agradecido, y aun más, acepto volver a tener una conciencia de gratitud.

Hace mucho tiempo, cuando yo estaba recién salida de las calles de la adicción, un ser querido me animó a notar las cosas por las cuales yo sentía agradecimiento como parte de una práctica espiritual. En ese momento me pareció bastante fácil, tenía un techo donde cobijarme, estaba limpia, estaba empezando a tener amigos desinteresados y no estaba sola sufriendo en silencio.

Cuanto más tiempo permanecía libre de drogas, más libertad experimentaba, física, mental, emocional y espiritualmente. Sin embargo, lo que yo no esperaba era la gran responsabilidad que requería esta nueva libertad; no sólo para con mi vida, sino también para con los demás en el mundo. Así fue como llegué a conocer la gratitud.

Mientras más me recuperaba de la adicción, más podía escuchar cómo el sentido de responsabilidad me instaba a reconocer y dar gracias por aquello en la vida que no me gustaba, ¡o que inclusive aquello que odiaba! Al principio no pude comprenderlo. De manera que le pedí a un ser querido que me ayudara y él me dijo: “Kelly, la gratitud es decir ‘gracias, Dios’, y permíteme decirte lo que significa para mí”. Yo no me sentía muy agradecida, mas decidí confiar en sus palabras.

Actitud de gratitud II

por Rev. Kelly Isola

Por un largo tiempo practiqué este consejo cuando encontraba que me estaba volviendo a centrar en mí misma. Lo practiqué cuando me sentía desesperada, sola, frustrada y furiosa. Lo que descubrí con esta práctica es que no puedo experimentar la libertad o la plenitud de la vida si siento animosidad por algo o alguien. Entendía que para poder ver la vida de manera diferente, tengo que amar aquello que está delante de mí. Una vez que amas algo todo se desenvuelve con gracia y de manera ordenada, como cuando extiendes un mantel de lino recién planchado.

No era suficiente reconocer y dar gracias por aquello en mi vida que me gustaba; tenía que acogerlo todo, amarlo todo. Tenía que evaluar aquello que no me gustaba y apreciarlo, inclusive aceptarlo con maravilla; como haces cuando te tratas de acercar a una mariposa. Admitir aquello que no me gustaba o deseaba en la vida se convirtió en un tipo de gravitación que me introdujo cada vez más en la red de la vida. Por tal razón es que la gratitud es una herramienta tan poderosa e irresistible; nos recuerda nuestro lugar en este mundo, en el universo.

Ahora sé que esos días en los que digo: “Gracias, Dios, y permíteme decirte lo que significa para mí”, son días en lo que me comprometo a la acción, a conectarme con el mundo fuera de mí. Dichos días conllevan libertad y responsabilidad. Me recuerdan que aquello que hago hace eco en el mundo, y que toda la vida escucha y presta atención. Dicho eco me une a todo, y le muestra al mundo el significado de mi vida. ¡He aquí donde yace mi gratitud!

El poder de la gratitud I

por Peter A. Stilla

Qué haces cuando algo bueno sucede en tu vida? ¿Das gracias a Dios?  Lo que muchos descubrimos en esas ocasiones es que el mero hecho de recibir no nos da felicidad, es la acción de expresar gracias lo que añade a nuestra alegría.

La gratitud es una fuerza poderosa en nuestras vidas; sin embargo, no la usamos tan a menudo como debiéramos. Es típico en nosotros expresar gratitud por bendiciones tales como recibir un aumento de sueldo o terminar con éxito un proyecto. Sin embargo, tal vez no expresemos aprecio con regularidad en otras ocasiones: antes de que nuestras oraciones sean contestadas o sencillamente por las bendiciones secillas que recibimos cada día.

Tal vez te preguntes, ¿acaso no es la gratitud una respuesta a algo bueno? Sí, sin embargo, ella también es mucho más. La gratitud es productiva. Más que un acto de cortesía, expresar gratitud es una práctica que enriquece nuestra espiritualidad. Es una manera de vivir y de expresar nuestra fe. Dar gracias demuestra la comprensión de que Dios te ama y que todos los sucesos de tu vida tienen la intención de bendecirte y de desarrollarse para tu bien.

La gratitud es una de las llaves espirituales supremas, la cual abre la puerta al gozo y la satisfacción perdurables. ¡Y lo mejor sobre la gratitud es que produce aún mejores cosas por las cuales estar agradecidos!

Un método maravilloso para usar la gratitud de un modo espiritual y productivo es el dar gracias a Dios cada día por lo que ya tenemos. Puede haber veces cuando tendemos a tomar nuestras bendiciones por sentado y anhelamos lo que parece faltarnos —pero encontramos que eso no es una actividad espiritual beneficiosa. De hecho, ella puede causar descontento.

Cuando miramos alrededor y vemos las muchas maneras como Dios ha bendecido la Tierra y la vida en ella, comprendemos lo mucho por lo que debemos dar gracias. Tenemos hermosos atardeceres, bellos lagos y playas, montañas que nos causan asombro, variedad de fauna, los colores brillantes de otoño, amor y risa con familia y amistades, y tantísimo más. Dios ha bendecido a cada uno de nosotros con todas esas cosas para enriquecer nuestras vidas y mostrarnos la profundidad de Su amor.

El poder de la gratitud II

por Peter A. Stilla

Aun cuando la vida parece turbulenta, puedes encontrar algo por lo cual dar gracias. En medio de un reto, descubrirás que expresar gracias es muy provechoso.

Si necesitas curación, puedes dar gracias a Dios por la vida divina en ti, la cual es una fuente de salud y energía renovadoras. Al dar gracias incluso por la menor señal de curación, abres el camino para mayor actividad sanadora. Si enfrentas una dificultad financiera, puedes dar gracias a Dios por ser la fuente de provisión que satisface toda necesidad. Las ideas prósperas de Dios llenan tu mente y te guían a nuevas bendiciones. Cuando te sosiegas y consideras que Dios es tu ayuda infalible en toda circunstancia, no puedes menos que sentir que la gratitud surge en ti.

Si sientes ansiedad, da gracias a Dios por permanecer en ti como paz y la serenidad que te llenan de aplomo y confianza para afrontar toda situación. Si tu vida parece caótica, da gracias a Dios por ser tu fuente de orden divino, y observa cómo las circunstancias comienzan a volver a ser ordenadas. Al expresar gracias a Dios en todas esas situaciones, abres tu mente a Dios y permites que Su bondad fluya en tu vida.

Tal vez encuentres más difícil expresar gratitud en ciertas situaciones, o cuando tu oración todavía esté por ser contestada. En esos momentos, puedes encontrar ánimo en la Biblia: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también” (Filipenses 4:6).

Toma tiempo para orar y, al hacerlo, expresa gratitud anticipadamente y aguarda con fe. Recibirás la seguridad de oración contestada y, aunque ella no llegue de la manera esperada, ten la seguridad de que será una bendición.

Tienes a tu disposición un poder maravilloso: la gratitud. Al mantener y expresar una actitud de aprecio, cultivas la conciencia de Dios como una presencia activa y amorosa en tu vida, y el bien será el infalible resultado de tus oraciones. Da gracias ahora y espera las bendiciones de Dios.

Gracias Señor

El arte de vivir

por Rev. Carla McClellan

Artículo de La Palabra Diaria

Las personas buscan mentores para sus vidas por una infinidad de razones: una enfermedad, un cambio de carrera o un proyecto nuevo. Algunas personas buscan encontrar el propósito de sus vidas. Mas todas desean una relación más significativa con su ser auténtico, con sus seres queridos y una conexión más profunda con lo Divino.

En cierto momento de la vida, nos damos cuenta de que estamos haciendo nuestra existencia más difícil de lo que tiene que ser. Nos sentimos frustrados, resentidos o desalentados. Tal vez, no experimentamos el gozo de vivir o pensamos que no tenemos suficiente tiempo, dinero, amor o creatividad para cambiar nuestra situación. Pareciera que hemos perdido nuestra pasión o entusiasmo para hacer nuestros sueños realidad.

En las sesiones de asesoría de vida, vemos  la vida como “la Trayectoria de un Héroe”, siendo el Héroe esa parte en nosotros que se mantiene constante y con valor a pesar de lo que esté ocurriendo a nuestro alrededor. Es nuestro ser auténtico, la esencia de lo que somos —aparte de nuestra personalidad o del drama que a veces es parte de nuestras vidas. El Héroe, un término usado por el filósofo Joseph Campbell, es un arquetipo de aquello que hace que sigamos adelante.

Gracias a unos pasos sencillos, puedes redescubrir al Héroe en ti y sentir más gozo, plenitud y satisfacción en tu vida. Primero: comienza por preguntarte: ¿Estaría bien si mi vida fuera más fácil? Hacerte esta pregunta tal vez te haga reír. Reír hace que nos conectemos nuevamente con nuestra esencia divina. Hacer ciertas preguntas nos ayuda a iniciar nuestra jornada interna.

Luego pregúntate: ¿Estoy dispuesto a ser auténtico? Reconoce esas cualidades que tienen profundo significado para ti y que son importantes en tu vida. Por ejemplo: Estoy dispuesto a ser valiente y afable, creativo y amable cuando interactúe con las personas hoy.

Tercero: comienza a observar en vez de analizar tu vida. Cuando analizamos, perpetuamos la conversación que nos ha impedido progresar. Mas, cuando observamos, nos damos la oportunidad de discernir lo que está sucediendo y actuamos sabiamente.

Cuarto: Estás dispuesto a decir “sí” a lo que es, aun a esas situaciones que te molestan. Al decir “sí”, aceptas los hechos consciente de que no tienen poder sobre ti. La aceptación te abre al campo de las posibilidades, donde podemos ver las oportunidades ante nosotros. Dag Hammarskjold, quien estuvo encargado de Las Naciones Unidas, una vez dijo: “A todo lo que ha pasado, le digo: ‘Gracias’. “A todo lo que está por venir, le digo: ‘¡SÍ!’”. Decir sí cambia la energía de nuestros cuerpos y nuestro valiente corazón se abre para expresar algo creativo y diferente.

Gracias a nuestra disposición, autoreflexión, y aceptación, somos capaces de actuar auténticamente y de tener vidas llenas de significado, valor y posibilidades.

Una gratitud verdadera

por Peter Bolland

Cómo un lápiz se convirtió en la varita mágica que rompió un hechizo tras otro.

Tenía que hacer algo. Tenía que cambiar mi mente. No podía seguir andando arduamente por el mismo camino desgastado; estancándome como el agua que queda atrapada en un canal sin quererlo. Necesitaba cavar un canal nuevo, pero no encontraba la pala.

Obligarme a mí mismo a tener nuevos pensamientos simplemente no funcionaba. No se pone fin al condicionamiento habitual tan fácilmente.

Necesitaba tomar acción.

Comencé a hacer anotaciones en un diario de agradecimiento.

Durante un año, me levantaba todas las mañanas para sentarme con mi página en blanco y un lápiz. Escribía: "Me siento agradecido por...", y esperaba. A veces me tardaba un poco, pero siempre se me ocurría algo. Aunque no lo sintiera tanto, lo escribía de todas formas. La acción precede a la transformación interior.

A menudo escribía sobre las mismas cosas —mi esposa, mi trabajo, mi hogar. A veces se colaban momentos fugaces —el color del cielo, el vuelo de un colibrí, el olor de la sopa de cebolla francesa.

Era fácil algunos días. Y difícil otros días. Hasta que comenzó a tomar control cierta tenacidad, una perseverancia resistente. No me las iba a jugar con esto. Mi ego estaba de por medio. Hacía, pues, lo que fuera necesario.

Semanas después, algo comenzó a cambiar. Esperaba deseosamente mi escritura mañanera. Era una oportunidad para declarar, para decir la verdad sencilla sobre la vida que llevo, para proclamar y recopilar evidencia de que la vida tiene valor infinito y rebosa de tanta belleza como para robarnos el aliento. Es bien raro que uno pueda decir cosas auténticas. Generalmente, la gente frunce el ceño ante ello durante conversaciones educadas. Los demás te miran como si estuvieses borracho.

Meses después, comencé a notar un cambio más profundo y sutil. La práctica diaria de escribir ejemplos precisos de gratitud me hizo mirar mis experiencias con otros ojos. En mi día a día, rastreaba la periferia —como un depredador— en busca de belleza, gracia y generosidad en el mundo; cosas por las cuales estar agradecido. Como tenía una asignación de escritura en pocas horas, me mantenía vigilante —con mis ojos bien abiertos— en busca de la abundancia. ¿Y saben lo que ocurre cuando se busca algo? Se encuentra.

Éste es el poder secreto del diario de agradecimiento. A final de cuentas, el cuaderno no importa, pues es sólo las sobras tras el festejo. No es el producto lo que te cambia —es el proceso. El diario de gratitud es sólo una herramienta, una pala para cavar un nuevo canal en el que pueda fluir la mente agitada.

Antes de anotar mis agradecimientos en un cuaderno, pasaba horas entre preocupaciones y miedos, convencido de que me tenía que proteger ante las arremetidas inevitables de un mundo indiferente y navegar un mar de seres humanos ligeramente peligrosos, todos trabajando por objetivos contrarios. Vivía con estrés. Tras escribir en mi diario de gratitud por un año, se reprogramaron estos antiguos hábitos de pensamiento. Se me cayeron las escamas de los ojos, y comencé a ver el mundo como un campo de posibilidades infinitas —un hogar caritativo, hermoso, que nutre, y está lleno de personas creativas, todas trabajando hacia el bien según mejor lo entienden.

Yo no cambié al mundo. Cambié la manera cómo veía al mundo.

Y entonces ocurrió el cambio final, más sutil e importante. Surgió un entendimiento desde la médula de mis huesos. Con la autoridad de mi propia experiencia, llegué a conocer algo que antes solamente sospechaba o había leído indirectamente en los grandes clásicos de espiritualidad, como el "Canto de mí mismo" de Walt Whitman. Llegué a conocer que yo era uno con la fuente sagrada de todas las cosas, un miembro integrante de una red interconectada del ser. Hice las paces con las paradojas y declaré un armisticio perpetuo conmigo mismo. Mi confusión conflictiva dio paso a una confianza serena. Mi expresión facial de ansiedad dio paso a una sonrisa. Comencé a reír más fácilmente y a llorar más profundamente. La luz regresó a mis ojos. Dejé ir la necesidad de controlar, la cual nació del miedo de que no hay suficiente. Volví a mi hogar en mí mismo, y descubrí que era un lugar muy bueno para vivir.

¿Quién hubiese imaginado que un lápiz y un papel pudieran lograr todo esto? 

Cómo dar gracias

por J. Sig Paulson

Expresar gratitud por medio de la alabanza y la acción de gracias en cualquier área de nuestras vidas produce resultados inmediatos.

A la imagen y semejanza de Dios

Según la Biblia, todos nosotros hemos sido creados a la imagen y semejanza de Dios. Nuestro ejercicio de gratitud comenzará con las palabras: Alabo y doy gracias por la imagen de Dios en mí.

No puedes repetir estas palabras con sinceridad por mucho tiempo sin sentir que un fluir de energía eleva todo tu cuerpo. Y, quizás por primera vez, comenzarás a apreciar quién y qué eres. Aunque puedas haber sepultado a tu ser real, tu identidad, en el lodo de la condenación y la ingratitud, éste pronto responderá a tus palabras, pensamientos y sentimientos de gratitud expresados por medio de la alabanza y la acción de gracias.

Para un enfoque refrescante al orar por otros, utiliza el mismo ejercicio de gratitud de la siguiente manera: Alabo y doy gracias por la imagen de Dios en ti.

La mejor ayuda que podemos dar a otro ser humano es reconocer con gratitud su verdadera identidad. Este ejercicio de aprecio, llevado a cabo en silencio y con sinceridad, a menudo cambia para bien la vida de la otra persona.

Jesús dijo que somos la luz del mundo. Pon a prueba este ejercicio: Alabo y doy gracias por la luz del mundo que soy y por mi habilidad siempre en expansión de permitir que mi luz resplandezca.

La práctica consistente de este ejercicio eliminará la oscuridad de la mente, el corazón, el cuerpo, los asuntos y llenará tu ser y el mundo de luz. Te será fácil hacer los cambios necesarios a esta afirmación para ayudar a que la luz llegue a la vida de otra persona.

El apóstol Pablo nos dijo que después que descubrimos nuestra identidad real, dejamos de permitir que el mundo de las apariencias nos arrolle y nos convertimos en un espíritu dador de vida.

A continuación una afirmación con la cual comenzar: Como espíritu dador de vida, alabo y doy gracias por poder estimular todos los centros que distribuyen la vida y la salud en mi mente, cuerpo y corazón.

O: Como espíritu dador de vida, alabo y doy gracias por poder liberar la energía de vida eterna en todo lo que me concierne. Cambio gozosamente mi manera de pensar, mi corazón, mi trabajo, mis relaciones personales y todo mi mundo gracias a la corriente de vida refrescante que distribuyo.

Y no te detengas contigo mismo: Como espíritu dador de vida, puedes enviar una corriente de vida llena de energía a la experiencia de otra persona.

Dite a ti mismo: '¡Gracias!'

por Cheryl Russell

La palabra "gracias" lleva consigo elegancia y sencillez. Crecí con las enseñanzas de Unity, y sé que tener una conciencia de gratitud es la esencia de mi ser. Tan así, que dar gracias es un valor fundamental en la declaración de mi misión personal —crear un estilo de vida de elegancia simple. Gracias es mi brújula, el latido de mi corazón, mi modo de vivir. Gracias es mi mantra, mi oración elegante y sencilla. Mientras más exploro el arte de dar gracias, más descubro su potencial infinito para cambiar vidas.

Mi fe en Dios y mi corazón agradecido han manifestado viajes alrededor del mundo, carreras gratificantes y lugares mágicos para vivir. Sin embargo, a temprana edad, tuve retos de salud. Mi cuerpo sufrió cirugías, accidentes de tránsito y enfermedades de uno u otro tipo. Incluso me salían magulladuras para las cuales no tenía explicación.

¿Qué era lo que no estaba entendiendo? En mis oraciones, le agradecí a Dios por mi vida y utilicé afirmaciones positivas para mi salud. ¿Qué más podía hacer para apoyar un mejor estado de bienestar para mi cuerpo, mente y espíritu? ¿Estaría en el poder de dar las gracias la respuesta para una mejor salud? Decidí hallar la contestación llevando a cabo un simple experimento. En vez de actuar con rabia, o como si nada hubiese pasado, ¿qué tal si me detenía en el momento en que tuviera una herida, sin importar cuán pequeña o grande pareciera? ¿Qué tal si reconocía la parte herida de mi cuerpo diciendo gracias? ¿Podría el dolor o la magulladura ser menor, o incluso ya no estar ahí?

Mi primer experimento ocurrió en medio de la noche. Me levanté de la cama, caminé hacia el marco de una puerta y me golpeé la nariz. De vuelta en la cama, me froté las manos y las puse sobre mi nariz. Le pedí disculpas y le di las gracias repetidamente por todo lo que hace por mí. A la mañana siguiente, no había magulladura ni dolor. ¡Nada!

¿Suerte de principiante? Quizás. En la siguiente ocasión, me encontraba en un salón de belleza cuando el abanico de techo se cayó y me dio un golpe en el antebrazo. Cuando la gente se acercó a mí, yo estaba dándome palabras de alivio y agradeciéndole a mi antebrazo. Nuevamente, no había magulladuras. No había dolor. Desde entonces, rara vez tengo moretones.

Las respuestas de mi cuerpo a los experimentos dieron pie a un nuevo capítulo en ThankYouology ("Gratitudlogía") —mi filosofía sobre el arte de dar gracias con pensamientos, palabras y acciones para transformar vidas. Noté que, mientras más le daba las gracias a mi cuerpo, más me respondía, y con mayor energía y vitalidad. Descubrí que dar las gracias a mi cuerpo me ancla en el momento presente y recibo más de la gracia de Dios. Sentir agradecimiento por mi cuerpo me mantiene enfocada en sus regalos divinos, en vez de en los síntomas que quizás esté experimentando. Siempre me ha asombrado la magnificencia de Dios en mi mundo externo. Ahora expreso esa misma reverencia hacia mi cuerpo; lo denomino "BodyThankYouology" ("Gratitudlogía del cuerpo").

Comenzamos con nuestros pensamientos; tenemos miles todos los días. ¿Cuántos pensamientos de aprecio le estás enviando a tu cuerpo? Considera lo que está escrito en Proverbios: "Porque cuales son sus pensamientos íntimos, tal es él". Buda declaró: "Nuestra vida es la creación de nuestra mente". La Peregrina de Paz lo resume de la siguiente manera: "Si te dieras cuenta de cuán poderosos son tus pensamientos, jamás albergarías un pensamiento negativo".

Sin importar cómo te sientas en este momento, ¿cuáles son tus pensamientos acerca de tu cuerpo? ¿Estás agradecido por todo lo que hace por ti? ¿Aprecias tus células, tus huesos y tus órganos tales como tu hígado? …

Puedes divertirte teniendo pensamientos de gratitud acerca de tu cuerpo con esta simple sugerencia: Haz una lista, desde la A hasta la Z, de adjetivos que comiencen con la misma letra que cada parte de tu cuerpo. Por ejemplo: brazo bonito, cerebro capaz, hígado hermoso. Utilizar adjetivos descriptivos aumenta el poder de tu agradecimiento hacia tu cuerpo y sus funciones. Una vez hayas creado tu lista de adjetivos de la A a la Z, utilízala para elogiar tu cuerpo con afirmaciones de gratitud. Un ejemplo simple es: "Gracias, corazón contento". Recita tus afirmaciones personalizadas en cualquier actividad, como caminar, subir las escaleras, conducir el automóvil y realizar tareas domésticas. Canta tus afirmaciones de agradecimiento si sientes hacerlo.

Si disfrutas de escribir poesía, intenta crear rimas de gratitud como ésta: Gracias a mi páncreas precioso y gracias a mi mirada maravillosa —¡valen mucho más que el oro!…

La Biblia no asegura que "para Dios todo es posible". Dios es la Fuente de todo lo que es y el poder creativo que lleva a la manifestación. Mientras más podamos darle las gracias a nuestro cuerpo, mente y espíritu, más podremos expresar nuestro agradecimiento a otros. Cuando apreciamos a otros, experimentamos un amor y un respeto más grandes en nuestras relaciones. ¡Imagina eso! 

Atrapando la gratitud

por Rev. Ruth Wallace

La gratitud, al igual que la ley de atracción, es una de las fuerzas más poderosas en el universo. Cuando sentimos gratitud, sentimos amor, gozo, aprecio, humildad y paz. También atraemos aún más experiencias en nuestras vidas por las cuales sentir agradecimiento.

Mucha gente cree que Dios nos envía constantemente abundantes bendiciones, pero en verdad, Dios es la abundancia. Cuando pedimos algo, sencillamente extraemos parte de la abundancia de Dios. Nuestro trabajo no es manifestar abundancia, sino demostrarla, por medio de la comprensión de que Dios es la abundancia que buscamos.

La gratitud atrae mayor abundancia y tiene efectos maravillosos en nosotros. Cuando estoy agradecida, me siento liviana, puedo vivir el presente. Me olvido de las cosas pequeñas por las que me preocupo, aun de las grandes. Me siento en paz, no pienso en mí misma, sino que pongo mi atención en lo que pasa fuera de mí. Veo lo que me rodea.

Puedo sentarme tranquilamente y observar la naturaleza. Puedo observar las aves y las flores. Ellas llaman mi atención, y agradezco que puedo verlas. Mi gratitud me trae aún más paz y conciencia, y todo sigue progresando a ese ritmo. Mi corazón se abre. Me siento feliz y llena de gozo. Veo el cielo y las nubes y veo que cambian. Sentada a la orilla del océano veo los botes de vela y las aves que se zambullen para pescar comida. El mundo parece etéreo. Soy una con Dios y todo está bien.

La gratitud me pone en contacto consciente con Dios. Cuando siento agradecimiento, la química de mi cuerpo cambia. Aprecio mi vida y toda la gente en ella. Agradezco mi amistad con gente muy cercana a mí que me apoya, mis tiernos lazos de amor con mis nietas y mi trato con mis amigos y colegas.

En este mismo momento, mi corazón canta. Cuando sentimos gratitud, nuestros rostros brillan y nuestros ojos se iluminan. Otros se sienten atraídos a nosotros. Cuando sentimos gratitud, vemos a Dios en todo y en todos. Somos más amables, más gentiles y compasivos. Encontramos las palabras correctas que decir para ayudar a otros.

Cuando estamos agradecidos, creamos un espacio ontológico en el que nos sentimos seguros, un espacio lleno de gracia, paz, amor y gozo. La gente confía en nosotros, la gente disfruta estando a nuestro alrededor. Por ende, atraemos más seguridad, más belleza, más amor y más diversión.

Establecemos conexiones espirituales maravillosas con la gente porque podemos presenciar la esencia de Dios en ellos. Cuando estamos agradecidos, estamos presentes en todo en nuestras vidas. Estamos agradecidos por todo porque vemos a Dios en todo.

Frecuentemente consideramos la gratitud como el resultado de algo. Si alguien hace algo bueno por nosotros, sentimos gratitud. Eso es gratitud pasiva. Yo abogo por la gratitud activa. La gratitud consciente. La gratitud activa es un modo de vivir, un modo de ser. Cuando escogemos la gratitud activa, escogemos cambiar nuestra energía. Estamos usando la ley de atracción para atraer más amor, mejor salud y más abundancia. Estamos cocreando nuestra vida con Dios.

Un modo de sentir más gratitud es por medio de la oración. Pídele a Dios que te muestre cómo confiar. Pídele a Dios que te muestre cómo crear una relación personal afectuosa con un poder mayor que tú. Ora para que tu relación personal con Dios te conforte, te bendiga y sustente. Deja que Dios te ame y te bendiga. Permítete a ti mismo estar consciente de tu bien. Cuando estamos conscientes de nuestro bien, nuestra gratitud comienza a escalar. Según comienzas a practicar la gratitud, serás guiado al próximo paso lógico. El cofundador de Unity Charles Fillmore decía: “Ora y mueve tus pies”. Si no tomamos la acción que hemos sido guiados a tomar, no hacemos nada sino pensar en magia. Nada sucede en la vida hasta que hacemos un compromiso. Infunde tu mente con tu visión. Comprométete a ver tus bendiciones y siente gratitud por ellas.

Un modo de fomentar el poder de la gratitud es mantener un diario de gratitud. Antes de irte a dormir cada noche, anota 10 cosas por las cuales estás agradecido. Ellas pueden ser tan sencillas como “Me desperté”. Damos por sentado muchas cosas hoy día. Este ejercicio nos ayuda a recordar cuán verdaderamente hermoso es el mundo y cómo Dios obra en nuestras vidas cada día.

Muchos de nosotros ponemos más atención al 10 por ciento de las cosas que nos hace infelices, en lugar de ver el 90 por ciento de las cosas por las cuales debemos estar agradecidos.

Trata de reversar eso. De las cosas por las cuales sientes agradecimiento haz un a lista de 10 de ellas con los siguientes encabezamientos: salud, posesiones materiales, relaciones personales, crecimiento espiritual y personal y expresión creativa. Concentrándote en estos aspectos, invocas la ley de atracción y comienzas a atraer aún más bien.

Luego mira el lado tu vida que incluye las áreas de los problemas, las cosas que deseas cambiar. Anótalas, pero en lugar de verlas como problemas, mira las bendiciones en ellas. Si no puedes ver el bien, entonces pídelo, o si es necesario, exige ver la bendición. Esto es lo que Jacobo hizo cuando luchó con el ángel de Dios. Él no soltó al ángel hasta ser bendecido. Puedes hacer lo mismo. Según comienzas a ver la bendición en cada una de tus áreas de “problemas”, anota la bendición. Te sorprenderás de cuántas encontrarás.

Para escribir un diario con esas anotaciones, recomiendo que uses un lápiz y tres hojas.

Siéntate en un lugar tranquilo y acude a tu interior. Pon música suave si así lo deseas.

Cuando estés listo, comienza a escribir las cosas por las cuales sientes agradecimiento y cómo te sientes al escribirlas. No dejes de escribir hasta que hayas llenado las tres páginas. Cuando hayas terminado, sentirás el poder de la gratitud.

Practica la gratitud diariamente y tu vida cambiará en modos que nunca imaginarías.

¡Descubre la hermosa vida que ya tienes, aquí mismo, ahora mismo!

Lleva un amigo al trabajo

por Rev. John Considine

Artículo de La Palabra Diaria

Si ustedes son como soy yo, les encanta el sentimiento que brinda un servicio dominical: la música inspiradora, el mensaje edificante, las oraciones, compartir la experiencia de la presencia de Dios. Mas luego viene el lunes, y regresamos al estrés y demandas del trabajo. “De regreso a la realidad”, dice la gente. ¿No sería grandioso si pudiéramos llevar al trabajo el lunes la experiencia que tuvimos el domingo?

He aquí unas cuantas ideas para sentir la presencia divina cada día:

El lunes por la mañana, al llegar a tu trabajo y antes de comenzar tus labores, toma un momento para dedicar el día y la semana a fomentar tu relación con Dios. Puedes orar El Padrenuestro o sencillamente decir: “Permanece conmigo, Dios”. Puedes escoger la oración que desees, mas lo importante es tu intención. Decide permanecer consciente de la presencia divina toda la semana.

Si usas una computadora, pon un recordatorio de Dios en tu pantalla. No tiene que ser de carácter religioso. Puede ser una frase tal como: “Dios me bendice y bendice mi trabajo hoy”. Si no usas una computadora, escribe la frase en un pedazo de papel y ponla en tu área de trabajo.

Cuando veas a tu jefe, di una oración por él o ella. A lo largo del día ora por el éxito del lugar donde trabajas, el de tus compañeros y el de los proyectos a tu cargo. No ores por cambiar a alguien. Ese no es tu trabajo. Ora para que todos se sientan amados y exitosos.

Si enfrentas algún reto o algo hace que te enojes en tu trabajo, detente por un momento y respira profundamente. Di una oración tal como: “Prefiero y escojo sentirme en paz. Gracias, Dios, por devolverme la paz mental”. Repite esta afirmación hasta que hayas recobrado la paz interna.

Estas técnicas te ayudarán a edificar un ambiente espiritual en tu lugar de trabajo,  manteniéndote consciente de Dios cada día.

El poder de la gratitud 

por Margaret P. Willey

La mayor parte de los seres humanos no tienen el hábito de pensar que la gratitud genera poder. Para la mayoría de nosotros, el agradecimiento evoca un sentimiento cálido y placentero, motivado por los beneficios que hemos recibido; es una cualidad digna de cultivar. Tener poder, sin embargo, implica para nosotros la capacidad de hacer o lograr algo. Nos preguntamos: ¿Qué puede hacer o lograr la gratitud? Sin embargo, está respaldada por leyes espirituales, y toda ley espiritual es energía que trabaja a nuestro favor cuando la empleamos adecuadamente.

La gratitud se compone de lo que vemos y sentimos, de ver el bien y sentir una respuesta congruente en nuestro corazón o centro de amor. Ver el bien es ver como lo hace Dios. Es una perspectiva creativa y trae el bien a manifestación. El intelecto puede reconocer algo como bueno sin que haya una respuesta del corazón. Esto, propiamente dicho, no es gratitud, pues le hace falta amor.

He aquí una definición de gratitud ofrecida por el diccionario: “Un sentido de apreciación por los favores recibidos”. La apreciación implica entender que lo que nos han dado es importante; por lo tanto, el verdadero agradecimiento emana cuando comprendemos el espíritu afable que propició el regalo. Esta gratitud verdadera no toma en cuenta el valor externo del regalo, sino el amor que lo motivó, y responde de la misma manera. "Y cualquiera que dé a uno de estos pequeños un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa". …

A medida que vemos el bien, meditamos sobre ello y respondemos desde el centro del amor, se generan poder y energía espirituales. Para que éstos se hagan realidad en nuestras vidas y sean de bendición para otros, necesitamos poner el bien en libertad. Si lo acaparamos, cerramos la vía a mayores beneficios y evitamos su acción en la substancia, lo resulta en un aumento poco significativo. La alabanza es la expresión natural del agradecimiento, a través de la cual liberamos el poder y la energía espirituales que se han generado. 

Mediante la alabanza, que es el resultado de ver el bien, derramamos las fuerzas del gozo, la alegría y la bondad, las cuales tendrán un efecto en las personas que encontremos en nuestro camino, y pondrá en marcha una corriente magnética que llevará una bendición a todos y traerá otra con la ola de vuelta… Así que, con la escalera de la alabanza, podemos alcanzar una gratitud de más altura, un estado elevado de ver y sentir el bien. Para que sepamos que el Padre nos ha dado "toda potestad... en el cielo y en la tierra". Para que podamos traer todo el bien a manifestación.

¡Veo un Nuevo horizonte!

por Gertrude Cramer Williams

Hoy abro mis ojos para ver un nuevo horizonte ante mí, un nuevo mundo. Hoy aprecio la luz del Espíritu. Gracias a Su luz, ahora puedo verme y conocerme como Dios me ve y me conoce. Gracias a Su luz puedo ver y conocer a los seres humanos como Dios los ve y los conoce.

¡Hoy escucho que todo el mundo canta una canción de alegría! Qué maravilloso es darme cuenta y saber que soy la hija amada de Dios. Qué maravilloso saber que en Él yo vivo, amo, me muevo y tengo mi ser. ¡Qué maravilloso es saber que ya soy aquello que he deseado ser y que así es como Dios me conoce! 

Hoy prosigo sin temor hacia el nuevo horizonte ante mí. Me regocijo por estar en la gran aventura de la vida. Sigo adelante con propósito, vitalidad y confianza en mí misma; sintiendo la presencia de Dios conmigo en cada paso que doy, con cada aliento que tomo. Dios es mi guía. Voy por caminos correctos, sé qué hacer y lo hago con confianza en el momento correcto.

Hoy ofrezco mi amor a todos los hijos de Dios, y recibo amor de parte de ellos. A través de los ojos de Dios puedo ver sólo lo bueno.

El nuevo horizonte ante mí se extiende hacia el futuro. Es el horizonte de la Verdad que se desarrolla eternamente, cada vez más glorioso. En la Verdad vivo; en la Verdad crezco. Logro la victoria gloriosa de mi unidad con Dios, mi Padre.

Al centrar nuestros pensamientos en la idea de la gratitud, comenzamos a ver al mundo de una manera nueva, bajo una luz nueva. Nos volvemos receptivos al Espíritu divino y a nuevos comienzos y posibilidades. ¡Qué perspectiva más transformadora y sanadora!

Una actitud de gratitud tiene calidad sanadora, ya que nos ayuda a entregar las preocupaciones, las condiciones y todos los demás aspectos de la vida a Dios. Y, al hacerlo, nuestras mentes y cuerpos son sanados, nuestras relaciones personales son transformadas y nuestras vidas se tornan más apacibles y ordenadas.

Con cada pensamiento de gratitud, profundizamos nuestra receptividad a las bendiciones de Dios. Cuando somos agradecidos, nos armonizamos con Dios y con las muchas maneras cómo la luz, la vida y el amor divinos obran en y a través de nosotros. Al sentir agradecimiento apreciamos la vida desde una perspectiva más alta —una perspectiva sagrada. Vemos las cosas por encima de la percepción humana, y ganamos un nuevo sentido de que todo está bien en nuestras vidas y en las vidas de nuestros seres queridos.

Mas ¿cómo desarrollamos una actitud de gratitud? Miramos a nuestro alrededor y vemos el bien que llena nuestras vidas —incluso las bendiciones más pequeñas. Damos gracias por nuestra salud, nuestros hogares y nuestras familias. Damos gracias por los amigos y las maneras cómo podemos expresarnos mediante nuestros trabajos, nuestra creatividad, nuestra pasión por la vida. Damos gracias porque somos hijos e hijas de Dios y porque vivimos en un universo abundante y próspero.

Con cada pensamiento de gratitud que mantenemos, desarrollamos una actitud más positiva acerca de la vida y nos volvemos más receptivos a la bondad de Dios. Cada pensamiento de gratitud que mantenemos es un bálsamo sanador que transforma nuestras vidas.

A través de las complejidades de la vida

por Dorothy Pierson

Amorosa Presencia,
gracias por Tu caudal
de vida, gozo y bondad.
gracias por ayudarme a comprender
que tengo un lugar y propósito
en Tu plan infinito...
que me llevas por siempre
de la mano y me diriges
a través de las complejidades de la vida.
Hablo contigo, Dios. Escucho interiormente.
Tú hablas a mi mente con sabia
inspiración, con tal naturalidad
y sencillez, que
¡creo que es mi propio pensamiento!
Mas, cuando reflexiono,
veo que no era yo.
¡Eras Tú en todo momento!
Me doy cuenta nuevamente
de que me guías y diriges
cuando escucho.

La gratitud: Un imán para el bien

por Charles Fillmore

Se ha encontrado, por experiencia, que una persona aumenta sus bendiciones al estar agradecida por lo que ya tiene. La gratitud, es un gran imán. Cuando la gratitud es expresada desde el punto de vista espiritual, aumenta poderosamente nuestro bien. La costumbre de bendecir los alimentos antes de comer tiene su origen en el intento humano de utilizar este poder.

Una mujer a quien habían dejado con una familia grande, y sin medios visibles de subsistencia, contó la manera tan maravillosa como esta ley había trabajado para proveer alimento para ella y sus hijos. En su desesperación, ella pidió consejo a alguien que comprendía la ley, y quien le dijo que diera gracias a Dios en silencio por provisión abundante en su mesa —sin importar las apariencias. Ella y sus niños comenzaron a hacer esto y, al poco tiempo, el aumento de alimentos fue tan grande que a veces les costaba creerlo. La familia era proveída con alimentos de manera maravillosa. Y nunca más tuvieron escasez.

Una palabra sencilla de bendición, dicha por algo que tenemos o que podemos concebir como posible para nosotros como hijos del Dios todo proveedor, comenzará a liberar la superabundancia de la sustancia del Espíritu, fomentando nuestra confianza y fe en la providencia de nuestro Padre.

Jesús nos instó a no estar ansiosos acerca de las necesidades temporales sino que oráramos, creyendo, bendiciendo y dando gracias. … Jesús pasó noches enteras en oración. Cada vez que hacía una gran obra o exponía una verdad, él parecía estar pidiendo y agradeciendo al Padre casi al mismo tiempo. La alabanza es un principio activo en nuestros pensamientos espirituales y debe dársele el primer lugar en nuestras demostraciones de gratitud.

Una gran gratitud

por Mary Earls

Era tarde un día de junio en un verano seco cuando un perro apareció en la casa, buscando agua. Encontró un poco en un tobo medio lleno debajo del porche del frente. Era el perro más grande que yo había visto: negro como el carbón y casi me llegaba a la cintura, con un pecho ancho y una cabeza y unas quijadas enormes.

Recuerdo que pensé que toda mi mano le cabía en la boca.

El sitio bajo el porche era sombrío y estaba protegido, y el perro se quedaba allí. Lo veía en la mañana cuando me iba al trabajo. En la tarde, salía cuando yo estacionaba el auto y ponía la nariz en la ventana del auto. La primera vez que esto pasó, me senté en el asiento de adelante, tiesa de miedo, esperando que el perro se distrajera lo suficiente para yo abrir la puerta del carro y correr por los escalones del frente para entrar a la casa.

En algún momento me di cuenta de que el perro no iba a perseguirme. Una dulzura en sus ojos contradecía el mensaje de su poderoso cuerpo. Así que me sentí valiente.

“¡Sal de aquí!” le grité una noche. El perro bajó la cabeza, bajó las orejas y se escabulló a los arbustos al otro lado de la carretera. Pero a la mañana siguiente, estaba de nuevo debajo del porche. Y esa noche me estaba esperando cuando llegué a casa. Pensé que me estaba cuidando, así que comencé a cuidarlo.

Me aseguraba de que el tobo de agua estuviera lleno. De vez en cuando agarraba puñados de comida para perros de la bolsa que tenía para mis dos Bichons y se la echaba debajo del porche. Era una operación furtiva: mi esposo no quería otro perro.

Un viernes por la noche, sellamos el trato. Hicimos bistecs a la parrilla, ensalada, abrimos una botella de vino y observamos al perro observándonos. En ese momento, el perro tenía la nariz en la ventana en frente de la mesa de la cocina. A medida que yo comía, noté que las costillas del perro se le notaban en el pecho. Las plantas de las patas las tenía rotas y sangraban. Tenía moscas en las heridas en los costados.

Me paré de la mesa. “Le voy a dar esto”, dije, y fui al jardín del frente con mi bistec a medio comer. El perro lo tomó, moviendo la cola con energía, y lo devoró en dos mordiscos. Luego me agarró la mano con su boca y la mantuvo allí, suavemente.

“Ése es el perro más grande que he visto”, dijo David. “Me pregunto si podemos meterlo en el auto. Hay un veterinario como a tres millas de aquí”. 

El empleado en la oficina del veterinario nos preguntó el nombre del perro. “En realidad no tiene nombre”, le dije. “Nosotros lo llamamos perro grande”. Cuando recogimos su chapa, decía “Big Dog Earls” (Perro Grande Earls). 

Eso fue hace nueve años. Con unas pocas excepciones, cada día desde entonces Big Dog ha compartido su gozo con nosotros. La gente de Unity a lo mejor dice que es una actitud de gratitud. Yo diría que Big Dog simplemente es gratitud. Su demostración diaria de agradecimiento comienza temprano en la mañana, cuando oye sus palabras favoritas: “vamos a darte de comer”. No importa si lo que tiene en su plato es la comida más cara o más barata. Todo lo encuentra de rechupete.

Big Dog me cuida, y yo cuido de él. Especialmente ahora, que tiene el hocico gris y su paso es lento. “Sabes, él tiene como 77 años en años de perro”, me dijo David la otra noche. Pienso en los escalones que tiene que subir en la casa, lo poco flexible que amanece en la mañana y el momento en el que se echará y no se levantará más.

Hace unos días fuimos al veterinario para la conversación inevitable, para prepararnos para el día en que tendremos que decirle adiós. Cuando ese momento llegue, la transición de Big Dog será sin dolor en agradecimiento por la buena vida que él nos ha ayudado a crear.

“Ustedes sabrán cuando el momento sea apropiado”, dijo Joyce, la asistente del veterinario. “Lo verán en sus ojos”. Todavía no hemos llegado allí, pero el día vendrá tan seguro como que el invierno sigue al otoño. Cuando llegue, habrá muchas caricias, la Oración de Protección de Unity, un momento en el Silencio —y luego cenizas cayendo suavemente en un lugar con sombra y protegido.

A medida que nuestra visita progresaba, mi esposo pensaba en nuestro próximo perro. Fue entonces cuando Joyce dijo: “Deberían ver a un cachorrito rescatado que acaba de llegar. Tiene como 12 semanas de nacido y ya pesa 15 libras —parece una pelota”.

El cachorrito era negro como el carbón, con una cabeza y un pecho enormes, patas grandes y ojos tiernos. Saltó al regazo de David, moviendo la cola. “Se va a casa con nosotros”, dijo David. Le pusimos por nombre Little Big Dog (Pequeño Perro Grande).

Ser agradecido: El acto simple pero poderoso que lo cambia todo

por Bradley Morris 

Es desafortunado ver cuánta gente permite que sus pensamientos negativos y llenos de temor controlen sus vidas y su realidad. La verdad es que todos tenemos el poder para recuperar nuestras mentes y dirigir nuestra energía de una manera positiva, sirviendo tanto a los que nos rodean como a nosotros mismos. La gratitud nos lleva a lograrlo más rápidamente. Es un paso importante para desenredar nuestros hábitos mentales negativos.

Cualquier persona que viva durante toda su existencia sin darse cuenta de que la vida es una experiencia preciosa, milagrosa y única (o sin entender el valor de mantenerse presente con un corazón agradecido), no puede darse cuenta verdaderamente de lo que significa ser amado. Ser amado completamente no requiere que otra persona te ame. Este amor es una presencia que lo abarca todo en el aquí y ahora, y está en dentro de cada uno de nosotros todo el tiempo. Es un estado de receptividad que podemos acoger voluntariamente con un poco de práctica. Cuando vivimos con miedo por el futuro o con melancolía por el pasado, nos lo perdemos. Le pasamos por el lado al milagro del momento con ojos ciegos.

Sin embargo, mediante la gratitud, podemos acceder a la Presencia. Podemos recibir las bendiciones de estar vivos. Al abrir nuestro corazón y alinear nuestras mentes y pensamientos con sentimientos de gratitud, somos testigos del verdadero encanto de la vida. Es una magia indescriptible, única para cada uno de nosotros. Por otro lado, cuando no estamos alineados con la gratitud —cuando nos sentimos como víctimas, quejándonos de lo que ocurre, o culpando a los demás— nublamos nuestra visión y nos perdemos el universo milagroso en su totalidad.

Al aprender a decir "gracias" por todas las experiencias que tenemos, nos movemos desde un espacio de resistencia —en el que nos sentimos como víctimas— hacia un espacio de aceptación, en el cual podemos estar bien con el cambio e incluso acogerlo eventualmente. Este acto sencillo nos permite seguir hacia adelante con nuestras vidas a pasos agigantados. Desafortunadamente, la mayor parte del tiempo estamos tan ofuscados, ya sea evitando el dolor o sobreviviendo el día, que nos olvidamos decirnos a nosotros mismos: ¡Vaya! La naturaleza es una hermosa maravilla. La comida sabe deliciosa. Puedo ser la persona que quiero ser ahora. ¿Qué experiencia quiero tener a continuación?