Los momentos callados de reflexión nos brindan paz y renuevan nuestra energía. Haz una pausa para sosegar tu mente y abrir tu corazón según disfrutas de un momento de conciencia divina.

Perdón

Gracias, Dios, por el regalo del perdón.

Doy y recibo el regalo del perdón, poniendo toda situación dolorosa en manos de Dios. Esto no quiere decir que apruebe lo que sucedió; simplemente que he decidido dejarlo ir. Al aferrarme a experiencias tristes, revivo continuamente el dolor. Mi pasado sólo tiene el poder que yo le dé. Así que no permito que éste me retenga o prevenga mi bien. 

Elijo quitar el peso del dolor emocional de mis hombros y entregárselo a Dios. Escojo soltar resentimiento, la ira y la aflicción. Al dejar ir el sufrimiento pasado, reclamo la vida de paz que merezco hoy. Mi carga se aligera y mi corazón se abre. El perdón me libera para reír, amar y disfrutar de una vida de gozo. ¡Gracias, Dios, por el regalo del perdón! 

Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor. —Apocalipsis 21:4

Gracias Dios por el regalo del perdón