Los momentos callados de reflexión nos brindan paz y renuevan nuestra energía. Haz una pausa para sosegar tu mente y abrir tu corazón según disfrutas de un momento de conciencia divina.

Orar por otros

Afirmo el bien de Dios, sabiendo que todo está bien.

La oración me vincula con la presencia y el poder de Dios en mí y en los demás. Una oración de corazón es el primer regalo que ofrezco a un amigo o un familiar que enfrenta un reto.

Si recibo noticias de que un ser querido necesita oración, comienzo el proceso al alinear mi mente y corazón con Dios. Despierto a la presencia de la paz, salud, abundancia y fortaleza en mí. Mi oración reconoce y afirma estas mismas cualidades en la persona por quien oro. Concluyo mi tiempo sagrado de oración con gratitud, dejando ir cualquier apego a resultados específicos. 

La Presencia divina sabe mejor que yo lo que necesitan los demás, y satisface esas necesidades de la mejor manera posible. Doy gracias por el poder de la oración. 

Hermanos, oren por nosotros. —1 Tesalonicenses 5:25

Afirmo el bien de Dios, sabiendo que todo está bien