Verdades mayores

el ministro Unity visita la prisión de San Quintín y observa de cerca la transformación espiritual en la prisión
por el Rev. Bill Englehart

 

Un vistazo a la transformación espiritual en prisión

A veces encontramos a nuestros maestros en los lugares más improbables.

Hace unos años visité por primera vez la Prisión Estatal de San Quintín, y entré en lo que solo puedo describir como un intimidante castillo de estilo medieval con todo y torres. Recuerdo claramente el sonido metálico que se escuchó como un tolón cuando las puertas de hierro se cerraron tras de mí. Es un sonido que todavía reverbera visceralmente en mí.

Ese fue el primer día de mi trabajo voluntario codirigiendo una reunión de varones dentro de las paredes de esta prisión de máxima seguridad. Cuando accedí a hacer la primera visita, no tenía idea de que mi vida cambiaría.

Una de mis congregantes dirige este grupo y me había preguntado si podía ir con ella a San Quintín. En mi mente, tenía la idea de que le estaba haciendo un favor. Pensé que sería algo nuevo, pero una sola vez sería suficiente. Esperé conocer a hombres enojados con pocos deseos de cambiar. ¿Realmente tenía tiempo para esto? Después de todo, ya estaba lidiando con muchas cosas. Cuando fui, estaba cansado y ansioso, y tenía una larga lista de cosas por hacer para el día siguiente en la iglesia.

Sorprendentemente, cuando llegó el momento de partir esa noche, me desbordaba de energía y me sentía edificado de una forma que no había experimentado en mucho tiempo. A veces encontramos motivación y verdad, así como catalíticos para el cambio, en los lugares más improbables y con las personas que no consideraríamos nuestros maestros.

Dominio de sí mismos y transformación

Contrario al mundo exterior, en la cárcel no hay distracciones verdaderas. ¡No estás revisando tu teléfono celular! No hay manera de escapar tu situación y tus circunstancias.

Aquellos de nosotros que nos movemos con libertad podemos evitar a cualquier persona que nos disguste. En prisión no es una opción. A una persona se le tienen que ocurrir otras ideas para lidiar con ello. Ideas que no impliquen romper las reglas, meterse en peleas o hacer cualquier cosa que le lleve “al hoyo”, también conocido como el Centro de Ajuste.

Para mi sorpresa, descubrí que este grupo de hombres condenados a cadenas perpetuas tenían el anhelo que tendría un monje por el autoconocimiento, el dominio de sí mismos y la transformación.

Una persona en la cárcel debe enfrentarse a sí misma todos los días. Con los años y las décadas, este autoanálisis frío y crudo en prisión puede llevar a una transformación, algo para lo cual no tendríamos tiempo aquí en el exterior.

Para mi sorpresa, descubrí que este grupo de hombres condenados a cadenas perpetuas tenían el anhelo que tendría un monje por el autoconocimiento, el dominio de sí mismos y la transformación. Nunca había estado expuesto a ningún grupo con este grado de perseverancia.

Lo que llevó a estos hombres a la cárcel hacía años (o incluso décadas) no fueron solamente los crímenes que cometieron. Las grandes verdades de sus vidas incluían no comprenderse a sí mismos ni a sus motivaciones, sus heridas y su falta de herramientas y estrategias saludables para manejar situaciones.

Estos hombres ahora querían compartir, aprender y crecer para poder entenderse a sí mismos de maneras más profundas. Sí estaban hambrientos de herramientas y prácticas espirituales, pero en su esencia, muchos de ellos tenían la necesidad de reconciliarse con un Dios de su entendimiento. (El grupo incluía personas de varias tradiciones espirituales y grupos étnicos. Que todos ellos estuviesen dispuestos a aprender y a crecer juntos era un pequeño milagro en sí).

Nunca había estado expuesto a ningún grupo con este grado de perseverancia.

Durante las primeras horas en las que estuve en presencia de estos hombres, experimenté su autenticidad y disposición a compartir desde la profundidad de su ser. Recordé el consejo que Jesús les dio a sus seguidores: “...Estuve en la cárcel, y vinieron a visitarme... Todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron” (Mateo 25:36,40). 

Ahora comprendo la profundidad de esa instrucción. Cada ministro, rabino, imam, o cualquier otro líder espiritual, quiere estar con personas que toman en serio el camino del cambio y la transformación. En este grupo particular de San Quintín, me sentía rodeado de hombres que encajaban exactamente con esa descripción.

En retrospectiva, mi voluntariado no solo ha sido bien recibido por los hombres del grupo, sino que también ha sido un catalítico para mi transformación interior. A veces encontramos a nuestros maestros en los lugares más improbables. Resultó que nada fue lo que yo esperaba.


Rev. Bill Englehart, Ministro de Unity, escritor de La Palabra Diaria

El reverendo Bill Englehart es un ministro de Unity con sede en el sur de California. Es escritor y orador, líder de talleres e instructor del Instituto Espiritual de los Ministerios Mundiales de Unity.

Este artículo apareció en la edición de Septiembre-Octubre del 2019 de La Palabra Diaria.