Una vida sencilla

por Jim Rosemergy

 

Tenemos mucho qué aprender en la vida, pero primeramente debemos aprender a vivir. Cuando la vida es sencilla, nuestra conciencia de Dios es algo tan indispensable como el aire que respiramos. Por ejemplo, cuando el cuerpo se enferma, queremos sanar; mas cuando la vida es sencilla, la meta es más grande: permitir que Dios nos revele nuestra plenitud espiritual innata. Entonces: “Tu sanidad se dejará ver en seguida” (Isaías 85:8). Cuando el resentimiento o la rabia nos abruman, el asunto no tiene que ver con lo que la persona nos hizo o dejó de hacer, sino con permitir que Dios nos muestre el sendero del amor.

Jesús nos dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Este verso es el fundamento de la vida espiritual. Dios es lo que queremos, y cuando Lo encontramos, también hallamos el gozo y la plenitud. Las cosas que ocurren en nuestras vidas, nuestros recuerdos y posesiones tienen significado, mas nada es más importante que nuestra relación con Dios. Cuando vivimos con sencillez, la experiencia terrenal fluye de nuestra unidad con Dios.

La Fuente divina es el origen de la vida y de sus muchas experiencias. La vida sencilla es una vida de oración, más escuchar y esperar que hablar y pedir. Buscamos el reino al buscar una conciencia de Dios, ya que sabemos que en esta fuente de vida yace la respuesta de cualquier necesidad humana. Podemos pensar en la oración como una cita entre Dios y nosotros. Dios, por supuesto, nos conoce bien, mas nosotros sabemos poco acerca de nuestro creador. Hay momentos en los que hablamos al orar, pero no debemos hacer que nuestro momento de oración sea una letanía de lo que está ocurriendo en nuestro mundo. Una amistad no puede desarrollarse si solamente una persona es la que habla y constantemente está pidiendo algo. Las relaciones personales más significativas surgen cuando escuchamos.

Cuando estamos sufriendo o tenemos miedo o nos sentimos preocupados por un ser querido, se nos hace difícil escuchar y esperar. Mas recordemos la promesa: “Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas” (Isaías 40:31).

Cuando esperamos y escuchamos, la mente divaga. Ese es el momento para hablar. No para decirle a un Dios omnisciente acerca de nuestra situación, sino para afirmar nuestra fe en el Todopoderoso y dócilmente regresar nuestra atención a Dios. Si necesitamos sanar, que nuestra oración sea: He sido creado a imagen y semejanza de Dios. Soy uno con la vida pura y perfecta de Dios. No hay enfermedad en mí. ¡Alabado sea Dios! Hablamos de esta manera y esperamos que Dios revele nuestra salud. Es importante comprender que el enfoque de la oración al vivir sencillamente es el reino de Dios. Cuando nuestro motivo al pedir y buscar es profundizar nuestra relación con Dios, recibimos de maneras que transcienden nuestros deseos terrenales.

La vida sencilla es una vida que permite, ya que permitir es el modo divino. El modo humano es controlar y hacer que las cosas ocurran. Rogar, manipular, suplicar, chantajear y usar la lógica o el sentido de culpabilidad para salirnos con lo nuestro.

La vida es demasiado misteriosa e inclusiva, los métodos mundanos no pueden ofrecernos la felicidad. Cuando conocer a Dios se convierte en nuestra meta y oración, podemos dejar ir y dejar que Dios sea Dios en nuestras vidas. Estamos disponibles para Dios. Podemos estar seguros de que cuando nuestra conciencia de Dios se manifieste en nuestro mundo, nos bendecirá y bendecirá a las personas a nuestro alrededor.

La vida sencilla es una vida de amor. Esta vida de amor es complicada cuando pensamos que no tenemos amor y que hemos de recibirlo de otra persona. Olvidamos la verdad de que Dios es amor y que hemos sido creados a Su imagen y semejanza. El amor es nuestra naturaleza, y para experimentarlo debemos permitir que el esplendor aprisionado irradie desde nosotros. Por ello es que Jesús nos instó a amarnos unos a otros. Nadie encuentra el amor buscándolo en otra persona. Hacerlo sólo complica la vida. Simplificamos nuestra vida cuando estamos más dispuestos a expresar amor que a recibirlo.

Nos sentimos muy bien cuando alguien nos dice que nos ama, sin embargo, este amor no se compara con la experiencia de amor incondicional. Observa a un niño abriendo un regalo el día de Navidad y verás gran gozo y emoción. Mas observa al mismo niño atentamente cuando un adulto está abriendo un regalo que este niño preparó. Puedes ver cómo el amor que proviene del corazón de Dios en él se le escapa por los ojos.

La vida sencilla es una vida agradecida. “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4). Cuando ocurren cosas que nos agradan y damos gracias, estamos siendo corteses. Mas cualquiera puede serlo. Es más, si nuestro agradecimiento depende de lo que nos ocurra, la vida se convertirá en una serie de altibajos. La vida sencilla es una vida agradecida porque nuestro gozo no depende del mundo externo. Nuestro gozo y agradecimiento no provienen de condiciones, sino que brotan de nuestra relación con Dios.

Imagina cómo sería de maravillosa la vida si lleváramos con nosotros un sentido de gratitud constante. El Señor siempre está con nosotros. Si este es el fundamento de nuestro gozo, entonces este estará tan cerca de nosotros como nuestra disposición de experimentar la presencia de Dios.

Si perdemos nuestro gozo temporalmente, sabemos dónde encontrarlo. Además nos daremos cuenta de que perdimos nuestro gozo porque olvidamos tener presente nuestra unidad con Dios. Entonces busquemos primeramente el reino de Dios. Dios espera por nosotros. Al encontrar a Dios, viviremos sencillamente. Nadie sabe lo que guarda el futuro, mas al entrar en ese misterio, encontraremos todo lo que hemos anhelado. Anteriormente creíamos que nuestros deseos serían satisfechos en el mundo. Ahora sabemos que serán satisfechos en Dios.

Comprométete a conocer a Dios en oración. Permite que el amor fluya de ti. No trates de lograr nada por ti mismo, mas bien deja que Dios sea Dios en tu vida y heredarás la tierra. Y, finalmente, descubre el gozo en todo. Busca sentir gozo y agradecimiento. Al hacerlo, aunque las condiciones no parezcan ideales, vivirás con sencillez. No creas que tu vida se tornará inactiva. Dios pone en acción a todos aquellos que están dispuestos a seguir Su guía. Algunas personas son bien conocidas en el mundo, mas la mayoría son personas como tú y yo. Personas sencillas y tranquilas que han respondido al amor de Dios poniendo la experiencia humana en perspectiva. A veces, nuestras vidas cotidianas demandan nuestra atención, y los asuntos se tornan complicados. Mas recordemos siempre volver a Dios, y a la vida sencilla.