Una vida de gozo

por el Rev. Michael Gott

 

Pierre Teihard de Chardin dijo que, “el gozo es la señal infalible de la presencia de Dios”.


En Unity, enseñamos que las cualidades de lo Divino están presentes en nosotros, y podemos llamarlas a expresión en nuestras vidas conscientemente. El don espiritual del gozo es sencillamente parte de nuestra naturaleza como expresiones del Espíritu, como hijos de Dios. Está en nosotros, ahora y siempre. No depende de las circunstancias de nuestras vidas.

De acuerdo con las enseñanzas de Unity, podemos experimentar y expresar el gozo de Dios incluso en los momentos más difíciles de nuestras vidas.

A mí me resulta más fácil decirlo que hacerlo.

Creo que en la realidad absoluta del Espíritu el gozo siempre está presente. También sé que hay momentos en la vida en los que parece estar a un millón de kilómetros de distancia. En medio de la pérdida y la aflicción, en tiempos de temor e incertidumbre, de hecho, en muchas ocasiones en nuestras vidas eso que podríamos llamar nuestras “noches oscuras”, es posible que nos sintamos afligidos.

¿Acaso esto significa que Dios no está presente? ¿Significa que hemos hecho algo mal? No. Significa que somos humanos.

El versículo más corto de la Biblia es Juan 11:35 (RV): “Jesús lloró”. La historia nos dice que cuando el Maestro llegó demasiado tarde para sanar a su querido amigo Lázaro, vio las lágrimas en los rostros de aquellos que también amaban a este hombre, y él respondió de la manera más humana. Él también lloró. En ocasiones pensamos que debemos trascender nuestra experiencia humana para encontrar a Dios. Yo creo que revelamos a Dios siendo completamente humanos.

Ernest Holmes escribió una vez que “la humanidad es la divinidad revelada”. ¿Cómo revelamos la realidad espiritual en nuestras circunstancias humanas?

Hay dos prácticas que me han sido de mucha ayuda en mi caminar espiritual. Primero: ser compasivo conmigo mismo. Darle a mi perfeccionista/crítico interno el día libre y aceptar que donde estoy es lo suficientemente bueno. Puedo dejar de fingir. No tengo que aparentar una falsa espiritualidad para ocultar lo humano que soy. Encuentro que esto brinda una sensación de alivio. No hay nada malo en no sentirse animado y ligero todo el tiempo. Algo en mí se sosiega, se entrega y permite que la vida se desarrolle.

Y luego puedo usar la segunda práctica, que es simplemente caminar por fe. Confío en que “el gozo del Señor es mi fortaleza” y este gozo yace aquí —ya pueda accederlo este momento o no. También sé en mi espíritu y en mi corazón que la expresión completa y la experiencia de mi gozo volverán. Sentiré mi gozo otra vez.

EL Salmo 30:5 (RV) nos recuerda que “por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría”. Cuando estamos dispuestos a sentir nuestra tristeza o nuestra ira o frustración, se abre nuestra capacidad de sentir todo más plenamente. Somos capaces de sentir nuestro gozo más profunda y auténticamente.

En la temporada de Navidad, se nos da la oportunidad de que la luz de Cristo nazca de nuevo en nuestras vidas. ¿Podemos encontrar el valor para imaginar vivir en gozo —un gozo tan rico, tan profundo, tan robusto, que nos lleva y nos sostiene a través de cada lucha y desafío que enfrentamos?