Tu camino único—Parte 1

por Mary-Alice y Richard Jafolla

Seguirle los pasos a Dios significa marchar a un son diferente

“Boga a mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”.—Lucas 5:4

Los hombres habían estado pescando toda la noche en los pequeños botes que se mecían calladamente en el lago de Genesaret. No habían atrapado ni un pez. yal atardecer se dirigían hacia la orilla con sus redes vacías.

Por la mañana, Jesús le dijo a Simón Pedro, uno de los pescadores, que pusiera las redes en aguas más profundas. Pedro estaba confundido, y se preguntaba cómo iban a haber peces allí cuando ellos no habían podido agarrar ninguno en toda la noche. Pero, sin embargo, lo hicieron, y sus redes recogieron tantos peces que los botes casi se hundieron.

Ningún pez cerca de la orilla

Es fácil pescar en aguas poco profundas, las aguas donde todos los demás pescan. Nadie te criticará por pescar donde todo el mundo "sabe" que "debes" pescar.

Es seguro estar en esas aguas, porque allí es donde debes hacerlo. Ni siquiera se te criticará por no sacar tu red vacía sin haber atrapado nada. Las personas entenderán.

Sin embargo, Jesús claramente mandó a esos hombres a ir a lo profundo. A esas aguas profundas donde no era aceptable pescar, así como lo sabía todo el mundo. ¿Por qué quisieron aventurarse hacia lo desconocido? ¿Acaso no serían ridiculizados e incomprendidos? ¿Y, acaso, no es muy arriesgado el probar nuevas

aguas?

En una sola palabra, sí. Pero se nos dio la lección de manera que aprendiéramos que para recoger la cosecha debemos ir a las aguas que no han sido probadas, ya que allí es donde yace la recompensa. 

Estás haciendo camino en las aguas que no han sido probadas, apartado de lo común, recogiendo las redes de tu visión en territorios que no han sido descubiertos, donde la mayoría de la gente tiene miedo de ir. Pero allí es donde se encuentra el tesoro. Es tu camino propio y único.

Descubre tu don

No eres un adolescente —ni física, ni emocional, ni espiritualmente. Eres una persona en un viaje, buscando llegar a conocer la presencia de Dios y todo lo que eso implica.

Mírate en el espejo. Mira en tus ojos. Pregúntate: "¿Qué quiere decir todo esto?" La respuesta es que todo se concreta en que debes dar de ti mismo, dar de tu don especial y único que hace que tú seas tú.

Todos tenemos un don. Cada uno de nosotros ha nacido con algo particular por expresar, por hacer, en qué convertirnos. Es tu responsabilidad descubrir tu don único. ¿Qué es? ¿Ya lo sabes? Una vez que ha sido descubierto, ese don se desarrolla y cuida y entonces se regresa. 

Una vez que las redes han sido llenadas en las aguas profundas, los pescados se llevan a la orilla y se usan para alimentar a las personas. Tu don único debe, también, ayudar a los demás. Es la única manera en la que realmente

puedes lograr satisfacción.

Probablemente, antes de que comenzaras a pescar en aguas profundas (si eres como la mayoría de nosotros), esperabas que otros te dieran a ti, que te satisficieran.

Ahora te has dado cuenta que la verdadera alegría viene al dar, al ser auténticamente tú y al compartir esa autenticidad con quienes te rodean.