Temor

Temor
Rev. Temple Hayes

Artículo de La Palabra Diaria

No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que las cosas son difíciles.
    —Seneca

Muchos metafísicos han definido la palabra temor como la evidencia de algo falso que parece real. Yo descubrí hace años que mi temor de hablar en público provenía de experiencias pasadas que parecían repetirse.

Llevaba guardado en mi mente un suceso que había ocurrido cuando tenía 20 años de edad, cuando me subí en una plataforma en mi iglesia, guitarra en mano, para cantar una canción navideña que yo había escrito. ¡Mi momento había llegado! Sin embargo la letra no llegó a mí. Se me nubló la mente. No me acordé ni de la música ni de la letra de la canción. Aterrada pensé: ¿Cómo no pude acordarme de algo que yo misma había escrito y compuesto?

La respuesta fue sencilla: por haber estado aterrada. Esta experiencia se quedó grabada en mí y creó una gran indecisión que permaneció conmigo por muchos años. Cuando estaba en entrenamiento ministerial, les pedí a mis maestros que no me pasaran al frente.

Lo irónico fue que yo había nacido para hablar y compartir mi mensaje. Tanto mi mamá como mis amigos me lo decían. ¡Tan es así que mi maestra de sexto grado le dijo a mi mamá que yo nunca lograría nada porque me la pasaba hablando! Con frecuencia tu llamado es revelado tanto con los alabos como con las críticas que recibes.

Así estaba yo, lista para el ministerio y muy incómoda para compartir mi mensaje. Sin embargo, yo sabía que mi propósito en la vida era hablar. Afortunadamente, fui guiada.

Llegué a reconocer que nadie sabía que yo estaba aterrada a menos que yo se lo dijera. Para poder superar todos esos años de miedo, decidí proseguir sin esconderme, dando la cara como si lo hubiera hecho toda mi vida. Hacer esto le quitó el poder al miedo. No es que dejara de sentir temor, sino que no permití que me dominara, y nadie notó mi miedo.

También recordé que cuando era atleta, yo tenía éxito con tan sólo estar presente en la cancha para jugar. Como ministro, comencé a promoverme como oradora motivadora para que las oportunidades “llegaran a la cancha de juego”.

Cuando estamos aprendiendo una destreza nueva, puede ser abrumador. Sin embargo, si determinamos practicar cada día, encendemos el fuego interno que nos hace superar nuestros temores.

Para cuando fui pionera de mi primera iglesia, ya me sentía lista. Mi primera charla fluyó con naturalidad. Entonces el temor regresó cuando me di cuenta de que en mi primera charla le había contado a mi congregación todo lo que sabía, ¡y tenía 40 charlas más por dar el resto del año! ¿Qué podía hacer?

Finalmente reconocí el componente espiritual que había estado ignorando. Falsamente creí que estaba haciendo todo el trabajo sola. ¡Cuántas veces olvidamos que Dios obra por medio de nosotros cuando estamos dispuestos a recibir! No había tomado en cuenta a mi Creador en mi plan. Asumí toda la responsabilidad en vez de dejar ir y tener fe.

Ahora he aprendido que cuando siento temor es porque no confío en Dios. Una vez que dejo ir verdaderamente, me doy cuenta de que esa labor a la que le tengo miedo es realmente el propósito de mi existencia.
Lo que el temor hace es llevarnos más profundo, acelerando nuestro crecimiento y ayudándonos a brillar. Doy gracias a Dios por darme el valor para acoger a la persona que fui destinada a ser.

La reverenda Temple Hayes es autora, oradora de renombre internacional y la ministro encargada de First Unity Campus en St. Petersburg, Florida, U.S.A. Es también la anfitriona del programa semanal de Unity Radio en Línea, From Good to Amazing. Para más información (en inglés) visita: www.templehayes.org.