Somos el mundo

Robert Brumet

Somos uno en Espíritu, pero pareciera que como seres humanos estamos muy separados. Mas no es así. No estamos tan separados como pensamos. Como seres humanos, somos muy interdependientes. Estamos más cerca unos de otros de lo que creemos.

Desde el nacimiento hasta la muerte dependemos de los demás. A partir del momento en que los primeros humanos caminaron sobre este planeta, la familia, la tribu y la comunidad han sido necesarias para sustentar la vida humana. Hoy nuestra comunidad incluye prácticamente a todos en la Tierra, lo que ciertamente es evidente en el ámbito de la económica y el comercio.

Mientras disfruto de mi desayuno cada mañana, el cual consiste de fruta, cereal y café, considero a las personas que han contribuido a él: los agricultores de Estados Unidos quienes cultivaron el grano, los trabajadores en las plantaciones de café en Suramérica y en los plantíos de bananas de Centro América, los trabajadores portuarios, los trabajadores ferroviarios, los camioneros, los distribuidores, las tiendas de supermercado, y muchos otros, son parte de mi desayuno cada mañana.

Mientras busco en mi closet la ropa para vestirme, encuentro camisas y pantalones elaborados en veinticuatro países. Mi reloj, mi computadora y mi automóvil fueron hechos en otros países. Los alimentos que comemos, la ropa que vestimos, los autos que conducimos y los aparatos que manejamos provienen prácticamente desde todos los confines de la Tierra.

Estamos descubriendo —lenta y dolorosamente— que nuestros destinos como seres humanos están ligados a los destinos de casi todas las otras especies del planeta. También estamos ligados al delicado balance de los ecosistemas que sustentan nuestras vidas. La destrucción de un bosque a miles de kilómetros de donde vivimos puede afectar el aire que respiramos. La contaminación generada por autos y fábricas del otro lado del planeta puede repercutir en nuestro clima por periodos prolongados.

Deepak Chopra nos menciona que estamos constantemente compartiendo los átomos de nuestros cuerpos unos con otros. En base a cálculos derivados de estudios de radioisótopos, sabemos que con cada exhalación, esparces cien mil millones de billones de átomos que alguna vez fueron parte de los órganos de tu cuerpo. De estos mismos estudios, sabemos que en las pasadas tres semanas mil billones de átomos que han pasado por tu cuerpo han sido parte del cuerpo de cada ser viviente en este planeta. Y, actualmente, tu cuerpo contiene cerca de un millón de átomos que en su momento fueron una parte del cuerpo de Jesús de Nazaret.

El cofundador de Unity, Charles Fillmore. reconoció la existencia de una “conciencia de raza” que impacta físicamente a cada uno de nosotros. La hipótesis de Pierre Teilhard de Chardin es de la existencia de una “noosfera”, una envoltura psíquica circundando la Tierra y que es tan real como la biosfera e hidrósfera. Peter Russell sugiere que un “cerebro mundial” se está generado de nuestra interconexión. Quizás la Internet es una de las manifestaciones de este cerebro o noosfera global.

Física, mental e espiritualmente, estamos íntimamente conectados unos con otros. No estamos tan separados como pensamos. No podemos estar completos de forma aislada, ya que en realidad el aislamiento no existe. Somos más fuertes y más sabios que antes, sabemos quienes somos y adonde pertenecemos.