¿Recibir o elegir?

¿Recibir o elegir?
Alan Cohen

El avión aterrizó en el aeropuerto de Miami justo antes de que el aeropuerto cerrara por la llegada inminente del huracán Irene. Me dirigí a mi hotel, me acurruqué y observé con asombro como los vientos huracanados sacudían las palmeras y la fuerte lluvia corría por los ventanales. De repente, el hotel se quedó sin electricidad. Prendí una vela, medité y disfruté de la fuerza de la naturaleza rugiendo a mi alrededor. Debo decir que encontré esta experiencia vivificante. Recuero esa noche como una de mis estadías más disfrutadas en un hotel.

A la mañana siguiente, después que la tormenta pasó, los huéspedes se arremolinaron para arreglar sus vuelos. Mientras estaba parado cerca de un teléfono público en el vestíbulo, oí a una persona hablando por el teléfono al lado del mío hablando con un agente de viajes. “Entiendo que ‘a caballo regalado no se le mira el colmillo'”, decía, “pero hay alguna posibilidad de que me pueda dar un cupo en este vuelo?”

Sus palabras reverberaron en mi siquis: A caballo regalado no se le mira el colmillo. Es cierto. Si piensas que no mereces las cosas buenas de la vida que necesitas para ganar tu derecho a ser feliz y a sufrir para obtener lo que deseas —ciertamente no estás en posición de elegir. Pero si reconoces que eres cocreador con Dios, literalmente una expresión de un Dios que se deleita en sentir gozo por medio de ti, entonces el recibir regalos defectuosos no tiene significado, es completamente contradictorio a quien eres y de la manera como naciste para que vivieras.

Cada día debes decidir si vas a aceptar todo o vas a elegir, porque crearás resultados según lo que decidas. Si crees que debes rebajarte, rogar o forcejear para manifestar tus sueños, el camino hacia el éxito puede parecer abrumador y hasta aterrador. Pero si te das cuenta de que cada decisión que tienes que tomar es una invitación para recordar quien eres y lo que quieres, el proceso de elección se vuelve emocionante y el valor de reclamar tus sueños surge de manera natural y fácil.

Elegir es tener poder. Cada vez que dices “sí” a un camino y “no” a otro, la vida corre a apoyarte en tu decisión. A menudo no importa mucho lo que elijas, sino que sí tomes una decisión. Como dijo Will Rogers: “Si te sientas en el medio de la carretera, te atropellarán los autos en ambas direcciones”.

Muchas citas bíblicas hacen eco de esto: “Pero por cuanto eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (No la imagen más romántica, pero sí efectiva); “Pero sea vuestro hablar: ‘Sí, sí' o ‘No, no', porque lo que es más de esto, de mal procede.” (Esto significa que cuando vivimos a medias o con ambigüedad, sacrificamos nuestro poder de actuar de manera efectiva); en el Evangelio según Tomás, se nos dice: “Cuando saquéis lo que hay dentro de vosotros, esto que tenéis os salvará. Si no tenéis eso dentro de vosotros, esto que no tenéis dentro de vosotros os matará.” En un lenguaje más sencillo: “Lo que tienes en tu corazón te gobierna”. “La osadía tiene genio, poder y magia en ella”. Y “comprometerse en un 99 por ciento es difícil; comprometerse el 100 por ciento es fácil”.

Un día cuando recién comenzaba a conocer la metafísica, pasé un día en la ciudad de Nueva York con un grupo de amigos de la misma orientación espiritual. Al final del día, nos dirigíamos al puente George Washington y tratábamos de decidir si queríamos ir al cine o irnos a casa. “¿Qué quieren hacer?” preguntó el taxista. “Necesito saber qué camino tomar”.

“Me da lo mismo”, dijo uno. Otro le hizo eco: “A mí también”. Otro dijo: “Lo que los demás digan”. Mi respuesta fue: “Voy con el fluir”. En ese momento, el chofer detuvo el taxi cerca de la acera. Se volteó abruptamente hacia el asiento trasero y con un aire de autoridad anunció: “Okay, chiflados de la Nueva Era, éste es uno de esos momentos en los que todo el mundo va a tener que decir la verdad acerca de lo que realmente quiere —si no, no vamos a ninguna parte.”

Nos miramos unos a otros. Entonces uno habló: “Preferiría irme a casa”. “Sí, yo también”, dijo otro. “Yo no tengo ganas de ver una película”, admití. “Sí, continuemos a casa”, sugirió el último.

“Gracias”, respondió el taxista con suavidad. “Ahora podemos irnos a casa”. Y pisó el acelerador.

Todos llegamos a casa cuando tomamos decisiones fuertes. Thoreau recomendó: “Ve con confianza en la dirección de tus sueños. Lleva la vida que has imaginado.” William James ofreció una fórmula poderosa para continuar hasta el final con cualquier decisión importante en la vida: (1) sé osado, (2) comienza ya, y (3) no hay excepciones.

Si buscas dirección, ora por guía. Después, permite que el universo te dé la respuesta de la manera, en el lugar y el momento correctos. Si al finalizar tu oración no oyes una voz de trueno desde el cielo que dice tu nombre y te ordena: “Esto es lo que tienes que hacer!” no te asustes. Da al Gran Espíritu la oportunidad de enviarte el mensaje cuando más lo necesites. Ya vendrá.

La guía surge de manera poco comunes pero con sincronía. Un hombre en un seminario me dijo que había estado orando por guía. Entonces, una tarde, cuando salía de un restaurante, el viento hizo que un pedazo de papel se pegara a sus rodillas. Lo recogió y descubrió que era una hoja volante para mi seminario esa noche. Asistió y su vida cambió.

Otro amigo decidió que quería ser independiente económicamente y retirarse joven. Oró por ayuda en este proyecto. A la mañana siguiente cuando salió a trotar, vio un libro que alguien había dejado sobre un bote de basura: Your Money or Your Life (Tu dinero o tu vida). Tomó el libro, lo leyó y encontró la sabiduría que necesitaba. Ahora está encaminado a su independencia económica y a un retiro temprano.

Si, a causa de la ansiedad, actúas prematuramente para forzar tu respuesta, atorarás la señal de tu guía y demorarás su llegada. En tal situación, tu movimiento más acertado es dar un paso atrás de la actividad motivada por el miedo y seguir la voz de la confianza. Un día yo esperaba abordar un avión cuando el agente anunció que la salida se demoraría dos horas debido a una falla mecánica. Como había estado esperando que mi petición para ir en primera clase fuera aprobada, me dirigí al mostrador para preguntar. Sin embargo, cuando llegué había una larga fila. Me di cuenta de que podía pasar gran parte de esas dos horas parado en la fila, sin ninguna garantía de que podría viajar en primera clase. Así que decidí no tratar de manipular la situación y simplemente confiar de que todo se resolvería de algún modo.

Tenía un pase para el salón ejecutivo, así que fui allí, dormí una siesta, hice algunas llamadas de teléfono, tomé unos refrescos y regresé a la puerta más o menos quince minutos antes de la salida. Al acercarme a la puerta, oí un anuncio: “Sr. Cohen, por favor, venga al mostrador”. Caminé rápidamente hacia allá, donde la representante de la línea aérea me informó que mi petición de viajar en primera clase había sido aprobada. Me dio el billete sin pedir los cupones de pago. Comencé a alejarme, pero decidí que, honestamente, tenía que darle los cupones. Regresé al mostrador y le ofrecí los cupones. Ella me respondió: “La computadora dice que todo está pagado, y eso es suficiente para mí”. Abordé el avión con una sonrisa. Ahora reconozco la experiencia como una lección acerca de la confianza. Cuando no traté de forzar el resultado, éste vino a mí de manera tierna y generosa.

Yo utilizo un método muy exitoso para recibir guía. Lo llamo “La Verdad sale con humo”. Cuando no estoy seguro de lo que debo hacer, digo al universo: “Muéstrame lo que debo hacer. Estoy dispuesto a hacer lo que más convenga para todos los interesados. Dame una señal y la seguiré”. Entonces dejo ir la situación. Libero cualquier noción preconcebida acerca del resultado y cuando éste debe darse. A veces la respuesta viene instantáneamente y a veces toma un tiempo. Pero siempre viene.

En la versión griega de la Biblia, la primera traducción del arameo original, dos palabras diferentes son utilizadas para nuestra palabra tiempo. Una es chornos, que equivale a nuestra idea de segundos, minutos y horas. La otra palabra es kairos, cuya traducción más fiel es “en el tiempo de Dios”, “en el momento correcto” o “cuando el tiempo sea propicio”. En nuestra cultura, estamos acostumbrados a vivir en chornos. Pero hay un elemento mucho más significativo del tiempo, que es a su tiempo. Eso es kairos. Practica el vivir en kairos y las respuestas llegarán en el momento perfecto. Dios es por lo menos tan listo como la persona que pone los anuncios para la fiesta.


Preguntas para la reflexión

1.    ¿Hay algo que deseas que suceda pero sientes impaciencia porque no ha sucedido todavía? ¿Puedes ver algún indicio de que las cosas se están desarrollando en el momento perfecto?

2.    ¿Cuál es tu método personal de pedir y recibir guía? ¿Cómo sabes cuando la has recibido?

3.    ¿Te sientes listo para recibir la guía, manifestación o respuesta por lo que has estado orando?