Protegida

Protegida
Millie Webb

Artículo de La Palabra Diaria

Cuando era una adolescente me preguntaba, ¿cuál es el propósito de la oración? Crecí en Unity, así que sabía que Dios obraba en y a través de mí en cada momento del día. El orden divino trabaja en el universo en todo momento, entonces, ¿por qué perder el tiempo orando si Dios ya lo sabe todo? Le pregunté a mi ministro y él me dijo que la oración era una forma de centrarnos en nosotros mismos y así reconectarnos con la verdad que ya sabemos.

Fue en el año 1998, yo tenía 16 años, cuando sucedió algo que cambió mi vida y cambió mi forma de entender la oración. Yo estaba viviendo en Australia como estudiante de intercambio. El 26 de diciembre, día de San Esteban y día feriado en ese país, la familia con la que me hospedaba y yo estábamos sentados en la sala cuando fui atacada por su perro. El perro, un Saluki de hocico largo, desgarró transversalmente mi rostro, mordiendo mi labio superior y la esquina de mi ojo, luego cortó a través de mi nariz. El ataque fue grave y mi mente se puso inmediatamente en estado de emergencia. Pero, ¿qué era lo que pasaba por mi mente? Acaso ¿fue gritar?, ¿llorar? o ¿temblar? No, no fue eso. Lo que incluso me sorprendió. Fue: “La luz de Dios me rodea. El amor de Dios me envuelve. El poder de Dios me protege. La presencia de Dios vela por mí. Dondequiera que estoy, está Dios y todo está bien”.

Ahí estaba yo, a miles de kilómetros de casa, una adolescente en una familia que no era la suya, sosteniendo su rostro que sangraba profusamente. Cualquiera hubiera esperado que entrara en pánico total y absoluto, pero, por alguna razón, la “Oración de protección” de James Dillet Freeman pasaba por mi mente. La repetí en silencio mientras que las demás personas iban y venían. La repetí mientras iba en el asiento trasero hacia la clínica más cercana. La repetí cuando me pusieron en la camilla y al ser examinada por una enfermera. La volví a repetir mientras me trasladaban al Hospital de niños de Melbourne que quedaba a 20 minutos, donde tuve una cirugía reconstructiva de emergencia. Al repetir la oración, una fuerza que todo lo abarca y una confianza firme resonaba en mí. La fe más profunda que alguna vez hubiera conocido superó mi cuerpo y en ese momento, sabía que a medida que Dios obraba en mí, tenía el poder de salir de eso. Mi oración me transformó de una niña asustada a una hija de Dios que se sentía a salvo y divinamente protegida.

Cuando desperté, rodeada de las personas que me hospedaban y de un equipo de enfermeras, mi rostro estaba cubierto de vendas, era difícil respirar y no podía hablar. Me quedé allí, tratando de entender todo lo que había sucedido y sin embargo sentía una profunda sensación de calma en el fondo de mi corazón. Yo estaba bien y todo iba a estar bien. Dicen que, en una situación de emergencia, una persona tiene reacciones de lucha o huida. Mi reacción no fue ninguna de esas: fue orar. Ahora, más de 10 años después, todavía estoy reconfortada por mi reacción. El ataque de un perro no cambió mi vida, ¡mas la oración sí lo hizo!

Millie Webb es cantante, compositora, estudiante de Unity y miembro de la próxima generación de Unity. Ella canta por todo el Medio Oeste de Estados Unidos y regularmente en la Iglesia de Unity en Overland Park en Kansas.