Poderoso más allá de toda medida

por Rev. James Trapp

 

El potencial divino está en cada uno de nosotros. Llamamos a este poder interno Presencia Crística, mente budista, Dios morador, divinidad —está más cerca que nuestra respiración, que nuestras manos y pies; es aquello que no puede ser herido, dañado, perjudicado o amenazado de ninguna manera. Este poder y potencial en nosotros siempre busca que lo expresemos y promulguemos. Nada puede detenerlo, a pesar de lo que pueda estar ocurriendo en nuestro mundo externo. Mas siempre podemos dirigir esta fuerza que nos brinda enorme poder y responsabilidad.

Esta enseñanza no espera por un Mesías o gran maestro que venga a salvarnos. Ni depende de que una condición externa cambie para que podamos comenzar una vida centrados en Dios. Tampoco requiere que otras personas cambien para que podamos expresar la presencia de Dios en nosotros. Esta enseñanza conlleva activar y expresar aquello que ya está en nosotros, hacerlo brillar de manera que el cielo —el bien expansivo— se haga evidente en nosotros y por medio de nosotros.

¿Cómo activamos esta presencia divina en nosotros para tener una vida plena y satisfactoria? Comenzando con la ley de dar.

En Lucas 6:38 leemos que el gran maestro, Jesucristo, nos recuerda: “Den, y se les dará una medida buena, incluso apretada, remecida y desbordante” (Lucas 6:38).

Nuestro dar es la expresión de una ley espiritual. El fluir creativo en nosotros es parte del proceso de dar. El dar no cambia a Dios, o hace que un ser antropomórfico note que hemos dado algo y decida darnos algo a cambio. Más bien, dar hace que echemos a andar un proceso.  Es un aspecto del infinito inherente en toda vida. Es un ciclo semejante a inhalar y exhalar.

A veces, las personas dicen: “He dado y dado y dado. Hasta que no puedo dar más. Y nada ocurren en mi vida. Me siento vacío, exhausto; sin ser apreciado y reconocido. Ya no puedo dar más”. Estas frases son indicio que la persona no ha dado correctamente. Dicha persona está atrapada en una creencia de separación —cree que sólo tiene sus recursos para dar, su propia provisión, su reserva personal separada de Dios. Cree que si da de su provisión, Dios la bendecirá y le dará reconocimientos, dinero, prestigio, un trabajo mejor, etc.

Mas la verdad es que no tenemos una reserva personal. Hemos sido acondicionados por el materialismo que nos ve separados de nuestra fuente, Dios, la vida misma —separados del Infinito. Este modo de pensar nos lleva al vacío, a sentirnos exhaustos, con rencor, frustración, celos, envidia y competencia. Y el mundo está dando evidencia de ello.

Ultimadamente tenemos que darnos cuenta de que la Tierra es del Señor, y que estamos dando de aquello que Dios nos da. Somos expresiones de Su cumplimiento. Entonces, o estamos en el fluir de este dar, una magnificencia moviéndose de acuerdo a nuestra conciencia, o damos sin estar en el fluir y nos sentimos exhaustos, o no damos del todo. Para entrar en el fluir del dar verdadero, necesitamos la motivación correcta —no por recompensa, sino porque somos seres espirituales.

Estamos aquí para irradiar la presencia divina y para dar sin esperar recompensa. Tenemos que ofrecer más amor, más paz y más armonía a aquellos que nos tiran piedras, hablan de nosotros o nos critican. Tenemos que mantener de primeros en nuestra lista de oración a quienes nos bombardean con negatividad.

Ralph Wando Emerson nos recuerda que cando damos ponemos al universo a nuestro favor. El universo tiende a un balance. Cuando has dado más que aquello por lo cual estás siendo compensado temporalmente, ocurrirá que o tu espacio se expandirá o tú te expandirás más allá de tu espacio. Mas si estamos en una conciencia de “agotados y cansados”, no podremos manejar la energía más alta que quiere expresarse por medio de nosotros y como nosotros. Si ocupamos y apreciamos plenamente donde estamos, visualizando lo que queremos para nuestras vidas, no podemos sino avanzar a un nivel mayor de expresión.

Tenemos que encontrar un modo de expresión, te hacer brillar nuestros dones, compartir nuestros talentos y utilizar nuestro tiempo. Hemos de decir: “Estoy aquí para ser un río rugiente, que fluye. No sólo soy una entrada magnífica para el Espíritu, soy también una salida. Soy un dador en la vida, un contribuidor”. Al despertar cada día debemos preguntarnos: “¿Cómo puedo más de mí mismo hoy?” Entonces nunca seremos algo estancado. Seremos como un océano. Una expresión de espíritu puro. Seremos personas que están en control de la reserva de energía que necesita un canal para su fluir. Este en nuestro destino.