Palabras vivas de sanación

Palabras vivas de sanación
Rev. Lana Charlton

A veces parece que la vida hace las cosas a su manera, y nos puede hacer creer que el Espíritu no está presente en todas las situaciones, especialmente cuando enfrentamos un reto de salud. Pero sólo hay un Dios, un Espíritu. ¡No existe lugar en el que Dios no esté!

Es por eso que hablar la Verdad y con amor a tu mente y cuerpo te ayuda a despertar, y reconocer la voz de Dios que hace eco de esos recordatorios. Puede que sientas miedo cuando tú o un ser querido enfrentan un reto mental y físico. Recuerda que el Espíritu de Dios en nosotros es omnipotente. Tienes dentro de ti la fortaleza para enfrentar tus miedos.

Cuando tienes la capacidad de reconocer los pensamientos de miedo antes de que se salgan fuera de control, puedes reemplazarlos con palabras positivas, tales como “El Amor de Dios vive en lo profundo de mí y llena mi mente, cuerpo y espíritu”. Cántalo, dilo en voz alta y deja que domine tu corazón y tu mente de la misma forma en que el pensamiento de miedo pudo haberte dominado. Es un proceso de tres pasos:

  1. Reconocer. Nada va a cambiar hasta que reconozcas que tienes miedo, rabia, depresión o que alguna emoción te ha atrapado. Jesús reconocía el gancho de Satanás (la tentación) y lo llamaba por su nombre.
  2. Recordar. El dulce Espíritu de Dios está aquí, ahora. Recuerda las veces en las cuales has soltado tus miedos. Una vez reconozcas lo que te está obstruyendo, recuerda que el Espíritu va delante de ti despejando el camino.
  3. Liberar. Liberar es afirmar, cantando, bailando, caminando, escribiendo –lo que funcione para ti. “¡Yo soy libre, soy ilimitado, no hay cadenas que puedan atarme; yo soy libre, soy ilimitado, aquí mismo y ahora mismo!”, tal y como nos lo recuerda el viejo himno.

Debes “despejar el terreno” de tu ser, el jardín de tu vida y reconocer el miedo tan pronto surja. Nadie plantaría un nuevo jardín antes de limpiar lo viejo. Cuando le hacemos frente a lo que tememos con la ayuda del Espíritu Omnipotente de Dios, limpiamos los viejos pensamientos.

Una de mis afirmaciones preferidas es: Revela lo que necesita ser revelado y sana lo que necesite ser sanado. No tengo que ir tras todos los miedos que he tenido; sólo necesito descubrir aquello que no me permite rendirme ante la Omnipresencia de Dios.

Hacer esto requiere de escuchar con profundidad. La voz del dolor y el sufrimiento es fuerte, así que es necesario ir “profundamente hacia adentro”. Irónicamente, podrías darte cuenta que no había ninguna raíz profunda después de todo. Quizás pudo ser sólo un pensamiento viejo que habías cargado contigo, muy similar a la maleza que se puede remover con facilidad una vez la tierra ha sido repicada.

La ciencia nos dice que tenemos memoria muscular, lo que significa que, si has ejercitado tu cuerpo en el pasado, tus músculos se reconstruirán más rápidamente. Pues también tenemos memoria espiritual. Si has orado en el pasado, meditado o has practicado escuchar profundamente, pero te has alejado por muchas razones, tu músculo espiritual está ahí esperando a comenzar de nuevo.

Recuerda, ¡eres bendecido y amado! Nuestra verdadera naturaleza espiritual y la dulce canción de amor de Dios hacen un llamado eterno desde nuestro interior hacia nuestro corazón. Cuando comiences a pronunciar palabras positivas y afirmativas, sentirás cómo resuenan en tu naturaleza espiritual y ésta también comenzará a tararear. Y en poco tiempo, sentirás cómo se fortalece ese músculo espiritual.