Oración

Oración
Mary-Alice y Richard Jafolla

 

Desde el principio del tiempo, las personas de todas las civilizaciones han orado. Desde las cuentas para orar hasta las ruedas de oración, desde los cantos gregorianos solemnes hasta la música religiosa alegre y bulliciosa, desde los fieles fervientes flagelándose las espaldas con cuerdas hasta la persona sentada plácidamente con las piernas cruzadas en la cima de una montaña, hay tantas maneras de orar como personas quienes oran.

Cuando las circunstancias humanas parecen abrumadoras, instintivamente nos dirigimos a la oración. Hay algo reconfortante acerca de tomar tiempo para comulgar con un Poder más elevado —disfrutar del lujo de momentos especiales conscientes de Dios. El alma busca la experiencia de elevarse a un nivel espiritual, donde pueda pensar y sentir partiendo de su divinidad innata. Estos momentos elevados son los que satisfacen —los que nos dan la fortaleza para avanzar, el gozo que alegra nuestros corazones, el consuelo que alivia nuestros pesares.

¿Qué es la oración?

La oración en su forma más sencilla es cualquier intento consciente de sentir la presencia de Dios. La oración es una actividad deliberada —el tratar de reconocer nuestra unidad con Dios, de estar receptivos a Su poder a medida que se mueve por medio de nosotros de maneras nuevas y maravillosas. Sin embargo, una vez que esto sucede, la oración se convierte en algo más. A medida que nuestra conciencia de la presencia de Dios se expande, la oración se convierte en la experiencia de ser parte de Dios, de centrar nuestra atención directamente en el fluir creativo del universo, de percibir las cosas no con los ojos ni los oídos humanos sino partiendo de la divinidad en nosotros. Oramos no a Dios ni para Dios, como algo separado de nosotros, sino desde esa presencia sagrada la cual es nuestra esencia misma.

Y así nos damos cuenta de que el propósito de la oración no es satisfacer una necesidad terrenal —un automóvil nuevo, mejores relaciones personales, curación— sino satisfacer el anhelo natural en nuestras almas no sólo de sentir a nuestro Creador, sino en realidad, de vivir desde esta experiencia. Aún si oramos por cosas específicas, la necesidad subyacente es realmente la necesidad de experimentar nuestra espiritualidad, de sentir nuestra unidad con Dios, de sentir el consuelo, la guía y la curación que surgen del hecho de estar receptivos a Dios.

¿Pueden las “cosas” alguna vez satisfacer realmente nuestras almas? Tarde o temprano nos damos cuenta de que la satisfacción verdadera proviene solamente de encontrar a Dios. Como Charles Fillmore, cofundador de Unity declaró: “La verdadera búsqueda de todas las personas es para encontrar a Dios. Pueden pensar que buscan otras cosas, pero a la larga deben admitir que a quien buscan es a Dios.”

Mientras históricamente quizás hemos orado a un Poder mayor fuera de nosotros, implorando cosas que cambios externos en nuestras vidas, ahora estamos descubriendo que este Poder es omnipresente y mora en cada uno de nosotros.

De la misma manera como una gota del océano a la larga encuentra su camino de regreso al mar, somos atraídos inexorablemente a la conciencia de nuestra unidad con Dios. La gota de agua puede evaporarse y ser atraída a las nubes para ser llevada por el viento y caer como un copo de nieve sobre la montaña más alta. Con el tiempo la nieve se derretirá y la gota formará parte de un riachuelo y luego de un torrente y de un río, hasta que finalmente regresa al océano. Si pudiéramos suspender nuestra razón por un momento, parecería que en varios puntos de su viaje, la gota podría orar para derretirse o para formar parte del riachuelo, o podría orar para ser parte del torrente o el río. Pero lo que realmente “quiere” es encontrar el océano de nuevo.

Nuestras oraciones son encontrar a Dios de nuevo —ser elevados por el Espíritu a medida que habla, piensa y actúa como nosotros.

El propósito de la oración

Implícitamente todas las religiones incluyen alguna forma de oración y a los seguidores de cada una de ellas se les dice que oren. Pero muy rara vez se les enseña cómo orar, así que la mayoría de las personas están atribuladas por la duda de si habrán estado orando correctamente.

Como el propósito de la oración es conocer a Dios, la utilización más elevada de la oración es anunciar nuestra intención de estar receptivos a la presencia de Dios. Es nuestro empeño ser uno con las cualidades de Dios y aceptarlas —una invitación sincera para permitir que la vida de Dios sea vivida por medio de nosotros.

Por eso, no tenemos que orar específicamente para cambiar a las personas o las circunstancias. Nuestras oraciones son por el propósito de conocer a Dios. Sin embargo, es interesante que, cuando oramos para sentir a Dios, las personas y las circunstancias en nuestras vidas ¡cambian! ¿Por qué? Porque la oración nos ha cambiado. Con la atención centrada en la presencia de Dios, tratamos con las personas o circunstancias de nuestras vidas de maneras más amorosas. La oración —estar más conscientes de Dios— nos cambia y al hacerlo, cambia todo aspecto de nuestras vidas. Se ha dicho que la oración no cambia las cosas; la oración cambia a las personas y las personas cambian las cosas. Y así es.

No hay necesidad de pedir nada a Dios, porque ya tenemos acceso a todo lo que Dios es. Así que la oración se convierte en la manera de expresar nuestro agradecimiento por la vida y sus bendiciones —las que ya tenemos y las que están por venir. A veces esto es llamado “oración afirmativa”. Reconoce la verdad que Dios está presente en nosotros y en toda situación y en consecuencia, el potencial para nosotros está más allá de cualquier cosa que podamos imaginar.

De aquí que, por ejemplo, si oramos específicamente por más prosperidad podemos lograrla simplemente porque enfocamos nuestra energía en la prosperidad y en hacerla una prioridad en nuestras vidas. Tal atención puede darnos los resultados que buscamos. Pero eso es estar receptivos solamente a una parte de lo que hay para nosotros. Nos hemos limitado y podemos no estar receptivos plenamente a todo el resto —salud, amor, gozo, paz y a la fuente abundante de la satisfacción absoluta del alma que está disponible simplemente porque estamos llenos de la presencia de Dios.

Cómo orar

¿Cuál es exactamente el método correcto de oración? ¡Hay tantos métodos “correctos” de oración como personas que oran! Más importante que el método de oración es la razón para orar. Las oraciones no son para cambiar a Dos. Son para cambiarnos a nosotros —para elevarnos a la experiencia de la presencia de Dios. El creador se preocupa, sostiene, mantiene y Se expresa como lo creado. Dios espera que estemos receptivos a la Presencia sagrada para que Ésta viva por medio de nosotros. Dios espera a que nosotros expresemos nuestra voluntad de ser guiados y cuidados. En consecuencia, una de nuestras oraciones podría ser expresar esta voluntad: “Aquí estoy, Señor. Vive Tu vida por medio de mí”.

Al abrir nuestros corazones al amor que ya está allí, al expresar nuestra voluntad para permitir que la Presencia sagrada viva por medio de nosotros, damos un gran paso para entrar a una actitud de oración. Cada uno de nosotros hace esto según nuestra manera única, por supuesto, pero un medio útil de prepararnos para nuestra experiencia de oración es descansar el cuerpo, respirar suavemente y dirigir nuestra atención al interior. Y aunque no hay un método “secreto” de oración, el reconocer la presencia de Dios siempre es una manera significativa de comenzar. Ésta puede ser en forma de palabras, en voz alta o en silencio.

¿Qué clase de palabras? Cualesquiera que estén en nuestro corazón. Orar es una actividad muy simple y no requiere palabras especiales —sólo la voluntad, la sed de conocer a Dios. Cualquier frase, en cualquier idioma, que nos lleve al lugar en lo profundo de nuestra alma donde podamos comenzar a sentir nuestra unidad con Dios —éstas son oraciones. (Algunas oraciones están incluidas más adelante).

Más allá de las palabras

Sin embargo, a la larga vamos más allá de las palabras —más allá de los pensamientos— al plano vasto del Espíritu puro. Esto es lo que a veces es llamado “el silencio”. Durante nuestros momentos de oración, descubrimos lo que aguarda en el silencio a ser descubierto. Y allí, en la quietud absoluta, descansamos simplemente en el sentimiento exquisito de la presencia de Dios.

Durante nuestros ratos de oración, queremos dejar ir cualquier idea preconcebida, cualquier duda y resultado esperado y nos entregamos completamente a Dios. Si encontramos una serie de pensamientos que nos pasan por la mente, podemos ser indiferentes a ellos. Podemos dejarlos pasar simplemente y luego enfocar nuestra atención de nuevo en el silencio. La no resistencia es la clave aquí, así que permanecemos tranquilos y disfrutamos la experiencia.

“El lugar secreto del Altísimo” es un lugar interno, muy personal de silencio total, el cual nadie más puede ver ni perturbar. Es esa parte eterna e inmutable de nosotros que espera como un puerto seguro para darnos la bienvenida en la calma o la tormenta, en la paz o en la agitación. En el silencio nos sentimos infundidos de Dios. En el silencio encontramos nuestra paz y nuestra fortaleza, nuestro gozo y nuestra curación.

Unos momentos de quietud nos harán caer en cuenta rápidamente que somos parte de nuestro Creador, parte del universo y que verdaderamente no estamos solos.

Siempre disponible

Cada día hay numerosas oportunidades de aquietar el cuerpo y la mente, permitiéndonos deslizarnos por las grietas de nuestro mundo externo al mundo interno del silencio. Puede ser en la quietud temprano en la mañana o durante algunos momentos de silencio en un servicio de oración o ¡hasta en esos momentos breves cuando estamos en medio del tráfico esperando que la luz cambie a verde! En otras palabras, la quietud siempre está disponible.

Si no tenemos mucha experiencia con la oración o la comunión con Dios y somos acosados por los pensamientos, sentimientos y recuerdos durante los momentos de oración, es importante no rendirnos. Al hacer de ella un hábito diario para estar conscientes de la presencia de Dios, encontramos que esta actividad se hace cada vez más fácil. Cada experiencia de oración edifica sobre la anterior, teniendo un efecto acumulativo. A la final, por medio de la oración, seremos transformados en los seres centrados en Dios que debemos ser. Nuestro gozo “será completo”, porque experimentaremos la maravilla inimaginable de la presencia de Dios expresándose por medio de nuestras vidas.

¿Y los milagros?

A veces suceden cosas como resultado de la oración que van más allá de lo que esperábamos y las llamamos “milagros”. Estas cosas suceden cuando nos hacemos a un lado para que la actividad de Dios pueda obrar libremente. Es como abrir el dique en un río para que el agua pueda fluir donde quiera. En realidad, estos milagros son manifestaciones externas de la actividad de Dios, aún cuando tienen lugar instantáneamente.

Si creemos que necesitamos un milagro para que algo cambie en nuestras vidas (o en la vida de otra persona), si sentimos que sólo un milagro puede ayudar, entonces estamos limitando automáticamente el poder de nuestra oración. Al enfocarnos demasiado específicamente, ignoramos el hecho de que la naturaleza misma de Dios es salud, abundancia y amor. Como parte de la creación de Dios, ya tenemos acceso a todo eso. Disfrutar de estos atributos es natural, no milagroso. Orar por un milagro es ver salud, abundancia y amor como las excepciones y no como la regla.

Orar por otros

A menudo nos encontramos queriendo ayudar a alguien por medio de la oración. Esto es bueno, porque el amor y la consideración están en nuestros corazones y es natural querer ayudar a quienes parecen estar atravesando tiempos difíciles en sus vidas. Pero ¿cómo hacemos esto?

Una vez regresamos a la premisa de que la experiencia de Dios es la necesidad real de todas las personas. Humanamente, estamos limitados en el nivel de ayuda que podemos dar, pero podemos ascender a un nivel más alto. Al llevar vidas centradas en Dios, elevamos a otros por nuestra mera presencia. Nos convertimos en un bastión de fe inmutable el cual ve la presencia sagrada en todos y en toda circunstancia —aún en quienes podría parecer que necesitan “ayuda”. Cuando vivimos de esta manera, servimos como bendiciones a todas las personas en nuestras vidas. Así que, orar por otros, se convierte en un asunto de liberar a esas personas a la actividad de Dios y fortalecer continuamente nuestra conciencia de esta actividad en ellos.

Un tiempo sagrado

La oración es un tiempo sagrado en nuestros corazones —un tiempo de adoración, gozo y acción de gracias en lo profundo de nuestro ser. Es un tiempo de reposar en verdes pastos, de ser guiados junto a aguas de reposo para la restauración de nuestra alma. Después de la oración nos sentimos renovados en cuerpo y mente y en paz con nosotros mismos y con el mundo.

Tomemos tiempo para orar, porque es la mayor bendición que podemos darnos y dar a los demás.

Oraciones que quizás quieras utilizar
 

Gracias, Dios, por tu santuario siempre presente de amor, gozo y paz en mi corazón. Mi única necesidad es sentir Tu dulce presencia en mi vida. Confío
     —verdaderamente— que estoy a Tu cuidado y todo está bien. Gracias, Dios.




Gracias, Dios, por Tu verdad viviente a medida que me habla de maneras inequívocas. Aquieto mi cuerpo. Aquieto mi mente. Descanso completamente. Me entrego a Ti, Dios. Lléname con tu presencia a medida que escucho en el silencio.



Sagrada presencia en mí, estoy dispuesto a dejar ir todo sentimiento de dolor, ira y resentimiento. Ayúdame a conocer el perdón verdadero y ver a cada persona como parte de Ti. Permite que mis palabras y mis acciones sirvan sólo para glorificarte. Que ellas sanen, consuelen y armonicen mi vida y las vidas de las personas a mi alrededor. Gracias, Dios.



Gran Espíritu del universo, cuán gloriosas son Tus caminos. Mi mente humana no puede comprender plenamente la magnitud de todo lo que eres, sin embargo, sé que soy Tuyo. Gracias por la seguridad de Tu presencia guiadora —dondequiera que esté, en lo que quiera que haga.



Gracias, Dios, por la conciencia creciente de quien soy. Me has creado para expresarte. Hoy hago el compromiso de ser Tus manos, Tu voz, Tu corazón. Vive por medio de mí —completa y totalmente.



¡Las células de mi cuerpo rebosan de gozo al resucitar a nueva vida! Gracias, Dios, por Tu poderosa presencia sanadora a medida que toca cada átomo de mi cuerpo, produciendo salud radiante.



Hoy elijo servirte, Dios —permitir que mi amor irradie a todas las personas y que sea una inspiración para ayudar a otros. Mi única oración es conocerte. Consciente de Tu presencia sagrada en mí, soy una bendición para todas las personas con quienes trato.



Dulce Espíritu, he oído Tu llamado. Siento que me acercas a la comprensión de Tu presencia en mi vida. Anhelo conocerte más. Deseo amarte y servirte más. Estoy dispuesto a permitirte que estés a cargo de mi vida. Muéstrame Tu camino, Dios, porque estoy listo.

Apoyo adicional de oración

A veces la gente necesita apoyo espiritual extra cuando parece que la vida es demasiado difícil para enfrentarla sola. En momentos como éstos, es reconfortante poder contactar un ministerio de oración como Silent Unity®, uno de los ministerios de oración más antiguos y más grandes del mundo. Silent Unity sirve a personas de todas las creencias religiosas y todas las peticiones de oración son tratadas con reverencia y de manera confidencial.

La obra de Silent Unity está basada en la creencia de que la satisfacción verdadera del alma puede proceder sólo de conocer a Dios —que sentir la presencia de Dios es la necesidad verdadera. En otras palabras, Dios no tiene lo que queremos —Dios es lo que queremos.

Silent Unity está disponible para ayudar a que las personas conozcan su unidad con Dios, para que estén receptivas a Su presencia y reconozcan la presencia divina en todas las personas y en todas las circunstancias. El apoyo de oración está disponible de lunes a viernes de 7:00 a.m. a 7:30 p.m. y los sábados y domingos de 7:00 a.m. a 4:00 p.m. (hora central estadounidense), llamando al 816-969-2020 (llamada gratuita en Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico) o al +01-816-969-2020 (llamadas internacionales). También puedes escribir a Silent Unity, 1901 NW Blue Parkway, Unity Village, MO 64065-0001 U.S.A. O puedes solicitar oración en línea.