Navidad—Una paradoja de lo antiguo y lo nuevo.

por Jeanne Allen

 

La Navidad es una paradoja—una temporada de novedad y renacimiento, y sin embargo, de tradiciones veneradas. La Navidad ES lo antiguo y lo nuevo inseparablemente unidos en un regalo, listo para que lo abramos y disfrutemos. La Navidad es lo nuevo, primero que todo, una celebración de nacimiento y renacimiento. Es una temporada para prepararse a enfocar todo lo que está en nosotros para tener listo el lugar de nacimiento del espíritu crístico en nuestras mentes y nuestros corazones.

Hace casi dos mil años, el nacimiento de Jesús proclamó el comienzo de una nueva era en la comprensión espiritual y trajo el regalo del amor y la luz a un mundo que había estado en tinieblas por largo tiempo. A medida que Cristo nace de nuevo en nosotros, somos renovados y todo en la vida es renovado para nosotros.

Los regalos únicos y originales del Cristo se manifiestan por medio de nosotros en toda su magnificencia. El amor y la luz renacen en nuestros seres, transformando todo lo que somos en una maravilla gloriosa. Para esta experiencia de Navidad de renacimiento y renovación es que nos preparamos tan ardientemente y fervorosamente.

Además de su promesa osada y resplandeciente, la Navidad también despierta en nosotros el anhelo por el hogar, por un regreso. Aunque sólo sea en pensamiento, a un lugar y una época que simboliza el amor, el ser parte de algo y de bienestar. En Navidad, más que en cualquier otra temporada, añoramos experimentar las ideas que el hogar representa.

Cada Navidad escuchamos y cantamos de nuevo los mismos villancicos, y sus melodías evocan contento en lo profundo de nosotros. Con amor y ternura desempacamos y colocamos nuestras amadas decoraciones, y ellas nos recuerdan días pasados, gozos pasados. Enviamos saludos a amigos y seres queridos distantes y no tan distantes, recordando a quienes conforman nuestra red de amor. Participamos en ceremonias, manteniendo vivas las tradiciones de Navidad que son tan ricas y significativas.

La Navidad nos proporciona la emoción de la verdad eterna que se desenvuelve, siempre nueva, siempre vital, siempre viva. También nos da la oportunidad de hacer un puente con el pasado y unir una vez más todo lo que amamos y tenemos en gran estima.

¿Cómo equilibramos los dos aspectos de la Navidad? ¿Cómo nos aferramos a todo lo que es adorable y significativo, y a la vez abrimos la puerta de la mente y el corazón a nuevas experiencias?

Se ha dicho que el pasado es el prólogo. La vida se edifica de experiencia a experiencia, y esto también se aplica a la Navidad. ¿Cuánto es antiguo y cuánto es nuevo? No puede ser separado en partes, porque la Navidad tiene lugar en nuestros pensamientos y sentimientos. Principalmente es una actitud de nuestras mentes y nuestros corazones. ¿Podemos separar lo antiguo y lo nuevo en nuestro ser?

El renacer de Cristo en nosotros nos llama a lo nuevo, pero nuestro punto de partida es aquí mismo donde estamos. Todo lo que ha pasado antes, todos nuestros recuerdos y el rememorar viejos tiempos da a luz todo lo que somos ahora y a todo lo que añora ser. Edificamos sobre la base de todos nuestros sucesos pasados, gozosos o difíciles.

¿Tenemos recuerdos particularmente ricos y maravillosos de la Navidad? Damos gracias por ellos y por la oportunidad que nos brinda la Navidad de revivirlos cada año. Veámoslos por lo que son verdaderamente—pasos amorosos en el crecimiento de nuestra alma a la luz y la libertad. En esta temporada, disfrutemos de estos gozos y traigamos conscientemente su significado al presente.

¿La Navidad te trae recuerdos dolorosos? Que esta Navidad sea nuestra oportunidad de edificar de nuevo nuestro tiempo para sanar viejas heridas y malos entendidos. El renacer del Cristo en nosotros es el renacer del amor, y el amor siempre perdona, siempre sana, siempre consuela. El amor crístico nos permite aferrarnos sólo a lo que es edificante y dejar ir el resto.

Al entrar en la novedad y el renacer de la Navidad, puede que encontremos que nuestros recuerdos son renovados. Los acontecimientos reales puede que hayan ocurrido o no como los recordamos, pero eso no es importante. Recordamos acontecimientos de la manera como lo hacemos porque satisfacen una necesidad emocional en nosotros.

A medida que Cristo renace en nuestras mentes y corazones, encontramos que ahora podemos enfocarnos en acontecimientos felices que una vez fueron oscuros. Sorpresivamente, también podemos encontrar que experiencias de amor, gozo y de compartir que habíamos olvidado vienen a nuestra mente, trayendo con ellas un sentimiento de paz y contento.

Cada Navidad puede ser un tiempo de despertar para nosotros, aun cuando las circunstancias externas sean las mismas. En cada Navidad podemos elegir conscientemente las actividades y tradiciones que son más significativas para nosotros y vivirlas de nuevo con fervor.

¿Desearíamos que esta Navidad pudiera ser completamente nueva y diferente? Puede serlo, porque una Navidad resplandeciente y cambiante comienza primero con nuestras mentes y corazones. Podemos tener exactamente la Navidad que deseamos, porque llevamos en nosotros las semillas de todo lo que anhelamos, las semillas de amor, felicidad y bienestar.

El renacer del Cristo morador significa el renacer del poder transformador.

¿Añoramos la estabilidad de un tiempo pasado? En esta Navidad podemos sentir seguridad y estabilidad, porque moramos eternamente en el amor inmutable de Dios. La Navidad serena que anhelamos es una realidad viviente en nuestras mentes y corazones, y podemos traerla a manifestación.

La Navidad puede ser para nosotros lo que deseemos que sea. Puede ser exactamente como la recordábamos o puede ser algo completamente nuevo y diferente. La clave para nuestra felicidad descansa tanto en la expectativa como en la realidad, y en el estar dispuestos a unir ambas.

Cuando vemos la Navidad como una realidad viviente y en evolución—cambiando como nosotros lo hacemos, trayéndonos regalos diferentes cada año—también podemos darnos cuenta de que el mayor factor determinante somos nosotros, cómo nos sentimos, cómo reaccionamos, lo que esperamos. Somos la realidad viviente, en evolución y cambiante.

¿Cuál consideramos que es el ingrediente más importante para una Navidad feliz? Al definirla, es bueno que sepamos que este ingrediente está en nosotros. Por medio del Cristo renacido en nosotros, tenemos todo el gozo, toda la paz, toda la serenidad y todo el poder; y podemos traer a manifestación cualquier cosa que consideremos esencial para nuestra experiencia de Navidad.

Nuestros recuerdos de Navidad son reflexiones de nuestros sueños y anhelos internos. A medida que el Cristo renace en nosotros, nos damos cuenta de nuevo que tenemos en nosotros la satisfacción para toda necesidad.

La Navidad es ciertamente una paradoja de lo antiguo y lo nuevo, hasta la vida es una paradoja de lo nuevo y lo antiguo. La Navidad es tan antigua como la historia atesorada de hace casi dos mil años, y tan nueva como el momento presente. En esta Navidad, vivamos tanto en el recuerdo como en lo nuevo, y regocijémonos en la maravilla que se manifiesta.