Mi prognosis es bien absoluto

Mi prognosis es bien absoluto
Don Rogers

Artículo de La Palabra Diaria

Al tratar de alcanzar una lámpara, me golpié el pecho con la esquina del diván y hasta vi estrellitas. Al palpar mi pecho me di cuenta de que tenía un bulto debajo del pezón derecho. No le dije nada a mi esposa Linda ni le volví a prestar atención hasta la mañana siguiente cuando me estaba duchando. Entonces, me di cuenta de que el bulto todavía estaba allí.

Pensé que era tiempo de que le dijera a Linda. Sin mucho titubeo, fuimos al doctor, quien me examinó y me mandó a hacer una mamografía. Linda le preguntó al doctor si era verdad que un tumor canceroso no dolía. Él estuvo de acuerdo de que generalmente ese era el caso. Saber eso nos proporcionó cierto consuelo, y pensamos que lo más probable es que fuera sólo un quiste.

Desafortunadamente, los formatos para las mamografías son sexistas. El cáncer de mama es considerado un mal femenino. No existen preguntas sólo para hombres, mas sí sólo para mujeres. Los resultados de los exámenes fueron referidos a mi doctor de familia y cirujano. Aprendí que los quistes son suaves y esponjosos, mientras que los tumores son duros. El cirujano me dijo que era un tumor y que tenían que hacerme una biopsia para determinar si era maligno.

La biopsia confirmó que era cáncer. Aunque un tumor canceroso usualmente no duele, el mío estaba por encima de un nervio. Cuando me di el golpe, el tumor presionó el nervio causando el dolor. ¡Eso fue una bendición! Si yo no hubiese sentido dolor, el tumor hubiese seguido creciendo y no lo hubiera encontrado hasta que fuera muy tarde.

Oré sabiendo mi fe podría sanarme, pero también estuve consciente de que Dios trabaja por medio de la medicina. Determinaron hacerme una masectomía y me reuní con el oncólogo para discutir acerca del tratamieto postoperatorio. Sabía que el cáncer no es una sentencia de muerte, mas el sólo mencionar la palabra cáncer genera temor en todas las personas. Oré y medité intensamente, siempre buscando un lado positivo.

Salí bien de la operación. Quitaron mi seno derecho y 15 nódulos linfáticos. Los exámenes que me hicieron después de la operación mostraron que ya no tenía cáncer. El oncólogo me dijo que si no seguíamos con otro tratamiento, tenía cincuenta por ciento de posibilidad de recurrencia. El seguir un tratamiento de quimioterapia bajaría el porcentaje dramáticamente. Consentí hacerme cuatro seciones de quimioterapia.

Al recuperarme de la cirugía y esperar por los tratamientos de quimioterapia, aumenté mis momentos de oración y meditación, todavía con fe en que con Dios podía vencer cualquier obstáculo.

Al estar sentado en la sala de quimioterapia para comenzar con el tratamiento, vi a muchas personas que estaban pasando por peores casos que el mío. Decidí enviarles energía sanadora y calladamente afirmaba que estaban sanos y bien. También afirmé que iban a superar este desafío.

El tratamiento de quimioterapia tiene muchos efectos secundarios, y ninguno de ellos es placentero. Uno es la pérdida del cabello, el cual no es tan dramático para un hombre calvo, mas sentí gran empatía por las mujeres que estaban sufriendo esta consecuencia del tratamiento.

Yo afirmaba para mí y para otros que los efectos secundarios eran transitorios, mas que el Espíritu divino está por siempre presente. Esta experiencia no es una que deseaba para mí, pero ha sido una gran maestra.

Tal vez la mayor bendición es el poder compartir mi experiencia con los demás. Puedo decir con certeza que mi prognosis es bien absoluto. No soy el mismo hombre de ayer, soy un ser más espiritual, el ser que se supone que sea.

Don Rogers y su esposa, Linda, asisten a Unity Church Universal, la cede de la primera iglesia Unity en Kansas City, Missouri, U.S.A.