Más allá del miedo

Más allá del miedo
Dr. Udo Igwe

Artículo de La Palabra Diaria

Mi padre fundó el centro Unity en nuestra villa en Amaekpu en el pueblo de Ohafia, Nigeria. En 2001 fui ordenado como ministro de Unity. A lo largo de los años en mis sermones he mencionado el gran aliento que me dan la “vara” y el “cayado” de los que habla el salmista. Yo creo que la vara y el callado simbolizan las bendiciones que ofrecen el amor y la no resistencia: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Sal. 23:4).

El 5 de enero del 2008 mi fe fue puesta a prueba. De tarde ese día, llevé a mi hermano Ebi al doctor. Cuando regresamos a casa ya era de noche. Toqué la corneta para alertar el guardia de la entrada del campamento que estábamos allí para que nos abriera la puerta, mas él no salió. Entonces mi hermano se bajó del carro para abrirla. Justo cuando pasé por la entrada y detuve el carro, un hombre apuntó una pistola a mi cabeza y me dijo: “Deja la llave en el encendedor y sal del carro”.

Uno de los guardias del campamento se acercó y preguntó qué estaba pasando. Otro hombre armado le dijo que se echara al suelo. Pensé que mi hermano iba a protestar, de modo que lo empujé. Recordé cuando la muchedumbre enojada vino a arrestar a Jesús y cómo respondió Él con amor y no resistencia. Jesús dijo a Simón Pedro, quién había salido a Su defensa: “Vuelve a poner la espada en su lugar” (Jn. 18:11 Versión Popular).

Le pregunté al hombre armado que estaba junto a mí: “¿A quién buscan?” “A ti”, respondió. “¡Métete en la maletera de tu carro!” Me metí y el hombre cerró el capó. Encerrado en ese espacio oscuro y sofocante, me preguntaba qué estaba pasando afuera, ya que el carro arrancaba para luego retroceder. ¿Acaso alguien estaba tratando de detenerlos? Oré para que no hubiera disparos, y supe que mi oración había sido escuchada cuando el carro finalmente marchó sin detenerse.

Al rato, el carro se detuvo y el conductor me sacó de la maletera. Estábamos en una villa remota —una que yo no reconocí. El hombre me tapó los ojos y me llevó a una choza, donde me revisó. Él me explicó que su “tarea” era mantenerme cautivo hasta que recibieran 20 millones de nairas (más de US$150,000) por mi rescate.

“¿A quién podemos llamar para que nos dé el dinero?”, preguntó el hombre. Yo le respondí: “Señor yo no tengo esa cantidad de dinero y no conozco a nadie que la tenga”.
Ellos llamaron a mi esposa con la demanda y ella también les explicó que no disponíamos de tal cantidad de dinero. Ella les pidió que le dieran hasta el día siguiente para ver cuánto dinero podía recolectar. La mañana siguiente, ellos llamaron nuevamente y mi esposa les dijo que todavía estaba tratando de juntar dinero. Habiéndose puesto más impacientes, los hombres comenzaron a torturarme. Me pegaban con la parte plana de un cuchillo y ponían cigarrillos encendidos sobre mi cabeza.

El amor y la no resistencia

La oración me sostuvo durante los episodios de tortura. Luego me enteré que Silent Unity había estado orando por mí durante mi secuestro y que nuestra casa había sido un centro de oración, no sólo con personas de Unity sino también de otros grupos cristianos.

Estando secuestrado practiqué el amor y la no resistencia a un grado que no lo había hecho nunca antes. Sabía que si quería sobrevivir debía levantarme y seguir el ejemplo de Cristo. Permanecer con una conciencia espiritual elevada me ayudaría a ver a mis secuestradores como hijos de Dios, y de alguna manera ellos lo sentirían.

Ciertos momentos ellos se mostraban amigables, haciéndome preguntas personales y acerca de mi experiencia como ministro. Mas, en otros, eran bastante violentos.

Vivir mis creencias

Cuando alguien se encuentra frente a frente con la posibilidad de morir, siente temor. Yo por momentos, superé el temor gracias a la oración. Le dije a Dios: “Si piensas que ya hice suficiente en este plano de existencia, entonces estoy listo para salir de este cuerpo. Mas, si todavía tienes planes para mí, seguiré dedicado a Ti”.

El lunes, 7 de enero, tres días después del rapto, los secuestradores accedieron tomar la cantidad de dinero que mi esposa había recolectado. Ella siguió sus instrucciones y me dejaron ir con la condición de que tenía que reunir el resto del dinero y enviárselo una vez que ellos me dieran instrucciones. Me cubrieron con una manta, me pusieron en el carro y manejaron por largo rato antes de dejarme. Pude reconocer el lugar donde me dejaron, encontré un teléfono y llamé a mi esposa. Ella me buscó y llevó a casa.

Luego de mi liberación miembros de la iglesia Unity se reunieron en mi casa. La mayoría de ellos querían simpatizar conmigo. Mas yo les dije: “Demos gracias a Dios por que ahora tengo una nueva conciencia espiritual de amor y no resistencia”. Agradezco a Dios poder seguir con mi ministerio. Estoy seguro que mis sermones son ahora más significativos gracias a lo que aprendí durante esos tres días de cautiverio y tortura.

No les dimos a los terroristas dinero adicional, ni tampoco han sido capturados. Muchas personas me dicen que me mude de lugar. Mas sé que si lo hago, como ministro, nunca podría hablarle a otra persona acerca de cómo superar el temor. Al levantarnos por encima del miedo somos capaces de vivir partiendo de la presencia crística.

El Reverendo Dr. Udo Igwe, ministro de Unity, comparte un mensaje de amor y no resistencia al describir su secuestro y tortura en manos de terroristas.