La Palabra Diaria cambió mi vida

Cambió mi vida
Samantha White

Artículo de La Palabra Diaria

Un conductor embriagado mató a mi hija cuando ella tenía 20 años. Eso me destruyó por completo. Mi matrimonio había terminado unos años antes y, días antes de la muerte de mi hija, el hombre que había prometido casarse conmigo me traicionó. Me sentía atacada, como que si me cayera una y otra vez, levantándome sólo para volver a caer. Durante esos momentos no pude ni pensar ni sentir.

Pasaron meses, y de estar aturdida y adormecida emocionalmente, pasé a sentir mucho dolor. Al hacer un inventario de mi vida, me di cuenta de que no tenía un apoyo espiritual que me ayudara a subsanar el dolor. Aunque fui criada en un hogar religioso, había abandonado mi fe y me había convertido en atea durante mi juventud. Ahora realmente necesitaba y quería orar, mas no sabía cómo, o a quién o cuándo empezar.

Durante el primer año de gran sufrimiento después de la muerte de mi hija, según batallaba para poder pensar y encontrar sentido en mi vida, comencé a recibir una pequeña revista en el correo. La primera vez que la vi sólo le di una ojeada y concluí que era de carácter religioso dudoso, similar a las que reparten por las calles. No me interesó y la boté junto con el correo no solicitado que había recibido ese día.

El mes siguiente, recibí otro ejemplar. Esta vez noté el título: La Palabra Diaria, antes de botarla. Cuando llegó la tercera, la curiosidad me hizo revisar su contenido y me di cuenta de que tenía un mensaje edificante para cada día. Leí unos cuantos y no encontré nada que objetar. Más que religiosos los encontré poéticos, aunque observé que contenían pasajes bíblicos. Cuando llegó el cuarto ejemplar, lo coloqué en mi mesa de noche, para verlo antes de dormir.

Los mensajes me parecieron inspiradores, con un tono gentil y espiritual que hablaba de amor, esperanza, fortaleza y vivir lo mejor que se pueda. Me convertí en devota de esta pequeña revista, la cual continuó llegando cada mes. Comencé el ritual matutino de leerla al comenzar mi día.

Un día, en el cual iba a caminar en la playa con mi amiga Judith, decidí llevar mi ejemplar. Le dije a mi amiga: “te quiero enseñar algo”, según sacaba el ejemplar de mi bolsillo, “creo que alguien me ha suscrito a esta pequeña revista, la cual me parece maravillosa”. “Sam”, me contestó Judith, “¡yo fui quien te suscribió!”

Esa pequeña revista, a la cual todavía me suscribo y que leo diariamente, me acompañó cuando comencé a edificar la vida espiritual que tanto añoraba y necesitaba. Empecé a identificar los conceptos en los cuales creía: amabilidad, compasión, amor, generosidad y paz. Llegué a sentir mi vínculo con la fuerza del bien mayor y la esencia sagrada de la vida —lo cual me incluía a mí. Experimenté mi unión con algo maravilloso, comenzando con La Palabra Diaria y extendiéndose a todo a mi alrededor. Llegué a comprender que todos tenemos una chispa de Divinidad en nosotros. La Palabra Diaria es y siempre será una afirmación de esta verdad.

La Palabra Diaria ha forjado mi fe, ayudándome a crecer y sobrevivir dándome valor para cambiar el rumbo de mi vida. Para continuar con la tradición de compartir el bien, he regalado suscripciones a quienes pueden beneficiarse de su sabiduría e inspiración.

Luego de que su hija falleciera y en su honor, Samantha White regresó a la escuela, cambió de carrera y es ahora una psicoterapeuta que ayuda a las personas con el proceso del sufrimiento. Su sitio Web (en inglés) es www.samanthawhite.com.