La oración: Clave para una vida armoniosa

La oración: Clave para una vida armoniosa
Felicia Blanco Searcy

Mi intención es ayudarnos a creer que tenemos el mismo poder que Jesucristo ejemplificó, y utilizar dicho poder. Esta no es una idea sin base o mérito, Jesús dice en Juan 14:12: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre”. Sus palabras nos dicen que tenemos el poder de repetir los hechos milagrosos que Él hizo, y nos instó a que lo hiciéramos.

Ahora examinemos lo que Jesús quiere que repitamos. Cuando estudiamos Su ejemplo, vemos que Él logró lo extraordinario en obras compasivas, generosas, poderosas y sabias. Dio de comer a los hambrientos, sanó a los enfermos, enfrentó a las autoridades y consoló a los afligidos. Jesús sabía que no estaba limitado o definido por su ser físico.

Él, sabiendo que tenía acceso a la fuente de la naturaleza creativa de Dios, fue capaz de transformar las vidas de las personas que tuvieron fe en Él. Jesús sabía que Él era un canal por medio del cual el poder de Dios hallaba expresión, y sus acciones demostraban esta conciencia. Jesús nos dice que nosotros, también, somos canales divinos. Él sabía que si descubrimos nuestra gloria innata y la compartimos con los demás, más y más personas vivirán el cielo aquí en la tierra.

¿Cómo logró Jesús tal visión y fe? ¿Cómo pudo descubrir y entender quién era? Jesús tenía un modo sencillo para sintonizarse con el reino Divino. Él oraba. Orar era vital para Jesús. Él habló acerca de la oración constantemente y oró con frecuencia. La próxima vez que leas el Nuevo Testamento, fíjate en las veces que menciona que Jesús oró. La Biblia nos dice que oró toda una noche, que se apartó de la multitud para orar, que fue a un jardín a orar, que levantó sus ojos y oró. Esto demuestra que Él incluyó la oración en toda área de su vida y ministerio, y se aseguró de que las personas a Su alrededor, especialmente Sus discípulos supieran cuando Él estaba orando.

¿Qué es la oración?
¿Qué queremos decir realmente con la palabra oración? El Padre Thomas Keating, en su libro: Mente abierta, Corazón abierto, dice: “La oración contemplativa es el procese de transformación interna, una conversación que es iniciada por Dios, y que nos lleva, si así consentimos, a una unión divina”. Escritor, ministro y terapeuta, Wayne Muller, en su libro: Learning to Pray, describe la oración como “escuchar profundamente y con fe, esperar que lo escondido sea revelado. La oración no es una agrupación de palabras, mas bien es lo que ocurre cuando prestas atención y esperas que la orilla de los cielos emerja por encima de las palabras”. La cofundadora de Unity, Myrtle Fillmore, dice que la oración “levanta a la persona hasta que esta logra sentir su unidad con Dios, quien es Espíritu, la fuente de todo lo bueno y perfecto” (del libro: Las cartas sanadoras de Myrtle Fillmore).

La oración son todos aquellos momentos en los que fomentamos nuestra relación con lo divino. Momentos que apartamos para entender con más profundidad quiénes somos, quién es Dios y nuestra relación con Él. Algo en nosotros sabe que nuestras vidas abarcan mucho más de lo que podemos ver en la superficie. Anhelamos unificarnos con una Presencia que no podemos ver, mas que sentimos. La oración nos ayuda a establecer dicha unión.

Jesús lo sabía. Él reconoció que para poder experimentar el reino de los cielos, tenemos que mantener nuestra relación con la Presencia. La oración llevó a Jesús a Su interior, donde descubrió la Verdad acerca de la naturaleza de Su ser y la relación con Su Creador. Como resultado, Jesús sólo percibió unión entre Él y Dios. Jesús entendía que no existe el “tú” y “yo”. Él evolucionó a tal punto, que al verse a Sí mismo y a los demás sólo veía a Dios.

Luego, Él puso en acción su conciencia de unidad con el Espíritu divino. Sabiendo que Dios obraba por medio de Él. También sabía que los demás llegarían a conocer la Realidad Mayor gracias a Él, y que Él sería un ejemplo de las obras de Dios.

Jesús no pudo haber logrado el conocimiento profundo y la experiencia acerca de oración usando modos tradicionales para orar. Él no le rogaba a Dios; no le decía a Dios que hiciera algo. Sólo oró para conocer a Dios, sencilla y puramente. Su intención al orar era unirse a su Creador.

Su ejemplo nos insta a examinar el modo cómo oramos. La mayoría de las veces oramos a un dios externo para que nos salve de los retos de la vida o para que intervenga a nuestro favor. Este método de oración genera problemas e inconsistencias.

Jesús no oró para no tener desafíos, sino para estar plenamente presente, evolucionar y llegar a ser quién era en realidad. No evitó lo que la vida le trajo. Por el contrario, utilizó cada reto como una oportunidad de demostrar la grandeza de Dios. Su fe en la omnipresencia divina era más fuerte que cualquier circunstancia, y Sus oraciones reflejaban esta verdad. Sus oraciones le dieron fortaleza para superar todo desafío con gracia y dignidad.

La oración nos pone en contacto con lo que es verdadero. Como resultado, cambiamos nuestro modo de actuar. Aprendemos a ser más afables y compasivos. Tocamos la fuente infinita de fortaleza y sabiduría. Nuestras vidas se tornan plenas porque hemos hecho surgir y expresado nuestro potencial.