La fortaleza de un bosque

por Greg Barrette

 

Cuando James Dillet Freeman, poeta de Unity y director de Silent Unity® por muchos años, viajó a California en 1989 y tuvo un día libre, ¿qué quiso hacer con ese tiempo? “Yo sólo quiero ver dos cosas”, me dijo: “el océano y un bosque de secuoyas que no hayan sido taladas”.

¿Por qué que no hayan sido taladas? ¿Qué hace a estos árboles tan especiales? Existían muchos árboles impresionantes. No eran tan grandes como los que no habían sido talados, pero los había en mayor cantidad y se encontraban más cerca de donde estábamos.

“Hay algo diferente en los árboles que nunca han sido talados”, dijo Freeman. “Ellos poseen una energía especial que puedo sentir. Sabes, nunca verás una secuoya sola; se caería. Sus raíces crecen tan cerca de la superficie que requieren que varias de ellas entrelacen sus raíces para poder permanecer de pie. Las secuoyas son como nosotros, supongo. Ellas encuentran su fuerza en la unión”.

Él estaba tomando un raro descanso de cuidar a su esposa Billie, quien estaba luchando con la enfermedad de Alzheimer. A este punto, ella no podía hablar con claridad, a excepción de dos palabras, “te amo”, las cuales decía a todo el que venía a verla. Y si le pedías que orara, ella inmediatamente tomaba tus manos y realizaba una oración clara, espontánea y sincera.

Este momento fue uno de sanación para Freeman. Él quería energizar su alma y traer de vuelta un poco de consuelo y fortaleza a Billie, a quien había dejado en buenas manos.

Visitamos el grupo más cercano de árboles no podados, el “Heritage Grove”. Los cortadores los habían pasado por alto y por eso habían permanecido milagrosamente en su estado original. Mientras caminábamos en silencio, él me invitó a sentir la vibración y la energía de estos árboles, algunos de más de mil años de antigüedad. “Estos árboles tienen un poder espiritual y sanador”, dijo James. “Me recuerdan a Silent Unity. Solos parecemos no poder lograr mucho, mas al apoyarnos permanecemos erguidos”.

Nos quedamos meditando en silencio, absorbiendo la energía de esos árboles. Estoy seguro de que fue de mucho beneficio para Billie cuando su esposo volvió a casa.

Años más tarde, llevé a mis hijos adolescentes a visitar “Big Basin”, otro grupo de árboles nunca antes podados ubicados a pocas millas de distancia. Les conté la historia. Mi hija, quien había conocido a Freeman de niña, sonreía mientras la escuchaba. Luego, ella señaló un letrero que decía: “Padre del bosque”. Estaba frente a un enorme árbol de dos mil años. Mi hijo encontró otro cartel que decía: “Madre del bosque”. Mientras leía las características de estos dos árboles, me di cuenta de que la madre era más alta, y que el padre era más viejo y más grueso. “¡Igual que en nuestra familia!”, fue la respuesta de mis hijos.

Después de que paramos de reírnos, perma- necimos allí, envueltos en la energía y la vibra- ción generadas por sus raíces entrelazadas. Al igual que en nuestra familia. 


Greg Barrette fue criado en Unity, y actualmente sirve como ministro encargado de Unity Northwest Church en Des Plaines, Illinois. 

Este artículo apareció en la edición de Marzo Abril de La Palabra.