La felicidad es obra de Dios II

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

Si has estado buscando la felicidad en las personas y los sucesos, has descubierto que no se encuentra allí. Si esperas que las circunstancias externas te den satisfacción, permanecerás en un sube y baja emocional.

Hay un cuento antiguo acerca de un padre que estaba muy feliz por haber tenido un hijo. El hijo se calló del caballo y se rompió la espalda, y eso puso al padre triste. Luego, debido a la lesión, el hijo no fue a la guerra, y eso puso al padre contento. Debido a que el hijo no fue a la guerra, se casó con una mujer terrible, lo que hizo que el padre se pusiera triste. Luego el hijo tuvo un hijo, y eso hizo al padre feliz, y así sigue el cuento, un suceso alegraba y el otro entristecía. Este es el modo como la mayoría de las personas viven sus vidas, siempre reaccionando a lo que aparece repentinamente y buscando la alegría en los lugares equivocados: en los sucesos externos.

El verdadero gozo es realmente parte de tu naturaleza. Ha sido creado en tu ser mismo. Sí, incluso a pesar de las circunstancias externas que pueden parecer desde justas hasta horribles, la experiencia del gozo se encuentra presente en lo profundo ele tu ser. No es algo que puedes tomar de lo externo, sino algo que dejas surgir de tu ser interno. Los sucesos sólo nos dan una excusa para sentirlo.

No importa en qué situación te encuentres, una vez que haces contacto con el Cristo de tu ser, inmediatamente sientes un torrente de alegría, ya que sabes que puedes confiar en Dios y que todo estará bien. No hay felicidad verdadera a menos que se confíe en Dios, ya que cuando confías en Dios estás consciente de que, no importa cuál sea la situación, eres sólo un observador de pasada, que todas las cosas se solucionarán favorablemente para todos, y que todo está realmente bien.

LA ALEGRÍA SANA

Cuando acudes al Cristo de tu ser y puedes descansar por unos minutos en esa sensación de confianza y paz que consigues allí, automáticamente te sientes elevado y rebozando de alegría. Esta sensación es totalmente espontánea y, como  descubrirás, no tiene nada que ver con lo que ocurre en tu vida.

El sentimiento de verdadera felicidad es un gran armonizador y sanador, no sólo de las emociones internas y de las relaciones humanas, sino también del cuerpo físico. De hecho, ese sentimiento de alegría interna activa las fuerzas sanadoras enviándole un mensaje a tus células de que todo está bien, que se espera el bien. Cuando el cuerpo recibe este mensaje, no tiene otra alternativa que seguirle y sanarse.

Resulta que es la alegría lo que te da esa sensación de que todo está bien.

Es la alegría verdadera lo que te mantiene elevado, a pesar de lo que ocurra a tu alrededor. La verdadera alegría surge al hacer contacto con el espíritu de Dios en ti. Cuando realizas el contacto, irrumpe la alegría. Tú ya has estado probando esto por ti mismo, tal vez sin saber lo que estaba ocurriendo.

Las vidas de los grandes maestros espirituales a través de la historia han estado marcadas por la alegría. Si uno continúa yendo a esa fuente de divinidad interna, el resultado simplemente tiene que ser una sensación de gozo que surge al confiar en Dios. 

Se te ha implantado la alegría desde el principio. Nadie puede dártela. Nadie, como lo dijo Viktor Frankl, puede quitártela. Se encuentra enteramente en tus propias manos. Si estás dispuesto a acudir internamente hacia ese Poder que yace en tu esencia, no puedes menos que encontrar alegría. Sostiene el alma y fortalece el cuerpo.

Es casi como un regalo precioso, este regalo de la alegría, es para llevarlo suavemente y usarlo frecuentemente. Como creaciones de Dios. fuimos creados para vivir alegres siempre. Estás propenso más y más a portar la marca de la felicidad. Reconócela en ti y celébrala.