La experiencia divina

La experiencia divina
Rev. Kelly Isola

Artículo de La Palabra Diaria

A medida que los seres humanos continuamos evolucionando también lo hace nuestro concepto de Dios. Con cada paso que tomo hacia más sabiduría y compasión, mi comprensión acerca de Dios se expande. Dios. Mente Divina, Amor, Sustancia, Espíritu —éstos y otros nombres se usan para describir a Dios. Mas, es cuando dejamos ir las limitaciones del lenguaje que realmente experimentamos la actividad divina.

A veces, describimos a Dios como “la gran red de vida”. Podemos identificarnos con este aspecto de Dios cuando vemos la belleza de la vida: un atardecer, las interminables olas del océano y las imágenes astrales. Otras veces, experimentamos a Dios en el silencio. Cuando estamos solos en un momento de oración y meditación y, sin palabras, sentimos el YO SOY.

Yo pude sentir la inmanencia de la presencia de Dios con mi padre, un año antes de que él falleciera. En ese entonces, mi padre y mi madre estaban viajando por todo el país en su casa rodante. Para el día de Acción de Gracias, ellos llegaron a Phoenix, donde yo vivía en ese momento. Decidimos ir al Gran Cañón y pasar ese día festivo de un modo distinto al tradicional.

Ese día, nos levantamos antes del amanecer para manejar hasta el Gran Cañón y desde allí ver salir el sol. No hay palabras que puedan describir el majestuoso paisaje que cobró vida delante de mí. Me senté en una roca, acurrucada con una cobija para protegerme del intenso frío y cerré mis ojos. Lentamente comencé a sentir el calor del sol en mi cara. Unos minutos más tarde, mi padre me trajo unos huevos revueltos de desayuno y se sentó a mi lado.

Al apreciar la belleza milagrosa del cañón y luego ver a mi padre, me di cuenta de que estaba viendo surgir la perfección de Dios en todo a mi alrededor. La fuerza que labró las rocas con agua y viento por billones de años, era la misma fuerza que le dio vida a mi padre. Era el Espíritu inteligente y divino quien se estaba desayunando conmigo a la orilla del cañón.

Al ver el rostro de mi padre, recordé que Dios es ese vínculo que existe entre todo lo creado y yo. Dios en la esencia de cada relación personal, el santuario donde moramos. En Dios, cada gesto —inclusive preparar un desayuno— se torna en una oración; y cada acto de bondad en una bendición. Gracias a nuestras acciones y vínculos podemos experimentar la radiante presencia de Dios.

La fuerza que mueve las estrellas es la misma fuerza que mueve el corazón del ser humano —que es la transcendencia de la naturaleza de Dios viva en cada persona.