La esponja

por Bárbara Bowen

 

Hace siete años, debido a la enfermedad de mi madre, me convertí en su cuidadora. A medida que pasaba el tiempo, me preguntaba: ¿Cuál es el propósito? Luchar contra la demencia que ella padecía parecía imposible. ¿Qué me correspondía hacer? ¿Qué necesitaba aprender de mi mamá? ¿Cuál era el propósito?

Hace poco, mientras estaba en la cocina, se derramó agua. Tenía que absorberla antes de que llegara al piso. La esponja del fregadero no había sido utilizada. Estaba seca. La mojé con un poco de agua, la escurrí y recogí el líquido.

De repente, me di cuenta de que esto era extraño. ¿Acaso no debería una esponja seca absorber más rápido? Hice el experimento. Pues no, la esponja húmeda definitivamente lo hacía más rápidamente. Esto parecía una contradicción. Entonces me di cuenta de que la esponja mojada me estaba enseñando algo acerca del amor. Cuando hay un poco de amor dentro de nosotros, estamos listos para absorber más.

No importa cuáles sean las circunstancias, siempre es posible expresar más amor y compasión.

Preparando al corazón con amor

Esta idea no es nueva, las frases “preparar el terreno”, “mojar el silbato”, “se necesita dinero para ganar dinero”, apuntan a la misma verdad. Si queremos más de algo, podemos usar un poco de la misma sustancia para aumentar la provisión. ¿Cómo “preparar el terreno” con amor? La Madre Teresa decía: “No todos podemos hacer cosas grandes, pero podemos hacer cosas pequeñas con un gran amor”.

Uno de los residentes del hogar de ancianos donde está mi madre tiene perlesía cerebral. Su mente está clara, pero la gente rara vez se da cuenta de ello. Su cuerpo está afectado, entonces llegan a la conclusión de que su mente también lo está. Una enfermera me animó a hablar con él. Nuestra conversación iluminó mi día. Hablamos y me hizo reír, “preparó el terreno” para mí, y espero haber hecho lo mismo por él. Me fui a casa con una nueva conciencia acerca de nuestra interconexión y de la presencia del Espíritu.

Qué ocurre cuando avivamos nuestra fuente interna

Cualquier experiencia humana puede hacer que nos sintamos sustentados: un amigo que sale de su rutina para estar donde lo necesitan; una mascota que se acurruca contigo; un ser amado que da afecto. Cuando estas expresiones son reconocidas e internalizadas como el Espíritu mismo, surge un sentido de bienestar y gratitud. Llegamos a nuestra Fuente interior y el amor se derrama sobre los demás.

No importa cuáles sean las circunstancias, siempre es posible expresar amor. Si mi madre está confundida y no puede usar palabras, puede expresar amor y gratitud con un beso o una señal con la mano. Tocar el corazón de otros con bondad amorosa y reconocer la presencia del Espíritu que ya está presente en nuestras vidas es un propósito valioso. Está claro. Una esponja seca, cuando es humedecida con agua, puede absorber líquido más rápidamente. El corazón, cuando es humedecido con compasión, puede absorber y dar más amor.

“Que se amen unos a otros, como yo los he amado”.—Jesús (Juan 15:12)


La inspiración puede encontrarse en los lugares menos esperados, dice Bárbara Bowen. Ella dejó su trabajo para cuidar a tiempo completo a su madre, quien padece demencia. Bowen vive en Colorado Springs, Colorado, y asiste a la iglesia Unity in the Rockies.

Este artículo apareció en la edición de Julio-Agosto del 2019 de La Palabra Diaria.