La corriente de la vida

La corriente de la vida
Martha Smock

Artículo de La Palabra Diaria

Si nos paráramos en la cima de una colina y viéramos el progreso de la corriente de un riachuelo, veríamos todos sus giros y brechas; apreciaríamos cómo cambia su anchura, sus áreas claras y oscuras, y sus zonas calmadas y tumultuosas. Mas sabríamos que todas esos áreas y aspectos pertenecen a un solo riachuelo, que son sus muchas expresiones.

Si pudiéramos salir de nosotros mismos y desde una colina mística ver aquello que llamamos nuestra vida, no sería muy distinto que la experiencia de ver un riachuelo. Podríamos apreciar, con ojos libres del pasado y del futuro, cómo los días, meses y años fluyen juntos, cómo todo cae en su sitio para el infinito progreso del alma.

No existen hechos aislados en la vida, aunque parezca que los haya. Ninguna experiencia viene a nosotros que sea extraña a nuestra conciencia, que no tenga relación con lo que somos, con nuestro propósito.

El suceso que parece trágico ahora y que parece cambiar nuestra vida, no puede detener el incesante fluir de ésta. No está confinado al pasado o al futuro, sino que fluye del pasado y es acogido por el futuro.

¿Puedes acordarte de las preocupaciones y los temores del año pasado? ¿Son todavía tan temibles e importantes? El año que viene, y el siguiente, ¿podrás acaso recordarlos? Y las preocupaciones de hoy, aquellas que te quitan la paz y el sueño, ¿permanecerán por siempre? No, no lo harán. Esas también pasarán.

¡Cuán rápidamente fluye la corriente de la vida! A veces decimos: “Más nunca podré ser feliz”. “No volveré a amar.” Pero, aun antes de que nuestro eco se haya disipado, nuestro corazón ya se enfoca en lo nuevo de la vida, y la risa, la luz y el amor nos llaman desde el mañana.

Lo que somos hoy en día es producto de todo lo que ha ocurrido anteriormente. Inclusive, si pudiéramos, no cambiaríamos nuestras experiencias por las de otras personas, aun cuando nuestra corriente de vida sea a veces brusca.

No seríamos el ser único que somos sin haber tenido el pasado que hemos tenido, sin haber pasado por las experiencias que nos ha ofrecido la vida; sin el crecimiento mental, emocional y espiritual que hemos logrado con el pasar de los años. Bajo la honestidad de nuestra alma hemos de admitir que no queremos ser alguien más, inclusive si pudiéramos. Lo que queremos es ser la mejor persona posible que somos capaces de ser.

Puede que nos preguntemos: ¿Cuál es la intención de la vida? ¿Por qué estoy aquí? Tal vez no podamos ver claramente nuestro propósito, no podamos entendernos o entender nuestra vida desde el punto de vista humano. Mas si observamos todo desde un nuevo plano, si ascendemos a la colina de la Verdad, podremos tener una perspectiva nueva que nos hace ver que tanto nuestra vida como nosotros somos bellos e inspiradores. Este nuevo enfoque nos revela nuevos horizontes y posibilidades para el crecimiento y para el bien. Somos un alma viviente en un viaje dinámico, sin principio ni fin.

Martha Smock (1913-1984) sirvió como editora de Daily Word y La Palabra Diaria por 35 años. Este artículo ha sido adaptado del original, el cual fue publicado en junio de 1946.