La acción de gracias

Mary-Alice y Richard Jafolla

 

“Quien no da gracias por poco, no dará gracias por mucho”.—Proverbio estonio

El refrán en inglés: “Fake it until you make it” (fíngelo hasta que lo logres), parece ser un enfoque erróneo cuando tratamos sinceramente de cambiar nuestras vidas, pero no es realmente un mal consejo. 

Cuando “lo fingimos”, cuando nos forzamos en pensar consistentemente de cierta manera y “pretendemos” sentir constantemente ciertas emociones, nuestras mentes, con el tiempo, empezarán a aceptar esos pensamientos. Al actuar conscientemente “como si”, creamos nuevos senderos en nuestro sistema nervioso, nuevas maneras de pensar que moldean el cerebro. Esto puede entonces cambiar nuestros sentimientos y nuestra conducta, lo que significa que cambiaremos nuestras vidas. 

Si, por ejemplo, pensamos conscientemente de una manera afable, en vez de un modo rencoroso, acerca de alguien a quien resentimos, con el tiempo nuestros duros sentimientos se suavizarán y serán reemplazados con sentimientos de amor. Si estamos dispuestos a "fingir" sentimientos de amor con bastante persistencia, finalmente amaremos en realidad. 

Luego dejamos que el innato amor divino que habíamos reprimido se exprese.

Esta técnica trabaja especialmente bien con la acción de gracias, porque nuestras palabras representan nuestros sentimientos. Palabras de agradecimiento, ya sean fingidas o verdaderas, representan sentimientos de gratitud, confianza y fe, sentimientos de que todo estará bien, y ellas nos vuelven receptivos a recibir el bien que ya nos espera. 

Cuando damos gracias, damos realmente una bendición. Como los girasoles que se vuelven hacia el sol, dar gracias vuelve nuestros corazones hacia el bien. Conocemos el poder de la gratitud en el plano emocional humano. A todos nos gusta ser apreciados y que se nos muestre agradecimiento. Esto nos motiva y mueve a hacer lo mejor. 

En el plano espiritual, cuando estamos agradecidos sinceramente a Dios por el bien que tenemos y el que se nos tiene reservado, la gratitud cobra un poder aún más atractivo. Como un poderoso imán, el agradecimiento atrae el bien a nosotros. 

1. La táctica obvia es pedirte que enumeres las cosas por las cuales sientes agradecimiento. ¡No te desilusionaremos! En tarjetas separadas, escribe siete cosas por las que sientes gratitud—una en cada tarjeta.

Por ejemplo: Gracias, Dios, por mi salud.

2. En otras siete tarjetas, escribe en cada una de ellas una cosa por la cual te gustaría dar gracias. (Escríbelas como si ya fueran verdaderas.) 

Por ejemplo, si deseas dar gracias por una relación mejor con tu compañero o compañera, escribe: "Gracias, Dios, por un matrimonio maravilloso". 

Si deseas dar gracias por mayor prosperidad, podrías escribir: "Te doy gracias, Dios, porque todas mis necesidades son satisfechas". 

3. Cada día de esta semana, toma una tarjeta de cada grupo y repite tus afirmaciones tantas veces como pienses en ellas durante el día. 

4. Cada día de esta semana toma tiempo para sentarte tranquilamente y avivar los sentimientos de agradecimiento que están en lo más profundo de tu alma. Durante tu momento de quietud, susurra varias veces: "Gracias. Dios". Cuando termines con tus momentos de sosiego, di en voz alta: "¡Gracias, Dios!"