Estoy agradecido

por la Rev. Margaret Flick

 

“El cielo y la tierra escuchan y responden al alma que se convierte en alabanza y acción de gracias… La alabanza es gratitud en acción”.—Myrtle Fillmore (Cómo dejar que Dios te ayude, libros de Unity)


La gratitud es reconocer nuestra abundancia, agradecerla y apreciarla abiertamente dando gracias y alabanzas. Es saber que todo es un regalo. Incluso los desafíos y la angustia brindan oportunidades para obtener bendiciones. La gratitud es la práctica espiritual de no dar nada por hecho.

Una maravillosa historia de gratitud es el pasaje del evangelio sobre los 10 leprosos. Jesús viajaba a lo largo de la frontera  entre Samaria y Galilea cuando 10 leprosos se le acercaron. Se mantuvieron a distancia, llamando:

¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que, mientras iban, quedaron limpios. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies dándole gracias. Éste era samaritano. Jesús le preguntó: ¿No son diez los que han quedado limpios? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado”.—(Lucas 17:13-19)

Nueve leprosos corrieron para mostrarle al sacerdote que estaban limpios, pero no se detuvieron a expresar gratitud. Su curación fue diferente de la de aquel que le agradeció a Jesús. El décimo leproso demoró su propia gratificación para mostrar gratitud a quien lo sanó. Él fue cambiado a profundidad.

La gratitud tiene tres componentes: reconocimiento, gratitud y aprecio.

El fundamento de la gratitud del leproso fue reconocer la presencia de Dios en su curación. Él reconoció la conexión de Jesús con Dios y que Dios estaba trabajando en y por medio de Jesús.

  1. Reconocemos que hemos recibido algo bastante sorprendente. Identificamos el regalo de la vida y la presencia de lo Divino. La gratitud cambia, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestra percepción del mundo.
    El fundamento de la gratitud del leproso fue reconocer la presencia de Dios en su curación. Él reconoció la conexión de Jesús con Dios y que Dios estaba trabajando en y por medio de Jesús.
  2. Reconocemos nuestro bien—uno de los agentes de cambio más poderosos además del amor y la humildad. Podemos sentir físicamente la diferencia cuando pasamos de la negatividad a la gratitud. Pruébalo y observa el cambio físico y mental que produce.
  3. Aprecia las cosas simples. Por ejemplo, podemos reconocer, agradecer y apreciar el increíble regalo de una ducha de agua caliente. Podemos expresar gratitud por el agua, por los plomeros que instalaron las tuberías, por las personas que trabajan en la planta de filtración de agua, así tendremos agua limpia para beber y bañarnos. O aprecia tu comida. Muestra gratitud por los agricultores, las personas que lo recogieron y empacaron, las personas que lo distribuyeron para comprarlo y quienes lo prepararon.

El hermano David Steindl-Rast, un monje benedictino, nos recuerda que “el agradecimiento es el gesto interior de dar sentido a nuestra vida al recibir la vida como un regalo”.

Vamos más allá de la apariencia exterior y reconocemos y apreciamos las cualidades divinas que existen en toda vida, como la belleza, el diseño, el propósito y la interconexión de la vida.

Si has tenido un mal día, intenta esto: mira hacia el cielo y observa la belleza de las nubes y cómo cambian y se mueven. Ellas demuestran que nada permanece igual. El sólo hecho de apreciar la belleza en el mundo puede cambiar tus pensamientos y sentimientos.

Cuando estamos en el bosque, sentimos gratitud por los árboles, las plantas, los animales y la tierra. ¡La fotosíntesis es increíble! Mira de frente a una flor y realmente nota y aprecia las complejidades del color y diseño.

Podemos expresar gratitud por lo que vemos y lo que no vemos—montañas, océanos, animales, personas y culturas más allá de nuestra ubicación física o del funcionamiento interno de nuestros cuerpos.

La gratitud nos lleva a un estado de maravilla. La gratitud nos lleva a la comunión con lo Divino.

Mientras una práctica de gratitud se convierte en una forma de ser, podemos decir con sinceridad: “YO SOY gratitud”. Es quiénes somos y cómo nos movemos por el mundo—agradecidos por todo ello.

“No es el gozo lo que nos hace agradecidos; es la gratitud lo que nos hace felices”.—Hermano David Steindl-Rast