Los aspectos espirituales de la recuperación

Mackenzie Phillips
por Mackenzie Phillips

 

Siempre he sido una buscadora. Cuando era pequeña, yo iba donde mi mamá y le decía: “Mamita, quiero ser judía”. Ella no me cuestionó, ni me ignoró, y tampoco discutió conmigo. En vez de ello, me llevó al Templo.

Hubo un momento de mi vida en el que cantaba “Nam-myoho-renge-kyo”, que es una promesa para manifestar nuestra naturaleza búdica; un compromiso para no permitir que el sufrimiento gane la batalla. En otro momento, fui a una iglesia en la que fui “salvada” en las aguas. Ahora, casi con 58 años de edad, mis creencias reflejan las del Dalai Lama, quien dijo: “Mi religión es la amabilidad”. Mi fe personal es el amor y yo creo que Dios es amor —y amabilidad y generosidad.

Yo creo en la Regla de Oro: “Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti”. Me encantan el autor Don Miguel Ruiz y su libro Los cuatro acuerdos. Me gusta la tradición tolteca y la sabiduría que él enseña. Mi mente está abierta a muchas tradiciones espirituales. Creo que todo es hermoso, y no creo que a Dios Le importe cómo uno ponga su mesa.

También creo en dar las gracias —a Dios, al Universo. Todos los días expreso gratitud por mi vida y por las oportunidades que me ha dado, especialmente por poder ayudar a otros en el camino de la recuperación.

Cuando yo era joven, mi deseo no era convertirme en una actriz o artista musical como mi padre. Lo que yo realmente quería ser era psicóloga. Siempre me fascinó el ver lo que nos motiva —por qué hacemos lo que hacemos y por qué nos comportamos como nos comportamos. Pero dejé a un lado ese sueño por la actuación. Y, por supuesto, también me convertí en adicta.

Con los años, sentía que debía hacer otra cosa, pero rechazaba esos pensamientos. Pensaba: “Sí, pero yo soy actriz. Todo el mundo espera que yo haga eso y, si no hago eso, entonces no valgo nada”. No fue hasta que tuve 50 años y estuve sobria que exploré esa creencia. ¿En realidad pensaba que seguir mi corazón y mi pasión significaba que valía menos? Fue entonces que decidí regresar a la escuela para poder ayudar a otros a superar y sobrevivir la adicción. Realmente sentía que ese era mi camino.

Aún hago algunos papeles actorales pequeños, pero solamente si no interfieren con mi trabajo como consejera.

Con mi trabajo en Breathe Life y a través de mi libro Hopeful Healing, quiero ayudar a las personas a recordar quienes son, a encontrar su verdadera voz interior para pedir lo que necesitan; para pedir ayuda. Quiero ayudar a las personas a que piensen de una manera diferente en vez de pensar que son “adictos”.

Yo realmente creía que era solamente una adicta. Yo creaba historias en mi cabeza sobre quién era y cuál era mi valía. Creo que escribir mis memorias en el libro High on Arrival en verdad me ayudó a vivir poderosamente y con intención en vez de solamente tropezar con el día o hacer las cosas de manera mecánica o esperar lo mejor.

Creo que la sociedad piensa que la adicción es un fracaso moral; que uno debe ser débil o un criminal o que debe haber algo malo contigo. Creo que mucha gente piensa que un alcohólico es alguien que viste una gabardina y lleva una bolsa de papel y un gran vaso de cerveza. Hay tantas ideas equivocadas sobre los adictos y la recuperación. La gente cree que estar en recuperación significa que nunca volverás a divertirte, que todos los programas de 12 pasos están llenos de fanáticos religiosos.

Eso simplemente no es verdad.

En mi trabajo, soy como las paletas de una máquina de pinball, tratando de mantener la bola en el aire para motivar y guiar a mis clientes. Quiero que sepan que los entiendo, que he estado ahí y que comprendo cómo se sienten. Mis clientes me dicen que ellos saben que he atravesado el infierno y he regresado; que me puedo identificar con lo que ellos han pasado y están pasando.

Es un trabajo que parte el corazón porque la tasa de reincidencia en la adicción es muy alta. Pero me encanta ver cómo la luz se enciende en los ojos de alguien, ver cuando recuerdan quienes son —que no son las cosas que han hecho o las cosas que ha hecho su familia. Ellos no son lo que su crítico interior les dice que son. Es verdaderamente poderoso estar presente ante ese proceso con otra persona.

Medito cada mañana y también llevo a cabo meditaciones con clientes en Breathe Life. La gente cree que para meditar hay que sentarse a hacer cánticos, pero cualquier actividad puede ser una meditación si se lleva a cabo de manera consciente. Una de las mejores herramientas que tenemos para centrarnos es observar nuestra respiración y usarla para calmar nuestro cuerpo.

Meditar es una herramienta muy poderosa para la recuperación. A medida que atraviesas el proceso de recuperación, comienzas a realmente estar en el momento y despiertas ante lo que está a tu alrededor.

Estoy viviendo mi sueño. Estoy despierta a la vida. No estoy luchando para estar sobria. Ya no me pierdo todas las cosas divertidas, todas las cosas agradables que me perdía cuando estaba en la adicción.

Ahora que estoy sobria, quiero estar presente para todo. Mi mente está abierta a todo aquello que está ocurriendo a mi alrededor —lo que quiera que sea.


Mackenzie Phillips

Muchos conocen a Mackenzie Phillips por su papel como Julie en la década de 1970. Julie era la adolescente rebelde en la comedia de televisión de CBS One Day at a Time (“Un día a la vez”). También hizo el papel de Carol en la película American Graffiti de 1973. Hoy en día, Phillips apenas trabaja en la actuación. En vez de ello, trabaja como consejera de desórdenes de uso de sustancias en el Breathe Life Healing Center en West Hollywood, California, cerca de su hogar en Sherman Oaks. Tras luchar durante décadas con adicciones al alcohol y las drogas, Phillips está en recuperación. Ella comparte lo que ha aprendido en su libro Hopeful Healing: Essays on Managing Recovery and Surviving Addiction (Sanación esperanzadora: Ensayos para manejar la recuperación y sobrevivir la adicción).

Este artículo apareció en la edición de Septiembre-Octubre del 2017 de La Palabra Diaria.