La esencia del amor: La familia escogida

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por Jen Dickey

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Del rechazo al salir del clóset hasta el amor propio, un viaje espiritual para encontrar una vida auténtica y una familia.

Me encantaría decir que mi experiencia de revelar abiertamente mi orientación sexual fue fácil y estuvo llena de gracia.

Pareció empezar de esa manera cuando se lo dije a mis amigos en 2006. La mayoría de ellos no estaban sorprendidos en lo absoluto por mi secreto largamente guardado, pero aparentemente no muy bien escondido.

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La tradición religiosa en la que me crie condenaba las relaciones del mismo sexo, y cuando esa denominación se dividió, me hallé a mí misma aislada del resto de mi familia.

Era muy difícil compartir mi verdad con mi familia inmediata, y fue mucho más difícil cuando se dieron cuenta de que esto no era una etapa. Recibí una apasionada desaprobación y hubo meses de silencio, los cuales me llevaron a un profundo duelo.

De la decepción a la aceptación

No comprendía cómo la familia que, hasta ahora, me había apoyado en todas las maneras posibles podía estar de repente llena de tanta decepción y desprecio.

Con el tiempo, concluí que mostrar cualquier señal de aprobación hacia mí iría en contra de su fe en Dios y su visión de la palabra infalible de la Biblia. Ellos creían que esto podría poner en peligro su salvación.

A medida que busqué el consuelo de aquellos en la comunidad LGBTQ, ellos me sugirieron entusiasmados que yo podría crear una familia escogida. Pero esa fue una invitación angustiante para mí. Yo no estaba interesada en tener una familia escogida. Yo quería mi familia y su apoyo. Yo sabía que ellos me amaban, y también sabía que yo no quería vivir una vida inauténtica.

Con el tiempo, encontré una comunidad espiritual que era como un bálsamo para mi corazón, y comencé a procesar lo que denomino “el desbridamiento de mi alma”. Ello no ocurrió hasta que yo estuve lista y dispuesta a ser amada por otros, y luego, la formación milagrosa de mi familia escogida comenzó.

Del amor familiar al amor propio

Cada miembro de mi familia escogida ofrece un regalo con su presencia y amor incondicional. Ellos creen en mí y aplauden mis transformaciones internas y externas. Me preguntan cómo pueden ayudarme y me extienden la mano. Señalan con honestidad cosas que necesito ver de mi sistema de creencias, y saben que mi lenguaje de amor es la comida, la cual nunca rechazo. Están dispuestos a sentarse a mi lado y abrazarme si lloro, porque a veces solo quiero ser abrazada y tener la tranquilidad de que todo está bien.

Tenemos el poder dentro de nosotros para crear la vida de nuestros sueños y transformar nuestras vías, un pensamiento a la vez. Cuando expresamos los deseos de nuestro corazón, el Universo responde. Cuando dices: “Muéstrame el amor… la alegría… la esperanza… la paz”, esto será revelado.

Te sorprenderás de cómo las barreras y los bloqueos se derrumban ante el amor. Siempre hay alguien que añora ser parte de tu tribu, celebrar tu valía y caminar por la vida contigo, sin importar por cuánto tiempo.

Un personaje del programa televisivo Familia Moderna lo dijo muy bien: “La familia es la familia, ya sea aquella con la que empiezas, aquella con la que acabas estando, o la familia que ganas en el camino”.

Todavía tengo el amor de mi familia de origen, además del amor y el apoyo de mi familia escogida. Le añado a eso el florecimiento de mi amor propio y el amor infinito de Dios.

Si hay algo que sé con certeza, es que soy amada.


Jen Dickey (ella, la) es una especialista en medios digitales para Unity de Houston, en Texas.