Encontrar un refugio seguro

LGBTQ y despertar espiritual, salir del closet después de tener una familia, espiritualidad LGBTQ, iglesias partidarias con LGBTQ, Unity y LGBTQ, familia y LGBTQ
por la reverenda Sharon Ketchum

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Luego de pasar por un altibajo de cambios, salir del closet me llevó a una aceptación amorosa

Mi madre era muy devota a su iglesia, y su iglesia aceptada con agradecimiento que ella donara su tiempo y talento... hasta que su esposo la abandonó.

Como era una mujer que estaba a punto de divorciarse, la iglesia le pidió que permaneciera apartada de la comunidad. Le dijeron que podía mecanografiar el boletín de la iglesia desde su casa, pero que era mejor si ya no asistía a los servicios.

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Lección escuchada. Lección aprendida.

Pueden imaginarse las reglas que me impuse en mi propia vida.

Varias décadas después, puedo decir que mi vida ha estado llena de experiencias. He compartido algunas experiencias con otras personas, otras las he mantenido en privado, pero todas han contribuido a mi crecimiento. Me convertí en madre soltera, luego fui una madre casada y luego administradora en una corporación.

La vida se desenvolvía más o menos según el libreto, aunque también encontré algunas notas al calce.

Descubrí la meditación trascendental.

Leí el libro Aquí y ahora (HarperOne, 2010) de Ram Dass, aprendí la oración afirmativa y encontré una comunidad Unity. Tuve un gran despertar espiritual, una comprensión cada vez mayor del significado de la unicidad, de lo que es tener una relación íntima con el Espíritu, de la aceptación incondicional. Este despertar me llevó a convertirme en ministro.

Como líder de una iglesia, siendo madre de dos hijos y estando casada con un hombre, sabía que había expectativas acerca del rol de mi esposo en la comunidad y mucha curiosidad hacia él. También había una condición de salud mental, la cual yo creía que era una amenaza para mi vida.

El 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer en 2012, me fui de mi casa solo con mi ropa a cuestas, tras 23 años de matrimonio. Tenía muchas cosas que manejar en mi vida personal —tales como dónde vivir, cómo recuperar mis pertenencias esenciales y documentos— pero también debía encontrar una manera de darle la noticia a mi congregación. Recordé lo que le pasó a mi madre cuando su esposo la dejó, y yo había hecho algo “peor”. Yo dejé a mi esposo.

Dos domingos después, le di la noticia a mi congregación, y contuve la respiración. Hubo algunos murmullos, pero ahí acabó todo. Todavía seguía siendo la reverenda Sharon. Casada o divorciada, seguía siendo su ministro.

Los cambios no acabaron ahí.

El hecho de que tengo una esposa es eso, solo un hecho, tan simple como lo es que mi nombre es Sharon, mido cinco pies y tengo dos hijos.—Rev. Sharon Ketchum

Cuando comencé a salir en citas nuevamente, me di cuenta de que hacía mejores elecciones de mujeres que de hombres. Comencé una relación seria con una mujer que era relativamente bien conocida en nuestro pueblo y la llevé a los eventos de la iglesia como mi pareja.

Aunque no se sentía apropiado anunciarlo desde el púlpito, era obvio para nuestra congregación el hecho de que ahora me encontraba en una relación con una persona del mismo sexo. Hubo curiosidad y sorpresa, pero la congregación a la cual le había servido durante 13 años continuó aceptándome, fuera heterosexual o gay, casada o soltera. Era aceptada por quien yo era.

Tres años después, recibí el mensaje muy claro de que mi obra con esta congregación ya se había completado. Fue difícil decir adiós, especialmente a las personas que me habían apoyado de manera incondicional durante tantos cambios de vida. Me mudé a una nueva ciudad, a un nuevo hogar, a una nueva vida.

Comprometida para casarme con una mujer maravillosa, meditaba y leía mientras buscaba una nueva comunidad espiritual. Un día, vi el anuncio de que buscaban un ministro en la iglesia Unity de la localidad. El anuncio parecía una solicitud hecha a la medida. Buscaban a una persona con mis destrezas particulares.

Me sentí impulsada a solicitar el empleo, y luego pasé por el proceso de entrevista. ¿Debía o no decirlo? ¿Cómo revelaba mi orientación sexual ante personas que no me conocían? ¿Acaso todas las comunidades de Unity eran afirmativas o acaso mi congregación anterior era la excepción?

En nuestra primera reunión en persona compartí que planificaba casarme con una mujer. Nadie pestañeó. Resultó ser que su ministro anterior era gay. Asumí el papel de su líder y toda la congregación celebró mi matrimonio con mi esposa.

Eso fue hace tres años. El hecho de que tengo una esposa es eso, solo un hecho, tan simple como lo es que mi nombre es Sharon, mido cinco pies y tengo dos hijos.

Unity ha sido un refugio seguro para mí en mis momentos de crecimiento, durante mis grandes cambios, éxitos y fracasos.

Mi compromiso ahora es ministrar de manera que cualquier persona que llegue a mi iglesia encuentre el mismo refugio seguro y aceptación que yo experimenté.


La reverenda Sharon Ketchum (ella, la) es la ministra de Unity Spiritual Center de Lansing, Michigan.