El trabajo y el síndrome del éxito: Parte II

Eric Butterworth

La conciencia obra de manera inexorable. Tal vez digas: "Pero mi empleo no es imaginativo; no hay futuro en él". No hay empleo con un futuro en él; el futuro está en la persona que hace el trabajo. Cuando haces tu trabajo imaginativamente, el empleo se vuelve más significante e interesante, y lo harás más eficazmente. Puedes cambiar tu empleo, cualquier empleo, si cambias tus actitudes sobre él. Tal vez quieras buscar en otro lugar para encontrar un empleo mejor, mas eso puede ser un escape, la esperanza eterna de encontrar la olla de oro al final del arcoiris. Desde luego, podría haber un mejor empleo para ti en otro sitio, mas el lugar para empezar a hacer el cambio es ahí mismo donde estás. "Ponte de acuerdo pronto con tu adversario" (Mt. 5:25) quiere decir ponerte de acuerdo con tus sentimientos adversos.

Cuando te disciplinas para ganar tus alas todos los días, sucederá una de dos cosas: (1) tu conciencia manifestará un cambio de empleo, que es lo correcto para ti y para la compañía, o (2) otro empleo aparecerá para ti donde un traslado se efectuará de un modo beneficioso para todos aquellos a quienes concierne. La teoría holística de Ralph Waldo Emerson es alentadora: "No importa qué trabajo hagas, que sea el tuyo. No importa cuál sea tu ocupación, que lo que hagas sea orgánico. Que salga de tu ser. De este modo abrirás la puerta por la cual la afluencia del cielo y de la tierra correrá hacia ti".

Lo antedicho es un bello discernimiento que trata sobre la prosperidad como un fluir divino desde nuestro interior. Cuando trabajas con la conciencia correcta, cuando tu trabajo se vuelve orgánicamente parte de todo tu ser, y cuando haces tu trabajo con ese compromiso, no importa lo que haga otra gente, no importa cuál sea la compensación, haciéndolo por la salud de tu alma, entonces abres la puerta por la cual la afluencia del Universo fluye en tu vida. Esta es una bella comprensión, pero con qué rapidez la olvidas, y vas a la oficina, lees el periódico de la mañana mientras tomas una taza de café y luego te engolfas en un trabajo sin sentido, que ofrece un poco más que varios niveles de hastío a través del día. y si ésta es la actitud, como la noche sigue al día, habrá en tu vida un problema de estrechez financiera. Hará poco bien ir desesperadamente a un maestro, o maestra, de la Verdad y pedirle que ore por tu prosperidad. Dios no puede hacer más por ti que lo que Dios puede hacer a través de ti.

Como dicen los cuáqueros: "Cuando ores, ponte en acción". Es decir, pon en movimiento la guía que recibes de Dios. Empieza haciendo lo que haces en la conciencia de que trabajas con Dios para la liberación de tu "esplendor aprisionado y, cuando ganes tus alas por tu conciencia, "la afluencia del cielo y de la tierra correrá hacia ti".

En su obra clásica El Profeta, Kahlil Gibran dice: Cuando trabajas realizas una parte del sueño más lejano de la tierra, designado para ti cuando ese sueño nació, y al estar en armonía con tu labor estás, en verdad, amando la vida, y amar la vida por medio de tu trabajo es intimarte con el secreto más profundo de la vida.

El secreto más profundo de la vida es la norma divina en la que puedes saber real y únicamente cuando te das y sirves a otros. Puedes trabajar por dinero y prestigio y escalar el pináculo del éxito, y aun no conocerte. Por lo tanto, buscas otros medios de escape tales como el alcohol y varias clases de adicción. Todo esto se debe a que tu trabajo no te satisface. y la razón por la cual no te satisface es porque tú no estás satisfecho contigo mismo, no te sientes realizado.

Sin embargo, cuando te intimas con el secreto de la vida, tu trabajo se vuelve tu llamada. La palabra vocación viene del latín y quiere decir "yo llamo". Comienza a pensar en tu trabajo como un llamamiento. El proceso creativo llama, canta su canción en ti y tú la cantas como sólo tú la cantarías. No obstante, no es tu canción, sino la voluntad de Dios, El que te envió. Por tanto, el trabajo se vuelve fácil y satisfactorio, y te vuelves próspero y exitoso en él. No hay presión, porque "la afluencia del cielo y dela tierra corre hacia ti".

Es importante comprender que es posible para toda persona triunfar en el trabajo. Elbert Hubbard lo dice enfáticamente: "El éxito es la cosa más natural en el mundo. La persona que no triunfa obra de modo contrario a las leyes del Universo". En otras palabras, la única persona que puede evitar que triunfes eres tú, al bloquear tu fluir creativo. No eres una criatura impotente abandonada en los mares de la vida, tratando desesperadamente de tener éxito contra fuerzas imposibles. La intención creativa está envuelta vitalmente en ti. Por tanto, el deseo de abrirte camino, el impulso de triunfar, es tu conciencia intuitiva de algo en ti que quiere triunfar.

Hay otro aspecto en este implacable empuje de triunfar. Lo llamaremos el síndrome del éxito, un factor que es al mismo tiempo la llave del éxito y la causa de mucho fracaso. El impulso de triunfar es básico en el sueño norteamericano. En Estados Unidos cualquier persona puede ocupar el rango más alto, por tanto, la mayor parte de la gente quiere ocuparlo, o se siente culpable porque ella cree que debe ocuparlo. Tal vez se le pregunte a la persona que ocupa el mismo puesto por años: "¿Está usted todavía en ese puesto?" Esto implica: ¿Porqué no ha progresado?

En realidad, ella está feliz y satisfecha en lo que para ella es un trabajo perfectamente alentador. La progresión no se mide únicamente por el título en la puerta de la oficina. Más importante es lo que la gente ha hecho consigo misma. Cuando se mira a la gente a través del síndrome del éxito, ella debe estar descontenta con su trabajo. Esta presión influye en mucha gente, por tanto, ella no puede poner todo el esfuerzo en su trabajo, y siente que debe subir, prosperar, triunfar. En vez de ganar sus alas todos los días, anhela aeroplanos con mayores alas. Es un impulso básico en la humanidad, pero desafortunadamente, en vez de verlo como un deseo cósmico de ser más, lo interpreta normalmente como el deseo de tener más.

Bajo el síndrome del éxito, somos condicionados a creer que debemos siempre abrirnos camino y no puede haber descanso hasta llegar a la cumbre. y debido a que la pirámide se pone más angosta a medida que subimos, sencillamente no cabemos todos en los rangos más elevados de los negocios. Por tanto, muchas personas abrigan secretamente un sentido de fracaso. Ellas pueden tener muy buenos empleos con abundantes ingresos y vivir en hogares magníficos, y aun así un director o un vicepresidente no ha alcanzado la posición de máximo poder o prestigio. Por tanto, puede haber un sentido interno de frustración.

Es interesante observar cómo somos condicionados a adquirir ese sentido en nuestros años formativos. Los padres ejercen una gran presión sobre los niños que van a la escuela para que saquen buenas notas. Se les hace claro que tener una "A” o "B" es más importante que el aprendizaje en sí. Una nota de "C", que se supone ser satisfactoria, se considera, en efecto, un fracaso o una vergüenza.

Así a los niños que tal vez necesiten obtener de la instrucción más que contestaciones correctas y cuya curiosidad les lleva a hacer preguntas avergonzantes, se les rebajan las notas. Ellos no encajan en un sistema que  forma parte integral del síndrome del éxito. Por tanto, tendemos a estigmatizarlos con una autoimagen de fracaso que permanecerá en ellos el resto de sus vidas.

La gente que ha sido condicionada bajo el síndrome del éxito tiende siempre a considerar el éxito en términos de notas, salarios, una placa con el nombre de la persona en la puerta de su oficina, títulos -tener éxito es todo lo que importa. Un síntoma común de este condicionamiento son las personas que siempre están pendientes de mejores empleos y los examinan mientras se dedican supuestamente a los suyos. Van de un empleo a otro en la tentativa de llegar a la cumbre. Sin embargo, aun cuando llegan a los altos niveles de un negocio, pueden haber sobre enfatizado tanto el objetivo de tener éxito que su crecimiento interno, el fluir orgánico, tal vez no haya sido cultivado. En otras palabras, triunfan en llegar a la cumbre, pero no están convencidas realmente de su derecho de estar allí. y cuando ponemos un valor tan alto en el asunto de tener éxito (y el alto nivel de vida que define la esfera del "éxito"), no es de extrañarse que tantas personas se vuelvan casi paranoides en el deseo de protegerlo. El nivel de vida se vuelve más importante que cualquier nivel para la vida, y la meta de llegar a la cumbre y de permanecer allí puede justificar cualesquiera medios necesarios a costa de lo ético, lo moral, o aun lo legal.

En años recientes el empuje hacia el éxito ha dado ocasión a cursos para motivar el éxito y cursos de psicología de la autoimagen, y muchos otros más, que ofrecen técnicas para asegurar el éxito y llegar a la cumbre. Todos ellos contienen algunos discernimientos útiles, pero cuando tratan con el restringido enfoque de tener éxito a cualquier costo, pueden ser un autoengaño peligroso. Michael Korda, en su libro: ¡Éxito!, dice que un alto nivel de comportamiento maquiavélico es ingrediente necesario para el éxito. En otras palabras, debes ser insincero si quieres triunfar. Robert Ringer ofrece casi el mismo mensaje en sus libros con gran éxito de venta, Sea el número uno y Prepárese para triunfar. Los libros de esa clase han encontrado un mercado ávido entre la perdida gente del mundo materialista que es empujada despiadadamente por el síndrome del éxito.

El éxito no es llegar a la cumbre; es merecer el derecho de estar allí por conciencia. Dos personas pueden llegar a posiciones de mucho éxito en la cumbre de su especialidad. Una de ellas ha trabajado hasta más no poder para llegar a la cumbre y continúa temerosamente asida a esa posición porque él o ella no está seguro de pertenecer allí. La otra está allí porque él o ella ha ganado sus alas todos los días. Por las apariencias, no puedes distinguir realmente la diferencia.

Quizás necesitemos un nuevo modelo del éxito, donde la "buena vida" se refiere mayormente a "valores" que a "objetos de valor". Haríamos bien en reconsiderar la clase de idealismo expresado sobre una tumba en Boston Commons: "Aquí yace el cuerpo de Andrew Murray quien remendó zapatos para la gloria de Dios por 40 años". Esto no es abogar porque se abandone la clase de empuje que ha hecho sobresalir a Estados Unidos como una nación de personas que realizan su potencialidad y se esfuerzan por la afluencia. Con esto simplemente sugiero que debemos considerar recobrar el énfasis pionero en el valor esencial de la persona. ¿Han triunfado verdaderamente nuestras vidas a menos que hayamos ampliado nuestras conciencias mientras triunfamos? ¿Es el éxito
simplemente un grado corporativo, o debemos considerarlo a base del crecimiento que tiene lugar en la persona?

Puede que ésta no sea una norma aceptable para el mundo mercantil, mas si deseas prosperar sinceramente por medio de la economía espiritual, entonces debes aceptar esta norma. Desde luego, puedes triunfar en tu trabajo, puedes llegar a la cumbre y llegar a ser el mejor o la mejor, sin límites. Sólo ten la seguridad de que el éxito proviene de la amplitud de tu crecimiento interno y no a expensas de él. Solamente tú puedes saberlo, pero sin lugar a dudas, ¡tú lo sabes! Recuerda, la conciencia es la llave. Haz un nuevo compromiso de pensar en tu trabajo no como un lugar para ganarte la vida, sino como una oportunidad para edificar tu vida. Piensa que eres un medio por el cual las actividades creativas fluyen, y no hay limite. Tu mente es una con la misma mente de los genios, los que tienen éxito y los ricos. Las maravillosas ideas y energías ilimitadas fluyen fácilmente a través de ti, y eres indispensable y apreciado en tu trabajo. Estás libre de tensión o estrés, porque sabes que eres una entrada y puedes llegar a ser una salida de todo lo que está en Dios. No estás solo o sola. Todo el Universo está de tu parte, guiando tus manos y dirigiendo tus pasos en el camino que tomas. Una afirmación que te ayudará es: Soy una empresa de Dios viviente, y Dios no puede fracasar. En Dios no puede haber fracaso. Toda apariencia de fracaso está en la conciencia, una frustración del potencial creativo.

No importa cuál sea el empleo o la profesión que hayas elegido, te corresponde expresar y liberar tu esplendor aprisionado. La Mente Infinita regulará siempre tus asuntos para que tengas un empleo adecuado en el cual "cantas tu canción" o expresas tu potencialidad. Si el empleo se vuelve inadecuado, si te mantienes en armonía con el fluir creativo, o el empleo cambiará o serás trasladado a otro empleo. Nada puede impedir el fluir de afluencia y éxito a la persona que mantiene su ser armonizado.