El secreto de la sencillez

El secreto de la sencillez
Daniel B. Rebant

¿Cuál es el secreto para simplificar tu vida? Simplemente éste: Pon a Dios primero en todas las cosas, todo el tiempo. Cuando Dios sea tu mayor deseo y Su voluntad tu primera prioridad, todo está en su sitio. No hay estrés ni desorden.

Dios primero

Esto es lo que el Maestro quiso decir cuando dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33). Esfuérzate por el reino interno de Dios donde la fe, la esperanza y el amor prevalecen y las cosas externas por las cuales tendemos a preocuparnos, nuestras inquietudes físicas y materiales serán resueltas a medida que surjan —de la misma manera en que Dios provee por las aves del cielo y los lirios del campo.

Sin embargo, para que este secreto sencillo funcione plenamente en nuestras vidas, debemos poner a Dios primero en todas las cosas, todo el tiempo. No solamente cuando tenemos una gran necesidad de algo o durante oportunidades ya reservadas para Dios, tales como los servicios dominicales o la oración antes de las comidas —sino durante todo el día, cada día.

Practica la Presencia

Ésta es la esencia de “practicar la presencia de Dios”, una disciplina espiritual que tuvo su origen con el Hermano Lorenzo, un humilde monje Carmelita del siglo 17 en Francia.

Durante sus 40 años en un monasterio, sirviendo más que todo como cocinero, el Hermano Lorenzo descubrió cómo poner a Dios primero en todo —no solamente durante los rituales monásticos y las oraciones, sino también en la cocina, en sus conversaciones con otros, en sus escritos y en todo otro aspecto de su vida. El resultado fue una vida sencilla de gran gozo y satisfacción… con Dios como su centro.

A continuación los tres pasos básicos para practicar la presencia como lo hizo el Hermano Lorenzo:

  1. Recuerda que Dios está siempre presente y disponible para prodigarnos amor. “Dios tiene un tesoro infinito que asignar”, escribió el Hermano Lorenzo. “Cuando Él encuentra un alma llena de una fe viva, Él vierte abundantemente en ella Sus gracias y favores; allí fluyen como un torrente”.
  2. Conversa con Dios tan continuamente e íntimamente como te sea posible, más que todo en alabanza y agradecimiento callados por el amor de Dios. El Hermano Lorenzo se refería a esta actividad sagrada como una “conversación habitual y secreta del alma con Dios”. Esto le proporcionó al monje tal gozo que a veces sentía la necesidad de restringir sus sentimientos dentro de las paredes sagradas del monasterio.
  3. Entrega tus errores a Dios tan pronto como tomas conciencia de ellos, luego haz la resolución de mejorar. El Hermano Lorenzo nunca perdió tiempo ni energía sintiéndose mal ni castigándose por sus “pecados”. Él confiaba absolutamente en el perdón y la gracia de Dios para ayudarlo a mejorar. Y lo logró.

Lo que el Hermano Lorenzo hizo, nosotros también lo podemos hacer: Simplificar nuestras vidas con Dios. “Los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien” (S. 34:10) dice el Salmista. Cada vez que nuestra atención esté enfocada en Dios —no en el problema ante nosotros— nuestras prioridades se aclaran más, recibimos las respuestas que buscamos y las dificultades se disipan. Cuando ponemos a Dios primero, cuando practicamos la presencia, nada bueno nos falta.

La llave de oro

Ésta es otra práctica sencilla que ha ayudado a miles de personas a resolver dificultades y encontrar armonía y felicidad en sus vidas. Llamada “La llave de oro”, esta técnica espiritual fue presentada por Emmet Fox en un folleto de Unity de 1944.

La llave de oro es la sencillez misma. Todo lo que se te pide es esto: “Deja de pensar en la dificultad, cualquiera que sea, y en su lugar, piensa en Dios”. Con nuestros pensamientos en Dios, los problemas se resuelven y las respuestas surgen —casi de manera mágica.

Para quienes les es difícil dejar ir un problema, Emmet Fox sugirió el uso repetido de afirmaciones —frases de Verdad absoluta— para ayudar a eliminar la resistencia al entregársela a Dios. A continuación dos de las afirmaciones más sencillas:

Dios me guía ahora.

Dios está conmigo.


Simplificar tu vida con Dios en sencillo —engañosamente sencillo, especialmente cuando estamos tan acostumbrados a una vida complicada, a resolver las cosas por nosotros mismos y a forzar nuestras soluciones miopes. La verdadera llave de oro aquí es dejar que Dios resuelva, que haga el trabajo mientras cooperamos a medida que recibimos instrucciones por medio de la oración. Como dice la frase conocida: “Deja ir y deja a Dios actuar”.

Afirmación:
Me deleito en la sencillez y la plenitud del amor de Dios y enfrento cada día con serenidad y confianza.

Así que ahora mismo —antes de que tu vida se complique demasiado de nuevo— comprométete a practicar la presencia de Dios todo el tiempo. Pon a Dios primero en todo: en tus pensamientos, en tu trabajo, en tus relaciones personales. Dios siempre se queda contigo, así que haz lo mejor que puedas para quedarte con Dios.

Y cuando los retos surjan, como seguramente lo harán, estarás listo para las soluciones divinas con tu llave de oro. Simplemente. Con Dios.