El reto de recibir

por Bárbara Laporte

 

Una Navidad, cuando mi hija tenía 6 años, recibió un regalo que la emocionó tanto que gritó de gozo cuando lo abrió. Lo extraordinario de esto no es que el regalo fuera fantástico, sino que lo recibió de manera tan abierta y gozosa.

¿Cómo recibes? ¿Puedes aceptar los regalos que te dan y el amor que viene con ellos o tienes dificultad para recibir? Quizás te preocupe que el regalo haya costado demasiado o que de alguna manera no lo merezcas. ¿Piensas: “ay, Dios, me dieron más de lo que les di,” o quizás hasta “di más de lo que me dieron?”

Puede que un poco de esta resistencia a aceptar regalos provenga de mensajes que oímos cuando estábamos creciendo. Pero como Catherine Ponder nos recuerda en su libro Open Your Mindo to Prosperity: “Dios es la fuente de tu provisión” y “la prosperidad tiene una base espiritual”. Cada uno de nosotros es una creación de Dios, viviendo en un universo abundante. Como tales, el universo trabaja constantemente para satisfacer nuestras necesidades. Sin embargo, debemos estar dispuestos a aceptar la prosperidad que viene a nuestras vidas. Y la prosperidad ciertamente incluye los regalos de Navidad —y otros regalos que el universo provee: buena salud, relaciones personales maravillosas, una carrera profesional satisfactoria, paz mental, lo que elijas. Pero de nuevo, debemos estar dispuestos a aceptar estos regalos en nuestras vidas si esperamos continuar recibiendo.

Imagina que hay una persona en particular a quien deseas dar un regalo muy especial. Has estado ahorrando para comprar el objeto. Pasa horas buscando el regalo correcto. Haces que te lo envuelvan hermosamente y finalmente, cuando llega el momento, le das el regalo a tu amigo o amiga.

¿Cómo te sentirías si en ese momento tu amigo o amiga te dijera: “No puedo aceptarlo?” Pienso que pasaría largo tiempo antes de que te sintieras inclinado a dar otro regalo a esa persona. Lo mismo sucede con el universo. Cuando desdeñamos los regalos disponibles para nosotros —no importa la razón— el mensaje que enviamos al universo es, no deseo este regalo. Y quizás pase algún tiempo antes de que tengas la oportunidad de recibir ese regalo de nuevo.

Si no estás dispuesto a aceptar los regalos navideños más sencillos de parte de familiares y amigos o los más increíbles de parte del universo, es imposible que estés preparado para aceptar el regalo más importante de todos — ¡el regalo del el espíritu crístico naciendo en tu corazón!

Un villancico dice “Que todo corazón le haga espacio”. Ésta es otra manera de decir abre tu corazón para que el espíritu crístico nazca en ti. ¿Cómo podemos hacerle espacio y estar más dispuestos a recibir?

Primero, deja ir cualquier pensamiento de falta de valía al que puedas estar aferrado. Estos pensamientos pueden tomar formas extrañas, tales como ira, temor, resentimiento, celos —cualquier pensamiento que tengas acerca de los demás o de ti mismo que no sea un pensamiento amoroso. Uno de los ejercicios más sencillos que conozco para dejar ir este tipo de pensamientos es sencillamente decir: Libero todo lo que no sea amor.

El próximo paso en tu viaje para estar más dispuesto a recibir es amarte a ti mismo incondicionalmente. Eso significa que no dices: “Me amaré a mí mismo cuando baje 20 libras o cuando me gane la lotería, o cuando me den el ascenso en el trabajo, o después de esto o aquello”. Significa inmediatamente, ¡ámate a ti mismo exactamente cómo eres! Mírate al espejo —mírate verdaderamente a los ojos, di tu nombre en voz alta, luego di: “te amo”. Haz las cosas conscientemente —a medida que te rasuras o te lavas la cara, trátate con ternura y amor —como si acariciaras a un recién nacido. Al tratarte con respeto, desarrollarás realmente un nuevo nivel de respeto por ti mismo. El universo tiene una manera interesante de guiarte cuando comienzas a enfocar tu atención en la manera cómo amarte. A menudo, éste es el momento cuando todos los recordatorios acerca de aspectos tuyos no tan agradables parecen salir a la superficie. Por ejemplo, tienes conflictos con personas con quienes generalmente no tienes problemas, te desilusionas a ti mismo de alguna manera, o algo que parece indicar que no eres realmente digno de amor aparece. Estos acontecimientos externos no son la verdad acerca de ti. Más bien, son simplemente mensajes de Dios para que sanes esos aspectos acerca de ti mismo que no encuentras aceptables ¡no son la validación del por qué no debes amarte a ti mismo! ¡En realidad, hasta puedes pensar que estos mensajes son más regalos para recibir!

Tercero, practica el recibir. Haz esto al darte algo que deseas o necesitas —quizás simplemente 10 minutos de quietud cada día. Éste es un regalo especialmente valioso para quienes se sienten abrumados con los preparativos de Navidad. La clave es pensar en ello como un regalo para ti y darte permiso de disfrutarlo verdaderamente lo que quiera que sea —quizás darte un baño de espuma, un masaje, comprar un nuevo libro que has querido leer. Regálate algo, sin obligaciones, y di a ti mismo: “Gracias. Te amo.”

Por último, espera lo mejor. Si estás liberando todo lo que no es como el amor y te amas incondicionalmente, tiene sentido que esperes lo mejor —para ti y los demás. Por eso no te sorprende ni eres mal agradecido cuando recibes lo mejor que el universo tiene para ofrecer: salud perfecta, relaciones personales amorosas, el trabajo que siempre deseaste, paz mental, lo que sea. Y al esperar lo mejor, expresas lo mejor. Permites que tu luz interna resplandezca, y todos aquellos con quienes estás en contacto están conscientes de tu habilidad de representar verdaderamente todo lo que el Cristo Niño ha venido a darnos.

Y en este proceso, has “hecho espacio”. Has abierto tu corazón al amor divino que espera nacer en tu alma, el espíritu crístico que renace en cada uno de nosotros, no solamente en Navidad, sino cuandoquiera que estamos dispuestos a recibir.

En esta Navidad, está dispuesto a recibir.

Deja ir cualquier pensamiento que no sea amor.

Ámate incondicionalmente.

Practica el recibir.

Espera lo mejor,

Sí, recibe los regalos de parte de tus familiares y amigos. Más que eso, en esta Navidad está dispuesto a recibir el nacimiento del amor divino —el espíritu crístico— en tu corazón.

Realmente, cuando cada uno de nosotros haya aprendido a hacer esto, habrá paz en la Tierra y buena voluntad para todos.