El reino de Jesucristo

por Charles Fillmore


Un reino es un gobierno con evidencia de poder entre sus súbditos. Su autoridad es ejercida en el país en el cual está establecido. Regula los asuntos públicos de la gente bajo su dominio, para conformarlos a sus ideales más elevados de igualdad, prosperidad y el bienestar general de sus súbditos.

Ésta era la idea de Jesucristo de un reino. Su reino no era de este mundo de pecado, enfermedad, pobreza, injusticia y muerte, sino un reino en el cual la justicia, la salud, la vida, la paz y la prosperidad son naturales para toda su gente. Él propuso establecer tal reino entre los seres humanos por medio de la evidencia de Su poder. De aquí las instrucciones impartidas a Sus discípulos, a quienes envió como Sus agentes a inaugurar el nuevo orden de las cosas.

Semejanza al reino       
Si el reino al cual Jesús se refería a menudo hubiera sido una ciudad en los cielos, con calles de oro, Él la hubiera localizado fácilmente. Pero no lo hizo. Por el contrario, una y otra vez dio ilustraciones para mostrar a Sus oyentes que el reino era una condición deseable, la cual sería manifestada entre ellos por el poder del Espíritu. Él no dijo que podía lograrse rápidamente. Por ejemplo, Él dijo: “¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas”.

“Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura que una mujer tomó y mezcló con tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado”.

Es un gran misterio cómo estas comparaciones del cielo pudieron ser interpretadas como una referencia de alguna manera a un lugar en los cielos. ¿Qué relación tiene una ciudad con calles de oro con una semilla de mostaza sembrada en la tierra y creciendo hasta convertirse en un árbol, o un poco de levadura fermentando una hogaza de pan?

Si Jesús tenía en mente un lugar donde el bien iba después de la muerte, utilizó una cantidad extraña de comparaciones. Él nunca pretendió transmitir tal mensaje.

La idea de Jesús del reino de los cielos es una condición para ser traída a los asuntos de los seres humanos aquí en la Tierra. Es crecer partiendo de pequeños comienzos, como la semilla de mostaza o el pan. Sus discípulos fueron enviados para sembrar la semilla de manera definitiva, llevando a los seres humanos las señales que evidenciaban el poder del Espíritu, por medio del cual el reino de los cielos será establecido, aquí en este planeta. No hay base para ninguna otra perspectiva.

Cielo simbólico              
Todas las teorías acerca de un lugar llamado “cielo” están basadas en la descripción simbólica de Juan de la Nueva Jerusalén, la cual fue representada, en la imaginación, como el cumplimiento en la Tierra del movimiento mismo que Jesús inauguró y el cual dijo que había tenido pequeños comienzos.

Esta ciudad, la cual Juan vio, está en los seres humanos. “El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron”. Todo esto describe lo que debe suceder aquí en nosotros. No se hace referencia a que esté en los ángeles, ni que haya sido establecida en el tiempo cuando Juan tuvo la visión. Es para ser llevado a cabo en las condiciones nuevas en la Tierra. Si el reino del que Jesús habló es en los cielos, ¿por qué enseñó a Sus discípulos a orar:  

“Venga tu reino. 
Hágase tu voluntad,  
como en el cielo, así también en la tierra.”?

Ahora que los seres humanos están descubriendo los recursos ocultos de la naturaleza, en la Tierra y en el aire, se han comenzado a dar cuenta de las posibilidades de logro y ven que la empresa humana hará de la Tierra un paraíso.   Nadie debe engañarse con la suposición vaga de que hay un lugar en los cielos, o en un planeta lejano, llamado “cielo”. No existe ni la sombra de base, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento para tal doctrina. Por el contrario, la enseñanza es clara en que todo el cielo que el ser humano encontrará estará aquí. Está aquí ahora y será revelado a los que rasguen el velo de los sentidos.

Se ha acercado             
La enseñanza “el reino de los cielos se ha acercado”, no es por sí misma indicio de la entrada rápida a un nuevo orden de cosas. Afirma el hecho de la conciencia subjetiva en el ser humano. Ninguna otra cosa está tan cerca del ser humano como Dios y el reino de los cielos. Ellos existen eternamente en las profundidades de la conciencia no revelada del ser humano. Éste las tiene en las cavidades recónditas de su mente, exactamente como tiene la circulación de la sangre en las venas escondidas de su cuerpo. El ser humano no está consciente de la sangre hasta que la busca; y no está consciente de Dios y de su naturaleza espiritual antes de entrar en las profundidades de su alma. Lo subjetivo o conciencia interna debe hacerse objetiva o externa. A la pregunta de Sus discípulos de cuándo vendría el reino de los cielos, Jesús respondió: “Cuando lo externo se convierta en lo interno”.   Este pasaje debería dejar sentado para siempre el sitio donde está el cielo. Está en lo interno y vendrá a la conciencia de la humanidad cuando sea manifestado a lo externo, cuando lo externo se ajuste a las condiciones de lo interno. En lo interno lo que Jesús hizo vibrar en las mentes de Sus discípulos cuando los envió a hacer obras poderosas. Jesús estaba familiarizado con el reino interno y moraba en él la mayoría del tiempo. Este plano existe hoy en día y puede ser descubierto por quienquiera que lo busque.

Proclamar           
Si el reino de los cielos existe aquí en nosotros y simplemente necesita ser revelado a nuestros ojos velados, todo lo que tenemos que hacer es proclamar la presencia del reino mediante la fe y las obras. La manera por la cual todo se hace visible seguirá. No es sólo una pregunta de percepción. El reino debe ser manifestado. Toda manifestación surge por medio de la acción. No puedes ejercitar tu derecho a ser sin manifestar algunas de las potencialidades del Ser. Debes utilizar tu talento. El talento que el ser humano posee, que sobrepasa todo lo demás, es el talento del pensamiento. Pensar es hacer manifiesto el mundo de las formas. Cada vez que tienes un pensamiento formas un cuerpo para él, y los cuerpos son cosas. La creencia en la materia y la limitación forma un cuerpo de materia y limitación. Si deseas un cuerpo de libertad y luz, ten pensamientos basados en libertad y luz. El ser humano nunca se eleva más en expresión que su pensamiento. Su pensamiento nunca se eleva más allá de la idea que lo respalda. Si deseas elevarte en la escala del ser, cuida tus ideas. De ellas fluye tu medio ambiente. Tu medio ambiente son las paredes de tu prisión cuando estás encadenado a las limitaciones de los sentidos.

Dinámica            
En el mundo de las ideas, el metafísico ha descubierto que existe un plano que tiene potencialidades y cuyas profundidades no se han demarcado. Este plano es para él el gran centro de almacenamiento de sabiduría y vida y encuentra que su centro de conciencia es así. Él es esencialmente uno con él. Su facultad del pensamiento representa el aparato mecánico por medio del cual su Todo Principio es manifestado. Su palabra pone en movimiento la maquinaria y los resultados surgen en el plano de las ideas de manera paralela con los del plano de la dinámica El reino es una condición interna primeramente, ultimadamente y siempre. La apertura externa para las facultades más finas del ser humano resulta en una apariencia directamente proporcional. Esta apariencia no debe ser la norma de la existencia del reino de los cielos. Que sea considerada como tal es el error del ser humano de los sentidos. Éste está obstaculizado con las cosas materiales y su clamor siempre es: “Hazme feliz en mis posesiones y estaré satisfecho”. Pero ésta no es la actitud del ser humano espiritual. Sus posesiones son del alma. Sus placeres son de la mente y del corazón. Quienquiera que los tenga por lo menos ha comenzado el reino.

Un propósito mayor               
El ser humano sabio no centra su atención en los efectos. Para él, estos son como la ceniza. El fuego del Espíritu original siempre es nuevo y fresco. No se identifica con las cenizas y, consecuentemente, no es parte del final de la existencia. La ceniza se disipa y vuela a los cuatro vientos, pero el fuego arde continuamente. Estás aquí con un propósito. Ese propósito nunca es cumplido mientras estés mareado por las exigencias de los sentidos; ni cumples con la ley de tu ser al dar vueltas día tras día alrededor de tu existencia humana. Has sido forjado en un molde mayor que éste. Dios no te creó para que fueras polvo y cenizas por siempre, para que te echaran a los cuatro vientos.  ¡Despierta! Durmiente en la mente humana. Sobreponte de los ideales bajos a los correctos. Sobreponte, porque el reino de los cielos se acerca. ¡Eres un rey! ¡Muévete; el Cristo de Dios nace en ti y la hora de tu reino está verdaderamente cerca!

Alma avanzada             
Jesús fue un alma muy avanzada y Su cuerpo radiante fue desarrollado a un grado mayor que el de cualquier otro en nuestra raza, pero todos tenemos este cuerpo y su desarrollo es directamente proporcional a nuestra cultura espiritual. En Jesús este cuerpo de luz resplandecía “cuando oraba”. El cuerpo de Jesús no se corrompió, sino que Él, por la intensidad de Su devoción espiritual, restauró cada célula de su estado innato de luz y poder atómicos. Jesús vive hoy en día en Su cuerpo de electricidad glorificada en un reino que interpenetra la Tierra y su medio ambiente —el reino de los cielos. Los grandes maestros y líderes de la raza han desarrollado y expresado realmente una superconciencia que es potencial en todas las personas. Cuando el mundo natural sea revelado científica y universalmente, una gran escuela de instrucción en el desarrollo del alma será establecida aquí mismo en medio de nosotros, y sus resultados irán más allá de lo que podemos imaginar. Los misterios de la supermente siempre han sido considerados como propiedad de los místicos que no compartieron sus verdades con las masas por temor a que en su ignorancia no las utilizaran bien. Ahora las puertas están abiertas y quien lo desee puede entrar.

Nueva dimensión          
El reino de los cielos, la nueva dimensión de mente y energía, está siendo desarrollado hoy en la sustancia espiritual. Es un estado ideal en la mente creativa, listo para ser llevado a la mente de los seres humanos. Su fuente no está en las cosas externas. Proviene de fuentes en el interior del ser humano. Así que debemos desarrollar la comprensión y el poder espirituales. El ser humano es la imagen de la Mente infinita y creativa y toda la capacidad de esa gran Mente es suya por herencia.